Caro Bustamante quería hacerse las uñas. Era el 25 de mayo último, una fecha poco ortodoxa para pedir turno en un centro de estética, pero la dueña del local ubicado en un primer piso sobre la calle Belgrano, en Ramos Mejía, estaba dispuesta a hacer excepciones. Otra clienta regular le había pedido un turno poco antes, así que recibir a Caro, a la que había atendido en otras ocasiones, no resultaba un problema. Todo era una mentira vil. Detrás de Caro llegaba una maquinación delictiva para despojarla y someterla, hampa bonaerense pura.
Un hombre apareció detrás de Caro mientras una cámara de seguridad filmaba dentro del local, cuadro por cuadro, con un grado de luz envidiable. Ese hombre, cree la Justicia, a partir de una investigación a cargo de la UFI N°12 de La Matanza con Carlos Adrián Arribas y Diego Rulli, especializados en entraderas, era Eduardo Margulis, un delincuente de carrera, veterano pesado de 50 años de edad, oriundo de la zona de Moreno, que tenía acreditado, irónicamente, su último pago del Ingreso Familiar de Emergencia. Margulis y Caro, se supo después, eran pareja, con una relación sentimental.
Caro, para empezar, era un nombre falso, un alias traicionero para ganarse la confianza de la cosmetóloga. Su verdadero nombre: María Malena Claff, 37 años, alias la Rubia, sin antecedentes penales, con un hermano asesinado a puñaladas en la Unidad N.°6 de Rawson.
Así, Claff y Margulis redujeron por la fuerza a la cosmetóloga tras un saludo amigo: Claff apareció primero, luego Margulis, a traición. El ladrón fue muy especifico al reducirla, con una técnica propia de las artes marciales o de un entrenamiento policial. Sabía claramente cómo hacerlo. Así se llevaron unos pocos objetos de valor. No iban por la caja, no realmente. La idea, según fuentes con acceso al expediente, era otra: los ladrones se llevaron las llaves de la casa de la cosmetóloga, ubicada a siete cuadras del local. El premio mayor era el marido de esa mujer, un empresario de la carne de 53 años, un matarife.
Había otra jugadora en el tablero, invisible por el momento. La Brasilera la apodan los investigadores, huidiza, prófuga hasta hoy. Se escurrió semanas atrás de las redes policiales, cuando fue a visitar a un detenido a un penal de la periferia platense. Su abogado, por lo pronto, ya hizo su aparición en los tribunales de La Matanza. La Brasilera tenía un vínculo estrecho con la cosmetóloga y su marido matarife, una cierta confianza.
La Brasilera, precisamente, había llamado ese día al empresario para pedirle que le cambie cien dólares, una jugada de inteligencia, creen los fiscales, para asegurarse de que el empresario estuviera allí. Luego, otros dos hombres de la banda entraron detrás de ella en la casa para llevarse 800 mil pesos y varias alhajas, más algunos celulares.

Hoy, tras ocho meses de investigación ejecutada por la DDI de La Matanza de la Policía Bonaerense, Claff y Margulis se encuentran detenidos junto con otros dos miembros de su banda también involucrados en el doble asalto que cayeron en territorio porteño por otro hecho. La Brasileña continúa prófuga hasta hoy, luego de que les intervinieran los teléfonos durante meses, con escuchas que son reproducidas en esta nota.
La historia detrás del arresto de la Rubia y su novio es un poco irónica. Su planeamiento delictivo, si es que son culpables, parecía magistral: el motivo por el que cayeron es un poco amateur. Se llevaron tres celulares de los asaltos. Descartaron dos, pero se quedaron con uno.
Ese teléfono, precisamente, activó una serie de celdas en Ramos Mejía, Haedo, Morón, Hurlingham, hasta llegar hasta William Morris. Las cámaras de seguridad habían captado los vehículos con los que llegaron al asalto al centro de estética, entre ellas una camioneta Ford Eco Sport. Así, ambos rastros fueron cruzados, hasta llegar a los vehículos, captados por cámaras de seguridad a lo largo del camino.
El doble asalto no es el único delito por el cual están sospechados: se cree que también atacaron una carnicería de Ramos Mejía para llevarse 190 mil pesos. Margulis cayó en un auto supuestamente empleado para ese ataque.
La DDI de La Matanza les encontró en una serie de operativos con personal táctico de jurisdicciones como Ramos Mejía y Tapiales una Bersa 9 milímetros, guantes de látex, picanas, ropa similar a la utilizada en los hechos, 45 balas, una máquina de contar billetes y la Ford Eco Sport.
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