En la tarde de este lunes, vecinos se autoconvocaron en Ramos Mejía para exigir justicia por el crimen de Roberto Sabo, el kiosquero de 48 años que fue asesinado mientras atendía su negocio, a tres cuadras de la Comisaría 2ª de la zona. La familia de la víctima encabezó la manifestación y expresó su dolor. “Me sacaron a mi papá, me quiero ir del país”, lamentó Tomás, uno de sus hijos.
La primera en hablar con los medios fue Paula, la ex esposa de Roberto. “Quiero dar las gracias por el apoyo inmenso y por el cariño a todos los vecinos de Ramos”, dijo en diálogo con Todo Noticias. Asimismo contó que, en el trayecto del día, se reunió con el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni. “Lo único que le pedí fue que, si el día de mañana mis hijos deciden atender el negocio familiar, les den seguridad”, explicó, escueta.
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Consultada acerca de si tenía miedo de que sus hijos siguieran viviendo en Ramos Mejía, la ex pareja de Sabo dijo enfáticamente que “sí”. “Hace cuatro años que me fui de acá. Me fui a vivir a zona norte. Desde que me mudé, vi a Ramos irse en decadencia. No hay seguridad, llamás a la ambulancia y no viene nunca. Es como que Ramos Mejía se está empobreciendo. Es una tristeza muy grande. Hoy, no pasaron ni 24 horas, y ya hubo un robo a media cuadra. ¿Qué nos pueden brindar?”, dijo Paula y pidió ceder la palabra a uno de sus hijos. “No puedo hablar más”, sostuvo angustiada.
Ahí, tomó el micrófono Tomás, el menor de los hijos de Roberto, y recordó que a su padre “todo el mundo lo amaba”.
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“Mi viejo trabajaba de domingo a domingo. Se levantaba a las 7 de la mañana y estaba todo el día en su negocio. Siempre le gustó su trabajo. El kiosco era su vida y vino un hijo de p... y nos arruinó la vida a todos. Desde que tengo uso de razón acá no hay seguridad. Todo el tiempo pasan cosas. Toda la vida le tuve miedo a la muerte y ayer me lo sacó a mi papá. Se quejan de que los pibes se van del país, pero tampoco hacen nada para que se queden. Yo me quiero ir del país: no me dan nada acá. Tengo más futuro en cualquier otro lado”, agregó entre lágrimas.

Nicolás, el otro hijo de Sabo, que además atendía el “Drugstore Pato” con su padre, recordó que después de la pandemia él y Roberto se turnaban para atender el negocio. “Compartíamos el día a día. Además de ser mi papá, era mi compañero de trabajo, mi amigo, mi jefe, era todo... ”, expresó.
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Con los aplausos de los vecinos de fondo, Nicolás además detalló la forma en que su padre le inculcó la “cultura del trabajo”. “Mi papá estuvo siete años laburando para comprarse su casa y darnos lo mejor a nosotros. Trabajaba de domingo a domingo. Yo a veces le discutía: ‘¿Por qué todos los días? ¿Por qué no cerrás los domingos?’. Al final, lo mataron por laburar”, expuso.
Más adelante, el joven contó que su abuela le pidió que vendiera el negocio, pero él dijo que es el sustento de la familia. “Antes de dejar de trabajar en el local, mis abuelos también habían vivido algunos hechos de inseguridad, pero no de semejante magnitud. Me da miedo volver a trabajar al lugar donde mataron a mi papá”, añadió.
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Tras ser consultado por los dichos de su hermano, que dijo que se iba a ir del país, Nicolás contó que, hace dos meses, su primo y su esposa se fueron a vivir a Italia. “Tenían un buen laburo los dos, pero se fueron por la inseguridad, por miedo a que los maten. Se fueron y se salvaron. Nosotros nos quedamos acá para estar cerca de la familia y de un minuto a otro se terminó todo. Uno está preparado para perder a sus abuelos o perder a sus padres de grande, pero perder a tu viejo a los 48 años porque vino un hijo de put... y lo mató a balazos es inconcebible”, cerró.

Hacía varios años que Roberto Sabo atendía el kiosco. El local era la empresa familiar que había unido a padres, hijos y abuelos. El comercio se había iniciado hacía 40 años, de la mano de su abuelo y de Pedro Sabo, su padre.
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Una vez que Pedro decidió jubilarse, dejó el comercio en manos de Roberto, quien ya conocía el negocio y disfrutaba de la atención al público en un punto de Ramos de mucho movimiento.
Pedro era conocido en el barrio como “El Polaco”. Durante la tarde-noche del domingo, se lo vio numerosas veces en los planos de las cámaras de televisión y en los teléfonos celulares llorando junto a sus nietos y luego reclamando justicia por la muerte de su hijo. Estaba devastado.
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“Nunca pensé que me iba a pasar esto. Me arruinaron la familia. Nunca más puedo vivir tranquilo”, expresó el padre de la víctima, en medio del llanto, ante las cámaras del canal Todo Noticias.
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