
Corría el 14 de enero del año 1934. Carlos Gardel, ya consagrado como cantante de tango y pisando fuerte como actor en Hollywood, había llegado a Nueva York para realizar una actuación en los estudios de la cadena de radio NBC. En ese momento, un joven llamado Francesco Albertino Sinatra Garaventa irrumpió en el estudio. Según dijo, era un admirador del cantante oriundo del Río de la Plata y solo quería conocerlo. Entonces, el Zorzal Criollo tuvo un gesto que cambió para siempre la vida de este muchacho, que parecía destinado a perderse entre las malas influencias de las calles de la ciudad que nunca duerme. ¿Mito o realidad? Quizá nunca se devele. Pero, sea como fuere, la historia bien merece ser contada...
El Morocho del Abasto tenía por entonces unos 43 años -siguiendo la teoría que asegura que nació el 11 de diciembre de 1890 en Toulouse, Francia, para luego emigrar con su madre, Bertha, a la Argentina-. Y estaba lejos de imaginar que, apenas un año y medio medio más tarde, un accidente de avión le pondría un final abrupto a su vida. Sin embargo, al ver a este muchacho que lo miraba con ojos ilusionados, como pidiéndole ayuda de manera inconsciente, se conmovió. Y aceptó mantener una charla con él, en la que mezclando un poco de castellano y otro poco de inglés, logró convencerlo dejar de lado el mundo del hampa para probar suerte como artista. Como si, sin saberlo, le estuviera entregando su legado.
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Dicen que fue Nancy Barbato, futura esposa de Sinatra y madre de sus tres hijos, Frank Jr., Nancy y Tina, quien le dijo a Gardel que su novio “también cantaba”. Y que Carlitos, viendo en este muchacho de 19 años un reflejo de su propia juventud, le habría pedido que le entonara algún tema a capela. Él lo hizo. Y el Zorzal Criollo quedó deslumbrado por su talento, que era absolutamente indiscutible. Así que no dudó en aconsejarle que se inscribiera en el concurso de artistas Major Bowes Amateur Hour que tenía lugar en la radio que lo había contratado a él y que estaba en la búsqueda de nuevos artistas.

Frank, apócope con el que se lo conoció desde entonces, no tenía ni idea de la existencia de esa competencia. Tampoco se imaginaba que, participando de ella, podría lograr un pase directo a la fama. Pero se anotó, porque no estaba dispuesto a defraudar a su ídolo, quien además lo había recomendado en la emisora como si fuera su discípulo. Y se presentó junto al trío Three Flashes, que lo acompañó bajo el nombre de Hoboken Four durante su performance. ¿El resultado? Como era de esperar, Sinatra terminó quedándose con el primer puesto, logrando que el programa lo patrocinara en su primera gira. Y, aunque luego abandonó el tour por diferencias con sus compañeros, entendió que su futuro estaba en los escenarios llenos de luces, frente al público, y no en los oscuros callejones que frecuentaban los malandrines.
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Gardel, como es sabido, nunca llegó a ver el éxito de su admirador. De no haber sido sorprendido por una muerte prematura, seguramente se hubiera sentido muy orgulloso de él. Y hasta es probable que ambos hubieran compartido algún dueto o, por qué no, que hubieran trabajado juntos para algún film. Pero el tanguero partió demasiado pronto, convirtiéndose en una leyenda. Y, desde ese instante, Sinatra lo llevó grabado a fuego en su corazón. “Me salvó la vida”, eran las palabras que utilizaba cada vez que alguien hacía referencia a él.
Muchos años después, mediante una gestión poco feliz en términos económicos de Palito Ortega, Frank visitó la República Argentina para realizar una serie de cuatro shows en el Salón Libertador del Hotel Sheraton y dos en el Estadio Luna Park. Era el mes de agosto de 1981. Y, según trascendió, el hombre nacido en Nueva Jersey habría aprovechado un momento libre para ir a recorrer las calles del Abasto que habían visto crecer a Carlitos. Es más, muchos aseguran que al pasar por la esquina de Jean Jaures y Corrientes, se le escuchó murmurar: “Thanks for helping me to live, Mr. Gardel” (”Gracias por ayudarme a vivir, Sr. Gardel”).
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¿Por qué el intérprete de Mi Buenos Aires querido habría querido rescatar a Sinatra? Simplemente, porque él también había estado a punto de dejarse llevar por las malas compañías. Aunque la vida del cantante tiene un sinfín de incógnitas aún sin resolver, según una investigación realizada por Raúl Torre y Juan José Fenoglio, hay documentos que acreditan que Gardel habría estafado a varias personas con “el cuento del tío” del heredero que necesita dinero para pagar un pasaje y poder viajar a cobrar una gran fortuna al menos en dos oportunidades, en 1904 y 1915. Y que habría sido identificado en las actas policiales como “el pibe Carlitos”, lo que luego lo habría motivado a fraguar tanto su apellido como su fecha y lugar de nacimiento para no ser identificado como un delincuente.
Lo cierto es que, ya consagrado como una estrella de la música con proyección internacional, el cantante habría logrado que gran parte de su prontuario juvenil fuera destruido. Sin embargo, él era plenamente consciente de que lo que lo había salvado de terminar entre las rejas, había sido la música. Y por eso, cuando tuvo frente a sus ojos a Frank, vio pasar por su mente la película de su vida. Eso lo instó a tratar de demostrarle que podía tener un futuro mejor. Y así fue como, finalmente, Gardel terminó pasándole a Sinatra la posta de una carrera que la tragedia no quiso que él mismo pudiera continuar. O, al menos, eso cuenta la historia...
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