
“¿Qué te puedo decir? A mí todavía no me entra en la cabeza no verla más. Todo el tiempo pienso en ella, a cada segundo. Todo lo que hago lo hago pensando en ella. Para mí era el centro de mi vida. Y me falta eso. Dicen que el tiempo cura. Pero hace un año que partió y a mí me parece que fue ayer. Es muy difícil. Mi vida es muy difícil en este momento. Aún teniendo afectos grandes, como hijos, nietos y demás, porque no es lo mismo. Ella era mi amor. Mi amor. Mi amor de toda la vida", dice Arturo Puig en diálogo con Infobae, sin poder, ni querer, disimular su dolor frente al primer aniversario de la muerte de su esposa, Selva Alemán.
La prestigiosa actriz falleció el 3 de septiembre de 2024, a los 80 años de edad, de manera repentina. Unos días antes, había posado junto a su marido en la alfombra roja de la entrega de los Premios Sur que había tenido lugar en el Teatro Politeama. Y nada podía hacer suponer que esa sería la última vez que se la vería en público. Sin embargo, en la mañana de ese día comenzó a sentirse mal. Y, tras dos controles médicos realizados en su domicilio, en horas de la tarde fue trasladada a la Clínica Zabala, donde sufrió un infarto que desembocó en el más triste desenlace.
Para Arturo fue un golpe muy duro, que hasta el día de hoy sigue sin poder asimilar. Selva no estaba enferma ni tenía ningún antecedente cardíaco. Por el contrario, por esos días venían de protagonizar Largo viaje de un día hacia la noche en el Teatro San Martín y tenían planeado desembarcar con esa obra en Mar del Plata para la temporada de verano. Entonces Puig se quedó solo y sin proyecto. Y, para tratar de lograr que saliera de su angustia, su amigo Carlos Rottemberg le propuso encabezar Visitando al Sr. Green, junto a Facundo Arana. Pero, pese a que lo intentó, en ese momento no tuvo la fuerza suficiente como para afrontar ese desafío.

“Fue un amor a primera vista. Cuando nos dimos la mano, sentí que me reencontraba con alguien de mi familia. Nos conocimos en el ensayo. No lo había visto nunca, pero me parecía que lo conocía de toda la vida”, había confesado Selva en una de sus últimas entrevistas, al ser consultada por su historia junto al hombre con el que compartió ni más ni menos que cincuenta años. La vida los cruzó en 1974, cuando se encontraron en la lectura de guion de la telenovela Fernanda, Martín y nadie más. Y Cupido se encargó del resto.
Sin embargo, en aquel momento ambos tuvieron que ponerle freno a sus sentimientos. “Pasamos meses disimulando hasta que un día fuimos a tomar un café a un barcito de Olleros y Libertador. Hablamos, pero era todo un tema. Yo tenía dos hijos chiquitos”, reconoció años más tarde Arturo, que en entonces estaba casado y ya era padre de Ximena y Juan. Pero la realidad es que el amor que sentían el uno por el otro era imposible de ocultar. Y, finalmente, terminaron juntos, convirtiéndose en una de las parejas más emblemáticas de la farándula.
No tuvieron hijos porque el destino así lo quiso. “No pude, tuve problemas físicos. También tuve varias operaciones, quistes de ovario. No pude. Impactó mucho. Por suerte yo hice terapia y eso me ayudó muchísimo”, había contado Selva al ser consultada sobre el motivo por el que no había sido mamá biológica. No obstante, le brindó su cariño a los descendientes de Arturo. Y se casó con él 30 de abril del 2001, día de su cumpleaños, sellando de esta manera una unión que iba mucho más allá de los papeles y los formalismos.

Selva y Puig eran, sin lugar a dudas, el uno para el otro. Tuvieron, puertas adentro, sus idas y vueltas como cualquier matrimonio. Y en un momento optaron, justamente para preservarse, por no trabajar más juntos. La pandemia de covid-19, sin embargo, los hizo dejar de lado esta decisión, ya que para evitar contagios preferían no vincularse con otras personas. Así fue como volvieron a subirse a un escenario, el del Multiteatro, para hacer Cartas de amor. Y la experiencia fue tan buena que decidieron seguir compartiendo el trabajo, además de su vida personal. En definitiva, él es uno de los actores más reconocidos de la Argentina. Y ella, era una de las actrices más admiradas por el público.
Nacida el 30 de abril de 1944 en Buenos Aires como Selva Carmen Giorno, la actriz era hija de la recordada Carmen Vallejo y de Roberto Denegri, a quien apenas conoció, por lo que adoptó el apellido artístico de Oscar Alemán, el hombre que la crio y a quien ella consideraba su verdadero padre. Desde muy chica, pese a que su madre hizo todo lo posible por persuadirla de lo contrario, supo cuál era su vocación. Se afilió a la Asociación Argentina de Actores en 1961. Y desde entonces no paró de trabajar. Nuestra galleguita, Mujercitas, Situación límite, Atreverse, Alta Comedia, Son amores, Lalola, La bonita página y Tiempo final, son solo algunos de los trabajos que hizo en televisión. En cine, participó en películas como Pimienta, Contar hasta diez, La isla, El grito de Celina, La murga, El último piso, Mamá querida y Objetos. Y se lució en teatro con obras como Una cierta piedad, ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, Las troyanas, Le Prenom, Darse cuenta, El precio, Sonata de otoño, Reconocernos y Tres hermanas.
A lo largo de su carrera, Selva obtuvo varios reconocimientos. Recibió tres Premios Martín Fierro, como protagonista en drama por Fiscales en 1998, como participación especial femenina por su labor en Tiempo final en 2002 y como actriz protagónica en Malparida en 2010. En 2003, el sindicato le entregó el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable junto con el Senado de la Nación. También fue galardonada con el Konex de Platino 2011 como actriz de televisión de la década. Y recibió el ACE de Oro como actriz protagonista en drama y/o comedia dramática por Madres e hijos, en 2015.

Pero Selva no sólo dejó una huella por su capacidad profesional, sino también por su calidad humana. Era, sin lugar a dudas, una gran estrella. Pero siempre tuvo su ego muy bien domado y hacía gala de su sencillez y su don de gente. En la ficción fue desde la más impactante heroína de telenovela hasta la más odiosa de las villanas. En la vida real, siempre fue una mujer simple, amorosa y trabajadora, de la que todos los que tuvieron la suerte de conocerla guardan un hermoso recuerdo.
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