
El poder narco en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores se encuentra licuado. Algunos detectives que caminan el barrio hablan de una realidad anárquica marcada por nuevos crímenes. El último ocurrió el sábado 23 de abril, en una emboscada a pocos metros de un puesto de la Gendarmería dentro del barrio, cuando mataron a Jhon Henry Sosa Farfán, alias “Chayanne”, un histórico dealer condenado por su participación en la organización criminal liderada por “Marcos” Estrada González, el mayor narco de la historia porteña y el histórico gran señor de la villa, condenado a fines de 2020 a 24 años de prisión.
“Marcos”, sospecha la Justicia federal, todavía manda el lugar, en un triunvirato junto a su hermano “Piti” y “Dumbo” Martínez Maylli, un viejo tercera línea de su banda convertido en jefe, hoy prófugo por haberse convertido en el número 1 de la droga de Villa Lugano con una mafia de adolescentes.
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Es decir, ya no hay un solo gran señor en el Bajo Flores. De los tres del triunvirato, ninguno está en el territorio. “Piti” estaría en Perú. “Marcos” está preso. “Dumbo” esquiva a la ley hace un año. Y los subalternos lo saben. Así, llega la anarquía.

Para los detectives que caminan el territorio, el crimen de “Chayanne” tiene una lógica por detrás que explica el momento actual: “Los jefes no están, no bajan al territorio, parece que existiera un vacío de poder porque los capos se manejan desde las sombras”, repiten.
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Así, la nueva situación genera que los integrantes de las segundas líneas de mando sientan el derecho de hacerse del territorio para ganar el dinero que sus líderes supieron hacer alguna vez. La ilusión de convertirse en capos rige y las ganancias mandan. Ahora, todo es incertidumbre y se resuelve a fuerza de plomo. Hay un rótulo en la zona, “Los Antiguos”, hombres que vienen de Perú por orden de los capos para garantizar el negocio.
“Ya no hay una división de turnos pactada y armónica como antes. También en los últimos meses vinieron muchos de Los Antiguos desde Perú para intentar mantener el control y se pelean con personajes nuevos. Hay muchas cabezas y poca plata para repartir”, asegura una alta fuente judicial que trabaja en la zona hace años.
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Para comprender qué pasa hoy en la 1-11-14, hay que atar los hechos aislados.
El último derrotero del poder narco en el lugar comenzó en septiembre pasado con la caída de Jhony Ray Arnao Quispe, alias “Pantro”, un ex discípulo y jugador de Estrada González. Con “Pantro” cayó todo su séquito de los llamados Chalecos, la primera línea de seguridad, encargados de palpar y chequear a los compradores de droga.
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Tras su detención, los movimientos dentro del sitio se iniciaron de forma rápida. Pocos días después del arresto, viejos conocidos volvieron a tomar el poder y los investigadores comenzaron a llamarlos “Los Antiguos”. En una investigación de la PROCUNAR, el ala de la Procuración encargada de investigar delitos de narcotráfico con el fiscal Diego Iglesias, junto al fiscal federal Eduardo Taiano y bajo la firma del juez Ariel Lijo, se descubrió que “Piti” comenzó a controlar uno de los turnos de venta. El turno de “Pantro” habría quedado en manos de “Marcos” mismo. Y, en paralelo, también llegó a oídos de investigadores federales que “Dumbo” había desembarcado en la villa a pesar de estar buscado por la Justicia.
Según sospechan, entre los capos narcos existió un pacto que estaría empezando a desquebrajarse. Su falta de presencia en el territorio genera un vacío que atrae fieras en los pasillos del asentamiento.
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Así, pocos días antes del crimen de “Chaaynne”, la Policía Federal, tras la orden de la Justicia federal, realizó una redada de 26 allanamientos en el barrio, que concluyó con seis detenidos y 23 kilos de cocaína incautados. Esos operativos debilitaron a “Los Antiguos” y la historia volvió a comenzar.
“Lo que pasa ahora es que las segundas líneas no ven a sus jefes y después de los últimos allanamientos la organización quedó herida. Entonces, se arman bandas por separado que toman valor y van en busca del poder. También hay gente externa al barrio que quiere ser capo y las segundas líneas van con el mejor postor. Hoy el clima es de caos, nadie sabe para quién juega cada quien”, relató un detective a este medio.
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Bajo esa lógica se sospecha que se dio el crimen de “Chayanne” Sosa, que había sido deportado a Perú antes de aparecer muerto. Al parecer, Farfán fue a jugar un partido de fútbol y luego se reunió con amigos en el cruce de Riestra y Bonorino a tomar unas cervezas. Gente de “Los Antiguos” lo vio y pensó que podía estar haciendo inteligencia para otra de las células de la organización, supuestamente liderada por Brian César Rojas, alias “Papayita”, otro ex miembro de la banda de “Marcos”, para hacerse con el negocio. Así, se dio la orden y murió acribillado junto a otro joven identificado como Julio César Haris Pereyra.
Ahora, en el barrio se vive con la incertidumbre de que algo pueda ocurrir en cualquier momento. Mientras tanto, sus habitantes otra vez son rehenes de una guerra ajena, una que comenzó hace más de 20 años y que nunca terminó.
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