
Dos presos condenados por homicidio y parte de la familia de uno de ellos quedaron acusados de formar parte de una banda de estafadores y extorsionadores cuya base de operaciones era la cárcel de Magdalena.
La organización delictiva fue desarticulada por la Policía de la Ciudad, que detuvo a seis de sus miembros tras una investigación de cinco meses y luego de cuatro allanamientos ordenados por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°4, a cargo del juez Martín Yadarola. Los procedimientos fueron en la Unidad Carcelaria 35 del Servicio Penitenciario Bonaerense donde están alojados los dos presos por homicidio agravado y cabecillas de la banda; y en tres propiedades de San Fernando: secuestraron un arma y hallaron un depósito de bombos y banderas de la barra brava de Tigre.
“También fueron aprehendidos la madre, un hermano y una hermana de uno de los jefes, y otra mujer, integrantes externos de la banda”, explicaron fuentes de la investigación.
¿Cómo operaban? Siempre el fin era obtener dinero a través de estafas o extorsiones telefónicas. El primer paso era hacer un poco de inteligencia para encontrar y determinar la vulnerabilidad de la posible víctima. Para eso, revisaban sus perfiles de redes sociales.

“Dependiente el caso, se hacían pasar por fiscales, exigiendo dinero a cambio de no iniciar una causa; o simulaban ser mujeres e intercambiar fotos comprometedoras para luego extorsionarlos; y tras obtener los códigos de WhatsApp pedían dinero a los contactos de la víctima”, detallaron las fuentes consultadas.
La investigación, que estuvo a cargo de la División Delitos Informáticos Complejos de la Policía de la Ciudad, comenzó a fines de junio, a partir de una denuncia recibida en la Comisaría Vecinal 5A sobre “una maniobra de adulteración de WhatsApp para luego exigir dinero a los contactos del damnificado y estableciendo diferentes cuentas para las transferencias”, detallaron.
Los especialistas de cibercrimen de la fuerza porteña obtuvieron las cuentas de Mercado Pago utilizadas para la maniobra y líneas telefónicas usadas en la estafa. Así, hicieron un entrecruzamiento de información y de llamadas, con apertura de antenas y requerimientos a las empresas telefónicas. “Se determinó que los cabecillas de la organización estaban alojados en el penal de Magdalena, quienes operaban las cuentas con apoyo externo de sus familiares y cómplices”, dijeron.
Justamente, los familiares y amigos de los cabecillas eran los que se encargaban del retiro de dinero que conseguían con las extorsiones. Lo sacaban de cajeros automáticos que estaban ubicados, por lo general, en la zona Norte del Conurbano y luego les entregaban parte del botín a sus jefes durante las visitas al penal.

Pero no sólo eso hacían: “También debían adquirir las SIM, tarjetas prepagas y comprar celulares nuevos, ya que los utilizados los iban descartando para evitar que fueran rastreados”.
Con toda la información se hicieron los allanamientos. En el penal de Magdalena, los operativos los hizo la Policía de la Ciudad pero junto al personal del Servicio Penitenciario Bonaerense: “Fueron requisadas las dos celdas donde están alojados los sospechosos que cumplen condena por homicidio agravado y se hallaron cinco celulares, chips telefónicos y anotaciones”.
En el taller de carpintería del penal, donde trabaja uno de los condenados, los agentes decomisaron un cuaderno con anotaciones: ahí había fechas y montos de dinero obtenido con las maniobras ilegales.
Otro de los operativos fue en Garibaldi al 2.900, en el barrio Virreyes de San Fernando donde fueron detenidos la madre, un hermano y una hermana de uno de los presos: “Eran los encargados del apoyo externo y, entre otras tareas, de la facilitación de cuentas para los depósitos”, describieron y revelaron que les secuestraron cinco teléfonos celulares, cuatro tarjetas de crédito y débito, tres troqueles comprobantes de pago, una agenda, un pendrive y dinero en efectivo.

En Gandolfo al 2.500, a unas siete cuadras del primer objetivo allanado en San Fernando, fue detenida una mujer de quien se sospecha que era la encargada del retiro y la disposición del dinero.
Sobre la misma calle Gandolfo, pero al 2.200, se secuestró una pistola Browning calibre 9 milímetros con la numeración limada, dos celulares, una notebook y un CPU. Los oficiales no hallaron al hombre a quien buscan, sindicado como el que facilitaba a los líderes de la banda las tarjetas telefónicas para hacer las extorsiones, pero sí descubrieron que ahí se guardaban elementos de percusión, bombos y banderas de la barra brava de Tigre.
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