
El viernes pasado, poco antes de las 20, Jorge Alberto Romero (28) salió del local de diseño y decoración Carmina en la localidad santafesina de Esperanza, entró en una panadería y compró una botella de agua mineral. Estaba algo agitado, pero no usó el agua para saciar su sed. En realidad la había comprado para enjuagarse las manos: estaban cubiertas de sangre. Lo primero que dijo para explicar la extraña situación es que había mantenido una pelea, pero no era cierto: las manchas hemáticas se debían a que minutos antes había asesinado de manera violenta a Gabriela Degiorgio, una comerciante de 36 años y dueña del local.
Sin esperar mucho más, Romero tomó un remís y viajó poco más de 20 kilómetros hasta llegar a la localidad de Recreo, su lugar de residencia. Un día después se entregó y confesó el hecho. “Ya lo teníamos identificado con las cámaras de seguridad y la Policía de Investigación (PDI) ya lo tenía, pero él mismo se presentó”, dijo a Infobae el fiscal del caso, Alejandro Benítez, quien contó cómo fue la secuencia del brutal crimen. “Prefiero no dar mayores datos o detalles específicos de lo que pasó por respeto a la familia, pero se trató en un comienzo de un intento de robo que pasó a mayores”, expresó el funcionario.
De acuerdo con los primeros datos de la investigación, Romero habría viajado desde Santa Fe o Recreo hasta la localidad de Esperanza específicamente para cometer el crimen, con una víctima elegida al azar. Al llegar, entró directamente al local de Degiorgio, en principio con la intención de robarlo.
“Se hizo pasar por un cliente, la empujó y la forzó a entrar en un vestidor de ropa, le exigió dinero e intentó abusar sexualmente de ella. Como la mujer se resistió y comenzó a gritar, el acusado la golpeó en reiteradas oportunidades hasta dejarla inconsciente. En ese contexto fue que aprovechó la situación y abusó sexualmente de la víctima. Después del ataque sexual, la volvió a golpear hasta quitarle la vida”, precisó el fiscal.
La Policía encontró la ropa manchada con sangre luego de un allanamiento. “Dejen de buscar, soy yo el que mató a la mujer”, dijo en la comisaría donde se entregó, según relató el fiscal Benítez.
En la audiencia en la que se pidió la prisión preventiva del acusado, Benítez sostuvo que “el imputado mató a la víctima con el propósito de consumar y procurar su impunidad de los delitos que había cometido, dado que también se apoderó de la caja registradora del local".

En ese sentido, el fiscal asegura que “los delitos fueron cometidos por el hombre investigado en un contexto de violencia de género en el que eligió previamente a la víctima mujer y en el que aprovechó su superioridad física". Por eso, Benítez –acompañado en la audiencia por el fiscal Marcelo Nessier– le atribuyó la autoría del delito de homicidio calificado por mediar violencia de género y por criminis causae. También lo acusaron de abuso sexual con acceso carnal y robo. En relación a la condena que pedirán, Benítez fue enfático: “Vamos a buscar la pena perpetua”.
Durante la audiencia, en la que la jueza de la Investigación Penal Preparatoria (IPP), Sandra Valenti, no se opuso a la prisión preventiva, el acusado le pidió perdón a la familia de Gabriela, una mujer que además trabajaba como ambientadora y diseñadora de eventos. Según supo este medio, estudió en la Universidad Nacional del Litoral y estaba casada con Carlos Navarrete, padre de sus dos hijos. “En la declaración, Romero admitió lo que hizo”, añadió el fiscal.
Además de la forma brutal en que asesinó a la comerciante, el funcionario a cargo de investigar el femicidio reveló otro dato que aumenta el horror: Romero salió hace apenas cuatro meses de la cárcel luego de cumplir una condena de seis años por el delito de abuso de una mujer e intento de robo. Ocurrió el 16 de julio de 2013 cuando el delincuente irrumpió en una panadería en el sur de Santa Fe con el objetivo de pedir trabajo. Todo transcurría de manera normal hasta que de un momento a otro saltó el mostrador e intentó abusar de la empleada, mientras estaba distraída tomando los datos del aspirante. La mujer se defendió como pudo pero Romero la golpeó en el suelo hasta que entró un cliente y la ayudó. El delincuente logró escaparse con la plata de la caja, aunque lo detuvieron poco tiempo después, ya que llegó a anotar el nombre y su teléfono.
El 28 de agosto de 2014, Romero fue condenado a seis años de prisión por el Juzgado de Instrucción de la Sexta Nominación. “La pena que se le impuso fue por la autoría de delitos contra la propiedad y delitos contra la integridad sexual”, agregó Benítez. “El imputado cumplió la condena y recuperó su libertad el 15 de julio de este año”, concluyó.
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