Ramón Casas, el peón que murió por envenenamiento, junto a su mujer Isabel.
Ramón Casas, el peón que murió por envenenamiento, junto a su mujer Isabel.

Fue una premonición, quizás. Dos semanas antes de que el cuerpo del peón rural Ramón Ignacio Casas (55) apareciera sin vida en una finca del paraje salteño de Palomitas en octubre de 2018, la víctima le había dicho a su familia que si le pasaba algo era por culpa de su patrón, el productor rural Hartmut Torsten Theobald.

La relación entre ellos era tensa desde hacía varios meses. Casas se sentía explotado laboralmente por su jefe y le había pedido que le aumentara el sueldo. El hombre tenía que mantener a su mujer y a sus nueve hijos.

Apenas ganaba $7000 por mes.

“Estaba mal pago y siempre se quejaba que su patrón le liquidaba mal los jornales. Casas llevaba en una planilla todas las horas trabajadas pero Hartmut siempre le pagaba lo que quería”, precisó a Infobae Alejandro Tapia, abogado querellante. “Incluso, Casas le llegó a contar a su mujer que Hartmut le había robado esas planillas en reiteradas ocasiones para que no hubiera ninguna constancia de su trabajo”, relató. Los registros previsionales ligados a Hartmut, alemán, de 48 años de edad, registrado en los rubros de cultivo de hortalizas y cría de ganado, no muestran ningún pago de aportes, al menos en tiempos recientes.

El peón trabajó para Torsten durante cinco años. Además de trabajar con el ganado, su jefe también lo obligaba a hacer las tareas que le correspondían a un veterinario y a participar de las técnicas de fertilización asistida de los animales. De acuerdo a lo detallado por su abogado, trabajaba de sol a sol sin tener el resarcimiento económico que le correspondía por todas esas tareas.

Harto de que lo tratara como a un esclavo y tras meditar mucho la situación, Casas decidió denunciarlo ante la AFIP para que lo pusiera en blanco y le reclamó unos $400 mil que, según él, le adeudaba. Cuando su patrón se enteró, lo fue a buscar enfurecido y se produjo una pelea verbal subida de tono pero sin agresiones físicas.

Ese día, Casas llamó a su hermano para que fuera a buscarlo. “Le contó sobre la denuncia y la pelea. Su hermano le sugirió que renunciara y que se fuera a trabajar con él, que también se desempeñaba como puestero. Pero Casas le dijo que se iba a ir de la finca el día de que le pagara todo lo que le debía”, detalló.

Ramón Casas tenía 9 hijos, y 7 de ellos todavía vivían con él en su casa de General Güemes
Ramón Casas tenía 9 hijos, y 7 de ellos todavía vivían con él en su casa de General Güemes

Eso ocurrió un sábado al mediodía, antes de que Casas partiera a su hogar en General Güemes haciendo dedo como habitualmente lo hacía. “Como a él no le gustaba mucho viajar en colectivo y el campo queda a más de una hora de la ciudad, arregló quedarse a vivir en una casilla y volver a casa una vez al mes”, contó su ex mujer Isabel Avila, quien a pesar de estar separada de él al momento de lo sucedido seguían conviviendo bajo el mismo techo.

“Una vez en su casa, reunió alrededor de la mesa a su mujer y a sus hijos y les contó lo mismo que a su hermano. Les advirtió que si le pasaba algo que apuntaran contra Hartmut y les confesó que ya lo había sorprendido a su patrón apuntándole de lejos con un arma a raíz de su denuncia en la AFIP”, resaltó Tapia, dejando expuesta esa intimidación.

Isabel y sus también le pidieron a Casas que no fuera más, pero él insistía en que tenía que seguir yendo porque tenía todas sus pertenencias allá. “Nunca nos imaginamos que podía pasar algo así por exigir que lo pusiera en blanco. Lo único que quería era poder cobrar el salario familiar. Siempre vivimos al día y como la plata no alcanzaba yo trabajaba en casas de familia”, contó la mujer a Infobae que al quedar desocupada con la pandemia de coronavirus gana la vida vendiendo pan casero y tortillas en la puerta de su casa.

Hoy, Torsten está acusado de matarlo. Enfrenta un juicio oral por “homicidio calificado por el uso de veneno u otro elemento insidioso”. El debate, que es presidido por el juez Francisco Mascarello y sus pares Paola Marocco y María Livia Carabajal, se extenderá hasta el 23 de junio en la Sala VII del Tribunal de Juicio de Salta.

La forma de morir de Casas fue particularmente perversa: la autopsia encontró veneno en su cuerpo.

Ramón trabajaba para el finquero alemán desde hacía 5 años, pero en los últimos meses la relación se había puesto tensa por sus reclamos laborales
Ramón trabajaba para el finquero alemán desde hacía 5 años, pero en los últimos meses la relación se había puesto tensa por sus reclamos laborales

Su patrón fue quien reportó el cadáver en su finca, llamada Los Altos, que queda sobre la ruta 934, a unos 60 km de la ciudad de Salta. Según los peritos, el ciero se hallaba en avanzado estado de descomposición y la víctima había muerto por un paro cardiorrespiratorio tras intoxicación con veneno, en este caso un pesticida, lo que coincidió con el contenido de una botella y un plato encontrados en la mesa del peón. E

Hubo huecos en la historia desde el comienzo. El querellante Tapia recordó que “la primera discrepancia en el relato de Hartmut se produjo el mismo día que fue indagado por la policía en su finca. Dijo que había contratado a Casas hacía 10 días para hacer un trabajo temporal en la acequia y que le había permitido quedarse en la casilla hasta que lo finalizara para no estar yendo y viviendo”.

El peón Benito Soraire, que hacía todo tipo de tareas en ese campo desde hacía 30 años, fue parte de la causa. Durante la segunda jornada del juicio declaró que su patrón había intentado asesinarlo 14 días antes que a su compañero de trabajo.

Hartmut Torsten Theobald, el acusado, en el momento en que es trasladado por la policía
Hartmut Torsten Theobald, el acusado, en el momento en que es trasladado por la policía

“Yo me he escapado de morir. Hartmut me ha metido veneno en la carne. Me había llevado carne de vaca y chorizos. Yo me doy cuenta apenas como la carne porque empecé con mareos y diarrea”, sostuvo ante el tribunal.

Tras el malestar, Benito decidió mezclar leche tibia con limón y eso fue lo que le provocó los vómitos donde expulsó, según él mismo, gran parte del veneno. “Eso fue lo que me salvó, sino estaría muerto”, aseveró.

El peón también contó que seis de sus perros comieron la carne y murieron, al igual que algunos zorros y cuervos que consumieron los restos. Y reveló que, aún sintiéndose muy mal, se dirigió a la casa de su patrón y le reclamó por la carne envenenada, pero él negó la acusación.

Al momento de prestar declaración ante el tribunal, el finquero alemán reconoció que los trabajadores rurales le prestaban servicios, dijo que no tenían relación de dependencia y que las acusaciones en su contra estaban relacionadas a su condición de extranjero y perseguían un fin económico.

“Su relato se focalizó en brindar de detalles de cómo fue que halló en cuerpo de Casas en lugar de explicar cuál fue su responsabilidad en el hecho. Fue muy evasido con las respuestas", señaló Tapia, quien confía en la investigación hecha por el fiscal Gustavo Torres Rubelt.

"La acusación está bien fundada y vamos a pedir la pena máxima para Hartmut”, concluyó Tapia quien lleva adelante la querella junto al abogado José Teseyra.

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