
Los delincuentes internacionales que envían cocaína desde la Argentina hacia el resto del planeta suelen tener narrativas un poco tristes. Durante los últimos años, hombres de nacionalidades como Nigeria, migrantes dedicados al negocio de las mantas, alojados en pequeñas piezas de pensiones, terminaron ante los tribunales en lo penal económico como contrabandistas de alto vuelto por despachar paquetes en el Correo Argentino de polvo de alta pureza ingeniosamente disimulado a compatriotas en Tailandia o China.
Pero Arber Likaj volaba un poco más alto.
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De 38 años, oriundo de Elbasan, una ciudad en el centro de Albania, ingeniero informático según él mismo, Arber se había instalado en Buenos Aires a comienzos de la década pasada en un departamento de Recoleta sobre la calle Cabello, a pocas cuadras del Parque Las Heras. Posaba con mujeres en sus redes sociales y se mostraba en discotecas de fiesta. Aquí no tenía un empleo en blanco, un alta en la AFIP para operar comercialmente, una vida un poco crepuscular, misteriosa.
Luego, Arber se convirtió en un fugitivo.
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Una causa penal con fecha de 2013 lo marcó como un hombre buscado en el Registro Nacional de Reincidencia. El delito: ser el supuesto cerebro de una tentativa de contrabando de cocaína hacia Atenas y Roma, más de 11 kilos detectados entre mayo y junio de ese año en el aeropuerto de Ezeiza. Hoy, la historia termina. Preso en el penal de Devoto tras ser capturado, Arber fue finalmente condenado el 26 de febrero luego de reconocer su culpa y pactar un juicio abreviado con el fiscal Marcelo Agüero Vera como acusador ante el Tribunal Oral en lo Penal Económico Número 1, integrado por el juez Francisco Fornari. La pena fue de cuatro años y diez meses de efectivo cumplimiento.
Arber fue el último de su banda en caer: sus otros tres cómplices, un griego y dos albaneses, ya fueron todos condenados por la Justicia en lo Penal Económico tras ser encontrados con la valija en la mano, algo más que mulas, casi socios que corrieron el riesgo. La historia del informático es sumamente llamativa, con un sistema de camuflaje narco especial.
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El primer caso data del 17 de mayo de 2013, cuando un hombre griego fue frenado en Ezeiza mientras intentaba viajar a Atenas con una escala en Amsterdam: 6900 gramos de cocaína iban en su valija, impregnadas en la ropa del equipaje ya despachado. La PSA la encontró en una inspección de rutina en el Patio de Valijas de la Terminal C del aeropuerto. La valija fue separada y examinada: los rayos X revelaron una materia inorgánica adherida a 46 prendas de tela blanca que pesaban un poco más de lo normal. El griego no estaba lejos y fue detenido, su nombre adherido al equipaje.
El 22 de junio, poco más de un mes después, otro hombre de nacionalidad albana también fue arrestado por la PSA en Ezeiza. La modalidad era idéntica: 2800 gramos en ropa blanca dentro de una bolsa de nylon en su equipaje.
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El griego declaró en la causa que siguió. Según la condena a Likaj, a la que accedió Infobae, la mula internacional aseguró que tal como el otro albanés detenido fue traído expresamente al país para mover el polvo, tentado por el negocio.
“Durante su estadía en Buenos Aires estuvo en permanente contacto con la persona que le entregó la valija en el hotel que contenía el material estupefaciente. Indicó, asimismo, que dicha persona (de quien desconocía el nombre), ingresó en varias oportunidades al hotel donde se encontraba alojado. Por otro lado, mencionó que en el teléfono que le secuestraron al detenerlo figuraba el número de abonado con el cual se comunicaba con el masculino referido”, declaró. El hombre, que hablaba muy bien el español, le aseguró que lo llevarían a Albania al aterrizar en Atenas. Nunca le dio su nombre ni permitió tomarle una foto. El griego marcó el hotel: las cámaras del lugar mostraron al sospechoso.
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Ese sospechoso, según pudieron cotejar los investigadores, era Likaj.

Un cotejo de registros de celulares y una serie de intervenciones tras los datos que aportó la mula llevaron a identificar al aparente socio del informático: Arsen Qosja, también albanés, también condenado con sentencia firme con una misma pena que el informático.
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Arber y Arsen tenían contacto fluido en Facebook, se tenían como amigos. Fue precisamente gracias a la lista de Facebook de Qosja que el informático fue identificado, con un perfil con fotos perfectamente visible al público. Tenían movimientos en común, ambos habían llegado de Amsterdam en 2013 en el mismo día según Migraciones. Arber había ayudado a Arsen a instalarse en Capital: según testimonios, le presentó a la dueña de una inmobiliaria. Tienen más coincidencias: Arsen, que luego terminó en un penal federal tal como su socio, también registró su domicilio en el mismo departamento de la calle Cabello que el informático.
Luego, la mula griega lo marcó: Arber era el entregador de la valija.
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