Fausta Fabris como modelo.
Fausta Fabris como modelo.

Alguien preguntó hace unos meses en Twitter: "¿Quién te gustaría ser?"

Y alguien le respondió: "Fausta Fabris, 1998".

A fines de la década del 90, Fausta Fabris era una de las modelos más llamativas y singulares que se podían encontrar en una pasarela o en una revista en Buenos Aires, alta, muy alta, ojos claros penetrantes, el pelo rojo, una forma de caminar imponente. El diseñador Pablo Ramírez la sacó de su retiro para protagonizar una campaña en 2012.

Hoy, Fausta se sienta temblando en el living del departamento de su hermano Ludo en Buenos Aires luego de vivir 17 años en una pequeña casa en un terreno de tres hectáreas en el paraje Los Molles, municipio de Villa Las Rosas, en el departamento San Javier, plena sierra cordobesa, a donde fue para criar a su familia, poner una peluquería.

Llegó a comienzos de esta semana a Retiro en un micro junto a sus tres hijas adolescentes y su hijo varón de cinco años. Las tres chicas y el varón son de padres distintos. Y Joan Sebastián Ortiz, el padre del nene, es el problema. Fausta lo acusa de haberle incendiado la casa el 5 de enero último, el punto máximo de violencia luego de que se separara de él y lo denunciara en mayo de 2018, tras años de supuestas intimidaciones, zamarreos, entradas a su terreno en el medio de la noche en una zona despoblada mientras ella dormía con sus hijos.

Fausta y su hijo no dormían allí esa noche, sino en una cabaña contigua. Sus hijas adolescentes estaban con su padre. La Policía cordobesa misma la alertó del incendio mientras dormían: vieron las llamas desde el camino en un patrullaje de rutina.

Fausta lo contó todo en un pequeño video. Se la ve sentada en las ruinas de su propiedad, parece casi catatónica. "Estoy acá en mi casa, en lo que quedó de la casa. Estoy teniendo problemas con mi ex. Me ha amenazado de varias cosas, entre ellas prenderme fuego la casa. Lo dijo y lo hizo. Hay más amenazas. No sé cómo sigue la lista".

El hombre en cuestión, dice Fausta, no está muy lejos de la casa: sigue, según vecinos, deambulando por el pueblo, en la plaza de Villa Las Rosas, comprando cerveza en el kiosko en un sombrero tipo Panamá.

Ortiz, apodado "El Tata", de 31 años de edad, con un corazón tatuado en el pecho como seña personal, no tiene ni siquiera un domicilio fijo declarado, algún lugar en un registro que un fiscal pueda ver para ir y detenerlo, vivió los últimos años en la casa de Fausta. Ludo Fabris asegura: "Sigue ahí, deambulando, con un grupito con el que se junta. Mi hermana vive en pánico. Y a este tipo nadie lo va a buscar".

Joan Ortiz, “El Tata”, acusado de violencia de género.
Joan Ortiz, “El Tata”, acusado de violencia de género.

El 7 de enero por la tarde,  Fausta se presentó en una dependencia del Ministerio Público Fiscal cordobés en una localidad vecina para denunciar el hecho. La entregaron un botón antipánico activado mediante un teléfono celular. "Señal de celular, justo en medio del monte", ironiza Ludo Fabris.

Mientras tanto, Ortiz sigue suelto. Ya lo había denunciado el 23 de diciembre, luego de que el padre de su hijo entrara a su casa a gritos diciendo "voy a buscar mis armas", para terminar llevándose un equipo de música.

La denuncia original de mayo de 2018 por violencia familiar estableció una restricción perimetral. Fausta asegura que Ortiz la habría violado en varias ocasiones, llegando a su casa a mitad de la noche, cortando la luz y la llave de paso del agua. El incendio quizás fue una amenaza cumplida. La transcripción de la denuncia de Fausta a la que accedió Infobae relata: "En varias ocasiones ha amenazado con quemar la propiedad, con degollar a Fabris y a su hijo. " En un momento en que Fabris cavaba un pozo en la propiedad, Ortiz pasó y le preguntó: "¿Te estás cavando tu propia tumba?".

La casa tras el incendio.
La casa tras el incendio.
Fausta y el hijo que tuvo con Ortiz. Detrás, “El Tata”, en segundo plano.
Fausta y el hijo que tuvo con Ortiz. Detrás, “El Tata”, en segundo plano.

La memoria de la carrera de modelo de Fausta también terminó en llamas. Su abuela había coleccionado durante años sus apariciones en revistas. Al morir la abuela, las hijas adolescentes de Fabris recibieron la colección, guardada en la casa presuntamente incendiada por Ortiz.

Ludo, hermano de la modelo, habla de un trabajo policial casi nulo. Apenas un peritaje de Bomberos, efectivos cruzados de brazos en la plaza del pueblo diciendo que no tienen directivas, ni siquiera una orden de detención.

Una muñeca en la casa quemada.
Una muñeca en la casa quemada.

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