
Hoy por la mañana, cerca de 40 familiares, amigos y vecinos de Roberto Sabo regresaron a la cochería Pache, ubicada en Alcalde González Barbosa al 200, para dar el último adiós al kiosquero asesinado este domingo. Pasadas las 9, los restos de Roberto serán trasladados al cementerio municipal de Morón, donde serán inhumados.
Los amigos de Nicolás y Tomás, los hijos de Sabo, también se acercaron para apoyarlos. Pedro, padre del kiosquero, visiblemente conmovido, llegó poco antes de las 8 y agradeció a los presentes. Patricia, su esposa, llegó cerca de las 8:35. Allí, fueron abrazados por amigos y familiares en la vereda. Luego, tras cargar el cuerpo en el vehículo a las 8:52, un Renault gris, partieron.
Su padre, pareja e hijos lo cargaron. El ataúd fue despedido en medio de una ovación, envuelto en una bandera de River Plate, club del que era fanático. “Te queremos Roberto, ¡vamos a hacer justicia por vos!”, gritaban.
El nombre de Roberto podía leerse en el auto, en un cartel digital: “Roberto Pablo Sabo, QEPD”. Poco después de las 9 ingresaron al cementerio. La ovación se repitió luego de que el ataúd fue retirado del auto, también por sus hijos, su padre y su pareja. Más de 50 personas siguieron el ataúd al primer piso del cementerio, donde fue depositado en un nicho.

El velatorio había comenzado ayer en la cochería Pache, poco antes de las 17. La familia fue la primera en llegar: la madre de Roberto lo hizo de la mano de Nicolás, el hijo más grande de la víctima; mientas Pedro Sabo, el padre del comerciante asesinado, caminaba un par de metros más atrás. Al frente, la viuda, Patricia.
Junto a ellos, también llegó Paula, la ex esposa y mamá de los dos hijos del kiosquero muerto. La mujer llevaba un ramo de flores en sus manos. Un vecino de esa tranquila cuadra de casas bajas de Morón les gritó, antes de que ingresaran a la cochería y mientras levantaba el brazo: “¡Justicia por Roberto!”.

Mabel ya estaba en el lugar desde temprano. Vecina y amiga, fue una de las primeras en llegar: “Era una excelente persona, muy trabajador como toda su familia”. Y expresó que, ahora, el kiosco lo atenderá Nicolás, el hijo mayor de Roberto: “Los amigos vamos a ayudarlo en todo lo que podamos”.
El crimen es paradigmático: el brutal y cobarde asesinato de Sabo tocó un nervio en la sociedad y en los vecinos del Conurbano bonaerense, agobiados por la inseguridad. El caso encendió marchas y protestas que fueron reprimidas por la Policía Bonaerense. En 2020, según datos de la Procuración, La Matanza registró 140 homicidios dolosos cometidos y más de 20 mil robos, así como 10 mil hurtos. Sabo fue asesinado mientras atendía el comercio familiar, literalmente ubicado a tres cuadras de la Comisaría 2° de Ramos Mejía, sobre Avenida de Mayo. El kiosko fue convertido en un santuario, con su persiana baja decorada por carteles y ofrendas de flores.

Para el fiscal Federico Medone, encargado de la investigación, el caso está prácticamente cerrado. La autopsia determinó que el kioskero recibió al menos cuatro disparos de un revolver calibre 22, balas disparadas a quemarropa que destruyeron su corazón y pulmones. No solo fue baleado en el tórax, según determinó la autopsia realizada en la morgue de La Matanza: también le disparó en la cabeza. Leandro Daniel Suárez, el acusado del crimen, continúa detenido tras negarse a declarar, aunque extraoficialmente aseguró que baleó a su víctima en medio de un forcejeo. Su novia y cómplice de 15 años, aunque inimputable, sigue detenida. Mañana, un juez de menores resolverá su situación.
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