
Cuando el grupo GEOF tiró abajo su puerta en la precaria pieza trasera de una iglesia evangélica en la calle Las Magnolias de Merlo, Gustavo Núñez, de 18 años y Carlos Alberto Insaurralde, de 32, todavía tenían heridas de tiros frescas en el cuerpo. Eran presuntamente producto de su enfrentamiento del 9 de junio pasado en Villa Martelli, una balacera de 80 impactos en donde el comisario inspector Gustavo Santos Díaz, jefe de la división Antisecuestros de la PFA, recibió un disparo que lo envió al hospital Churruca para pelear por su vida y perder la visión de su ojo derecho.
El rancho detrás de la iglesia era su aguantadero, donde solían llevar a sus víctimas. En el operativo cayeron sus mujeres, Yamila Miranda y Mayra González, en allanamientos en José C. Paz y San Andrés: se sospecha que eran su apoyo táctico, alquilando inmuebles, consiguiéndoles celulares y pidiéndole a amigos que aporten espacios para guardar víctimas.
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Lo cierto es que, más allá del ataque a Santos Díaz en Villa Martelli, Núñez e Insaurralde tenían un rastro caliente. El juez federal Luis Rodríguez y el fiscal Carlos Stornelli, que estuvieron a cargo de hallarlos, ya los buscaban por un violento secuestro ocurrido el 22 de mayo en Belgrano.
Lucas Coronado, un joven de 29 años, sintió una escopeta Ithaca y un revólver en la cabeza mientras estacionaba su auto en la esquina de Ugarte y Amenábar, barrio de Belgrano. Dos desconocidos, que serían Núñez e Insaurralde, lo invitaban a formar parte de la nueva ola de secuestros. Así, comenzó un raid de siete horas, a bordo de un Volkswagen Vento y un automóvil rojo no identificado, con llamadas cada diez minutos a varios miembros de la familia de Coronado. $600.000 pesos fue un precio inicial; se cerró un rescate de $38.000, algo más realista. "Si no pagan el rescate, lo matamos", fue la advertencia. El hermano de Coronado se presentó en el punto acordado de General Paz y Cabildo en un Ford Fiesta para pagar el rescate, que no se concretó. Cambios sobre la marcha llevaron a confusiones y paranoia por parte de los secuestradores, que terminaron por soltar a Coronado.
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A las 4 de la mañana, sobre la ruta 8 en José León Suárez, sus captores le dijeron que se bajara del auto, que caminara sin mirar atrás. Coronado corrió con todas sus fuerzas: uno de los secuestradores apuntó, para darle un tiro de escopeta en el glúteo izquierdo. Coronado jamás vio la bala venir. Terminó internado en el hospital Castex. Otras voces hablan de un forcejeo, que Coronado había logrado zafar para huir.
Por lo visto, Núñez e Insaurralde tienen un historial de secuestrar, no cobrar y dispararle a sus víctimas. El juez Rodríguez y el fiscal Stornelli también los buscaban por otro hecho, ocurrido el 8 de mayo, en donde le habrían hecho lo mismo a su eventual víctima que a Lucas Coronado. Una pareja de novios fue raptada en Núñez, para luego ser trasladada a José C. Paz. La dupla habría negociado un rescate, que no se concretó. Como represalia, le dispararon al chico. El prontuario no cierra aquí: habría otros hechos tanto en Capital como en la provincia de Buenos Aires también vinculados a Núñez e Insaurralde.
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