
Aldana todavía recuerda lo que vivió en uno de los consultorios del Hospital Evita Pueblo de Berazategui y llora. Sufre cada vez que piensa en lo que sucedió en las primeras horas del miércoles pasado cuando, según denunció en la Justicia, un cirujano ecuatoriano le dijo que la iba a revisar por un dolor abdominal y terminó abusando sexualmente de ella. Por la causa que se inició, el fiscal Alejandro Ruggeri ordenó la detención del profesional. El relato de una enfermera y el contenido de un tacho de basura fueron claves para encaminar el expediente.
Casi 48 horas después del hecho, Aldana (nombre generado para esta nota con el fin de proteger la identidad de la víctima) siente que juntó las fuerzas necesarias para contar los detalles de lo que sucedió. “Lo hago porque siento que es importante que se sepa. Antes estas cosas no se decían pero ahora sí”, dijo en diálogo con Infobae y agregó: “Desde qué pasó eso no como ni duermo, lo único que hago es llorar”.
Luego, comenzó el relato de lo que fueron esas horas previas antes del abuso: “El martes empecé con dolores abdominales muy fuertes. Nunca soy de alertar a mi familia por nada, pero llamé a mi mamá porque era de extrema urgencia. No podía caminar. Me vinieron a buscar y me llevaron a la clínica Sabatto de Berazategui. De ahí me derivan a la guardia del Evita”.
“Entré a la guardia y me acostaron en una camilla, en uno de los pasillo -continuó-. Ahí estuve toda la noche. En una camilla en un pasillo. Pedí agua y ni siquiera me dieron. Me decían que como supuestamente tenía apendicitis no me podían dar nada. Estuve toda la noche ahí hasta las 6 de la mañana. Durante la madrugada me hicieron algunos estudios. Me sacaron sangre y me hicieron un análisis de orina. Ahora que lo pienso nunca me dieron los resultados”.
Aldana detalló lo que ocurrió luego, en las primeras horas del día: “A las 6 de la mañana llega este doctor, me va a buscar a donde estaba en la camilla. Le pregunté si me podían dar agua y me dijo de nuevo que no. Yo estaba sin comer ni tomar. Muy débil. Él se presentó como cirujano y me dijo que me iba a hacer un tacto rectal. Yo todavía tenía mucho dolor en el cuerpo. Seguía con dolores”.

En su estremecedor relato, la víctima comentó cómo confió en el profesional. “Él me dice que lo acompañe y vamos caminando despacio. Yo no tenía fuerzas en las piernas. Voy con él hasta el consultorio número 3 que tiene dos puertas: una para entrar por la guardia y otra para hacerlo desde el hospital. Ahí es cuando entramos y vi que se pone los guantes. Tenía un par puestos y manipulaba un tercero. Me pareció extraño. Fue lo último que vi”, recordó.
En los minutos siguientes, el hombre continuó actuando de manera extraña y poco profesional, según recuerda Aldana: “Luego me dice que me acueste y me levante la remera. Me empieza a tocar la panza. Me hace presión. En un momento me aprieta y me dice ‘Uy ¿y esto?’. Pensé que se refería a alguna inflamación. Pero me dice ‘no no, el tatuaje’. Porque yo tengo un tatuaje en esa zona. Me dice ‘que lindo tatuaje’”.
“Después me dice que me de vuelta y que me baje el pantalón y la ropa interior. Yo le hice caso porque hasta ahí era todo normal. Le pregunto si iba a usar vaselina y me dice que va a usar una crema anestésica. Me dijo que no iba a sentir dolor”, contó la mujer.
Posteriormente, todo se agravó. “Ahí es cuando el abusador me pone la crema e introduce sus dedos. Ese era el estudio, no me parecía raro. Pero de repente siento un dolor extremo. Automáticamente me doy vuelta y lo veo con los pantalones apenas bajos: tenía una erección y un preservativo puesto. Ahí lo empujé y quise pegarle pero no tenía fuerzas por lo mal que me sentía”, denunció la víctima.
“Empecé a gritar y ni siquiera sabía qué gritar -recordó Aldana-. Afuera estaba mi mamá, que escuchó mis gritos pero como estaba la puerta trabada no pudo entrar. En ese momento él aprovechó y se fue caminando por la puerta que da a la guardia. Justo después de eso entró una enfermera que también escuchó los gritos”.
Apenas quedaron a solas las dos mujeres, la víctima le contó lo que había pasado. La enfermera le creyó y, quizás por experiencia, fue directamente al tacho de basura. Ahí encontró el envoltorio de un preservativo. Lo guardo en una bolsa cerrada. “Después empezaron a entrar enfermeros y doctores que solo miraban”, continuó Aldana.
Cuenta la víctima que su madre logró ayudarla finalmente con el llamado a las autoridades: “Mi mamá llamó al 911. A los pocos minutos cuando llegaron los efectivos se pusieron a revisar todo el consultorio y es ahí cuando encuentran adentro del tacho de basura el envoltorio del preservativo”, remarcó.
Luego, el profesional ecuatoriano fue arrestado por la Policía Bonaerense, en una causa a cargo de la UFI N°8 del fiscal Alejandro Ruggeri. El testimonio de la enfermera y lo que se encontró en un tacho de basura fueron las claves para que el profesional quede detenido y acusado de un delito que puede llevarlo a la cárcel por hasta 15 años.
“Un enfermero me llegó a decir que tenga cuidado porque la acusación que estaba diciendo era muy grande y que iba a tener que mostrar pruebas”, comenta sin poder creerlo Aldana. “Después de eso me hicieron exámenes y declaré en la Justicia”, completó la mujer.
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