El jueves 10 de junio, luego de pasar un año y cinco meses dentro de una jaula, Emanuel I. fue condenado a cuatro años de prisión efectiva por ser un depredador de chicos. Aceptó su propia culpa con un acuerdo homologado por el Juzgado en lo Penal, Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas N° 7 luego de que la fiscal Celsa Ramírez lo investigara y lo capturara.
Tres chicos fueron sus víctimas. Tenían 14 y 11 años cuando los ataques ocurrieron, con hechos que datan desde mediados de la década pasada. Intentó seducir a dos de ellos; el tercero fue abusado en la casa de Emanuel en Parque Patricios en junio de 2014. El condenado, hoy de 24 años, con 17 en ese entonces, a tres meses de la mayoría de edad, logró llevarlo a su casa tras semanas de insistirle. Le aseguró que le pagaría para tener sexo con él. El chico, que se presentó en la Justicia y declaró en contra de su abusador, tenía 14 en aquel momento.
Emanuel fue particularmente insistente en sus intentos de seducir a sus otras dos víctimas, a las que no llegó a atacar en persona. Tenía una pantalla: decía ser un personal trainer, ofrecía consultas para “rutinas y dietas”, ganar “volumen y definición” desde su cuenta de Instagram con más de 1400 seguidores, a la que empleaba como herramienta de contacto y cacería. También tenía una particular fijación como pedófilo y depredador: se interesaba en los calzoncillos de sus víctimas. Prefería, según él mismo, el formato boxer.
No solo pretendía que sus víctimas los vistieran al momento de abusar de ellos: quería conservarlos como souvenir.
El condenado cayó en enero de 2020 por intentar atacar a un chico de 11 años al que había conocido en un gimnasio de Pompeya, donde Emanuel entrenaba con pesas y el menor jugaba allí al fútbol con sus amigos. Comenzó a contactarlo por Instagram, con charlas que duraron semanas. Allí, según documentos a los que accedió Infobae, le ofreció dinero a cambio de su boxer e incluso intentó citarlo para pagarle tres mil pesos por abusar de él. Habló de “tocarlo” y si “pintaba algo más, bien”, siempre con un boxer puesto. El valor claramente se había ajustado con el tiempo. El caso previo por el que fue imputado por la fiscal Ramírez data de 2015, con Emanuel ya mayor de edad. Había contactado a otro chico de 14 por Instagram, al que le ofreció 500 pesos por su calzoncillo usado.
El acusado no logró abusar de ninguna de estas víctimas. Cayó, precisamente, por la que intentó atacar en enero de 2020, el chico al que abordó en el gimnasio de Pompeya. Los padres del chico fueron la clave. Entraron al teléfono del menor y vieron los mensajes que había cruzado con Emanuel. La mecánica era clásica: comenzó con ofertas para jugar videojuegos, que lo visitara en su casa. Se horrorizaron al instante.

“El mensaje decía ‘hola, ¿cómo estás, bebé?, tenemos que encontrarnos’ y un corazón. Lo que más me llamó la atención es que decía ‘necesito que me regales un boxer´. Empiezo a mirar el perfil y me llamó la atención. Ahí veo el gimnasio donde va mi hijastro a jugar al fútbol. Esta persona hacía fierros ahí y tengo entendido que hacía dos meses le pidieron que dejara de ir porque siempre se rodeaba de menores”, contó el padrastro del chico en enero de 2020.
El padrastro denunció el caso ante la Policía de la Ciudad. Entonces, le tendieron una trampa a Emanuel: se hicieron pasar por el chico, aceptaron la invitación y pactaron un horario y un lugar para la cita en Parque Patricios. Fue así como personal de brigada de la Policía de la Ciudad, en forma encubierta, montó una guardia hasta que a la hora señalada en el chat del encuentro, el personal trainer se acercó al lugar, donde permaneció unos minutos, como esperando a alguien.
Allí, lo arrestaron.
En sus chats, el pedófilo le había dicho al chico que no lo violaría. Sin embargo, llevaba en su bolso una decena de preservativos, además de un esteroide inyectable. Luego, el pedófilo fue allanado. Le encontraron computadoras y teléfonos que fueron peritados. Los chats donde pedía calzoncillos y ofrecía dinero por abusos sexuales fueron integrados al expediente de la fiscal Ramírez.
Luego, declaró el chico. La cámara Gesell fue una prueba clave en el caso. Una psicóloga oficial evaluó el testimonio como veraz, sin influencias de terceros.
Así, Emanuel aceptó su culpa y su condena. Seguirá detenido en una cárcel federal.
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