Entre dos y tres minutos. Jessica M., oficial de Policía Local, madre de una hija de tres años, tenía calculado con precisión el momento en que el colectivo que la llevaría a su trabajo pasaríaa por la parada de colectivo en la avenida Eva Perón y San Lorenzo, en Monte Chingolo, partido de Lanús.
Ella sabía que el autobús pasaría a más tardar a las 4.33 por el lugar. Por eso, de manera metódica, acudía a la parada a las 4.30.
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Generalmente, se encontraba sola junto al poste cada uno de los cinco días que debía trabajar en las calles de Lanús Este. Jessica sabía que esa parte de Monte Chingolo era foco de una gran cantidad de robos. Se cuidadaba, intentaba reducir al máximo el riesgo de sufrir algún episodio de violencia.
Esa estrategia no resultó efectiva.
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Apenas un minuto después de haber llegado la parada el último viernes 16, la oficial vio cómo un Volkswagen Suran color bordó pasaba a baja velocidad por la senda de enfrente, en dirección hacia Lanús. No le supuso ningún tipo de amenaza. Jessica vio a un hombre al volante y a una mujer en el asiento del acompañante. Ambos viajaban con las ventanillas bajas.
Pasó un minuto más. Todavía no se veía ni el reflejo de las luces del colectivo en el horizonte de las cuadras de Monte Chingolo. Fue entonces, cuando ese auto bordó volvió a aparecer en escena, esta vez en la dirección contraria y en el mismo sentido en el que ella esperaba el transporte público. El vehículo se movía a menor velocidad, como si estuviera a punto de detenerse. Frenó finalmente a unos tres metros del punto en el que se encontraba la oficial, vestida de civil.
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Así, Jéssica vio que el auto bordó se detuvo delante de ella y de inmediato acomodó su cartera al lado opuesto al vehículo. Volvió a ver al mismo hombre y la misma mujer en los asientos delanteros, pero no esperaba que desde la puerta trasera derecha se bajara un hombre y se dirigiera hacia ella.
Una vez que vio al sujeto, con una gorra clara en su cabeza y un arma empuñada en su mano derecha, recogió su pistola reglamentaria en la parte derecha de su cintura. Dio la voz de alto, "Quedáte quieto", y casi sin esperar respuesta disparó. El primer tiro del delincuente salió de su arma casi en simultáneo que el de la policía de civil. Según se pudo ver en el video de una cámara de seguridad de un local de la zona. Jéssica realizó nueve disparos y el delincuente, uno.
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En ese pequeño lapso de segundos. Jessica no tuvo tiempo de pensar en los dos años que llevaba en la fuerza. Ni se le cruzó por la cabeza las veces que su madre le había rogado en la casa donde ambas vivían en Merlo que no se aliste en la Policía. Ni pensó en su hija de tres años o su futuro, tampoco dispuso de tiempo para pensar en aquellos días en los que trabajaba como enfermera en domicilios particulares mientras estudiaba esa misma carrera y la de cocina.
La mujer policía cree haber herido al hombre que intentó robarle, pero de acuerdo a los registros de los centros de salud y hospitales de la zona, ningún individuo se presentó con heridas de bala en las horas siguientes al hecho. Todavía no se sabe quiénes fueron ni qué sucedió con la salud de ese hombre.
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Después de la balacera, la oficial corrió hacia la esquina que se encontraba en dirección contraria al sentido de circulación del Suran. Se quedó allí unos minutos, a la espera de que el enfrentamiento a tiros continuara. Pero eso nunca sucedió. Unos minutos después, Jessica se acercó a una remisería de la zona, el único comercio abierto a esa hora, y realizó un llamado a la base de su fuerza para alertar sobre lo sucedido.

Después de brindar su testimonio y realizar los trámites burocráticos acerca del tiroteo, la joven de 27 años pudo volver a su casa. Recién entonces consideró el aspecto emocional. En sus cálculos privados, le temía a los enfrentamientos entre bandas delictivas de barrios precarios de la zona como Villa Ceibo, Villa La Fe o Villa Sapito, o mismos ataques y robos a ciudadanos del lugar.
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En realidad, Jessica no es Jessica. Su verdadera identidad está resguardada, ya que de acuerdo a las primeras investigaciones, los delincuentes a los que se enfrentó serían de su misma zona: la oficial teme algún tipo de represalias.
En un principio, ella se mudó a la casa de un familiar pero cree que al cabo de un tiempo volverá a la misma parada de colectivo para esperar nuevamente esos tres minutos hasta que pase el colectivo.
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El CELS calcula 104 civiles muertos por policías y miembros de fuerzas de seguridad en todo el país durante 2017, 66 desde enero a mayo de este año, la mayoría de los casos protagonizados por efectivos de civil y no en servicio: 42 de los hechos de este año ocurrieron en horario de franco.

Mientras tanto, el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, y el Jefe de Gabinete y responsable de la Seguridad en la zona, Diego Kravetz, premiaron a la oficial por su labor en el hecho. A la policía se le otorgó un diploma de honor y se le comunicó que recibirá un incentivo económico.
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