
Esta es la historia que Rodrigo Eguillor oculta.
En sus monólogos, apariciones mediáticas, publicaciones y transmisiones en vivo por redes sociales, el joven acusado de abuso que decía ser relacionista público de un boliche y no lo era formuló un derrotero de descripciones de su vida, sus orígenes, sus relaciones. Procuró limpiar su imagen, esgrimió sus argumentos de defensa y narró el episodio en el departamento de San Telmo que contradice la versión de la denunciante. Pero no emitió opinión sobre lo que sucedió el 22 de abril de 2016, su primer expediente en la Justicia.
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En algún momento, Eguillor será juzgado y asistido por un defensor oficial en el Tribunal Oral Criminal Nº9 por el mismo delito del que fue acusado por el episodio en la habitación y el balcón del departamento ubicado en la calle Piedras en San Telmo, donde una joven de 22 años de Parque Leloir lo denunció por abuso sexual simple, en una causa radicada en la Fiscalía Nº22 y el Juzgado Nº48 de la doctora Alicia Iermini que a mediados de esta semana continuaba caratulada como "averiguación de delito".
Ese mediodía de abril de 2016, Eguillor habría abusado sexualmente de N., una trabajadora de más de cuarenta años del Casino Buenos Aires en Puerto Madero, abuela y madre de tres hijos. El hecho ocurrió en el estacionamiento del Casino mismo y la víctima lo denunció esa misma noche, con una causa que comenzó en el Juzgado Nº3, que procesó a Eguillor con prisión preventiva y le impuso un embargo, un procesamiento confirmado en noviembre de ese año por la Sala V de la Cámara Criminal y Correccional.
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Infobae buscó a la víctima, llegó a su familia y a su historia, un abogado los asesora: el letrado afirma que se intentó negociar una probation para beneficiar a Rodrigo con trabajo comunitario en vez de cárcel. La víctima se negó. Así, Rodrigo fue enviado a juicio.

La familia también entregó un documento: la copia de la denuncia original. Lo que relata el documento es por lo menos grave.
De acuerdo a lo expuesto en la denuncia, la víctima estaba por comenzar su jornada laboral el día viernes 22 de abril. Eran minutos antes de las dos de la tarde, cuando N. se encontraba en el estacionamiento del Casino dispuesta a comenzar su turno.
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Mientras caminaba por un sector reservado para empleados vio que un hombre se acercaba. Según consta en la denuncia, en la declaración de los testigos y en las cámaras de seguridad que están adjuntas a la causa, el hombre se estaba masturbando y se dirigía hacia la mujer con el pene afuera de su pantalón.
Al verla, la abordó: el hombre se le arrojó encima y le tocó un seno. Los comentarios de allegados a la presunta víctima hablan de "manoseo", "tocado sorpresivamente", dijo el procesamiento firmado por el Juzgado Nº3.
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Así, N. reaccionó con un movimiento brusco y gritó inmediatamente por ayuda. El hombre fue identificado como Rodrigo Eguillor, quien en ese entonces tenía 21 años y era un asiduo cliente del Casino.


Rápidamente intervinieron agentes de Prefectura que custodian el establecimiento: demoraron al joven y personal de la gerencia de seguridad se brindó luego como testigo del hecho.
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Hoy, más de dos años después del ataque, la familia de N. no es ajena a los últimos episodios. La exposición de Eguillor por el supuesto abuso sexual en San Telmo y por el escrache que se viralizó en redes sociales con versiones de jóvenes que habrían padecido situaciones de acoso alteró la naturalidad de sus días. Brotó nuevamente la angustia. Cerca de su círculo íntimo aseguran que el presunto abuso que sufrió fue un tormento. "Se sintió invadida, ultrajada", dicen en su entorno. Afectada por el suceso, intentó seguir su vida con normalidad.

La denunciante sigue trabajando en el mismo lugar, con jornadas laborales superiores a las nueve horas. Tiene hijos, nietos y vive con su marido y parte de su familia. Desde su seno familiar, precisan que prefiere mantenerse alejada del ruido mediático que rodea a Eguillor. De hecho, se negó al asesoramiento legal de un famoso abogado. Sabe, en el fondo, que su historia y su determinación puede estimular la valentía de otras mujeres.
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Mientras espera la citación del Tribunal Oral Nº 9 se recluye en la calidez de su familia. Desde esa mediodía de abril algo en su vida cambió. N. camina las calles con más miedo que antes: en su cartera lleva gas pimienta desde que se cruzó con Eguillor.
La vida de Rodrigo Eguillor también cambió: tiene negado el ingreso al Casino de Buenos Aires. Cuando fue liberado del Pabellón I de la Alcaidía Roberto Pettinato, en La Plata, los medios agolpados en la puerta de la dependencia le preguntaron por la denuncia de abuso sexual simple de 2016. "Es todo mentira", contestó. La Justicia dirá.
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