Mujeres sin red que consumen en el embarazo, bebés que nacen con síndrome de abstinencia: una sociedad rota, un síntoma que no se ve

En 2023, un equipo periodístico de la revista Anfibia investigaba para un podcast de lactancia cuando encontró un dato que no esperaba: el consumo de sustancias psicoactivas es uno de los pocos motivos por los cuales se prescribe la interrupción del amamantamiento. Así supieron que había bebés que iniciaban la vida abstinentes porque las madres consumían en la gestación. El impacto fue tal que decidieron dedicarle al tema un capítulo de un nuevo podcast que fotografía la realidad. Su guionista, la periodista Julia Muriel Dominzain, cuenta con qué se encontraron

Vista en blanco y negro del pie de un recién nacido con una pulsera de identificación colocada en el tobillo.
Según el Ministerio de Salud entre el 5% y el 10% de las personas gestantes dice haber usado drogas ilícitas durante el embarazo. En poblaciones vulnerables y de riesgo el número puede escalar hasta el 40% (Imagen ilustrativa Infobae)
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Un bebé que llora. Que llora sin consuelo.

No llora porque acaba de nacer y se quedó sin el abrigo de las entrañas de su madre ni el latido de su corazón que lo acuna hace meses y es el único terreno conocido. No llora porque los bebés lloran. Porque no entiende dónde está. No llora porque la luz y el sonido del mundo, sin la amortiguación de las membranas que lo protegían dentro del útero, son estridentes, son demasiado. No llora porque tiene hambre ni porque tiene sueño.

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Llora un llanto diferente. Uno imparable.

Llora una calma imposible.

Llora porque tiene abstinencia.

Y no es uno. Son más. Cada vez más.

Un bebé recién nacido duerme en una incubadora transparente, conectado a cables y sensores médicos, con monitores a su alrededor.
En Argentina, y otros países del mundo, cada vez son más los bebés que nacen con Síndrome de Abstinencia Neonatal por la falta repentina de las sustancias psicoactivas que recibieron durante la gestación (Imagen ilustrativa Infobae)

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“¿Qué no consumía? Todo lo que sea droga, lo consumía yo. Y recaí mal, mal, mal, mal, mal, llegué a pesar 40 kilos (...). Estuve ocho años en consumo. Perdí a mi abuela, perdí bebés, me operaron, casi me muero. Recaí en la violencia con el papá de mis hijos...”.

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Son fragmentos del testimonio de Cintia. Una de las mujeres que el equipo de Anfibia entrevistó para el primer episodio del podcast Lo real real / crónicas del estado emocional argentino, conducido por Cristian Alarcón. Un ciclo que busca ser una fotografía emocional de nuestros días. “¿Será que para entender lo que somos, hay que mirar lo que preferimos no ver? ¿Estamos tan rotos? ¿Queda salida?”, se preguntan en la presentación.

La historia de Cintia, que logró salir del abismo, que debió enfrentar prejuicios por haber sido adicta, impacta desde el comienzo. Cuando los periodistas le preguntan por el primer recuerdo de su infancia ella se ríe y menciona a su abuela Juana, el momento en que le enseñó a tomar mate. Al instante cuenta un pasado demoledor que desembocó en un devenir demoledor: “Mi mamá no me quería”. Su abuela era, para ella, el amor. Cuando murió, Cintia no tenía a dónde ni con quién ir.

Formó pareja, quedó embarazada, intentó “armar una familia”. Sin recursos empezó a consumir.

“Yo no dormía. Me quedaba amanecida, iba en mal estado a llevarlos al jardín”, cuenta.

“La mamá de Cintia denunció la desprotección de los nietos en la Justicia y ella se los entregó para que los cuidara, porque estaba cada vez peor”, escribe Julia Muriel Dominzain, periodista y guionista de los podcast La teta contra Goliat y Lo Real Real, ambos de Revista Anfibia, en “Nacer con abstinencia”, la crónica que reproduce la investigación que realizaron para “Rotos”, el episodio del podcast que habla sobre esto.

La historia de Cintia continúa.

“Estuvo varios años sin sus hijos. Hasta que un día, de gira, se miró en el espejo. Era piel y hueso. Sintió que era un límite y se dijo: ‘¿Flaca, qué estás haciendo? ¿No te das cuenta? (...) ¿Te vas a seguir haciendo mierda hasta morir?’”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las estadísticas disponibles muestran principalmente el consumo de tabaco y alcohol durante el embarazo pero el aumento del consumo de sustancias psicoactivas en personas gestantes es un hecho. El medio cordobés "Ruido" relevó tres provincias (Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires) y encontró que en un año los análisis toxicológicos positivos habían aumentado 128% (Imagen ilustrativa Infobae)

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—En el año 2023 —dice al otro lado del teléfono Julia Dominzain a Infobae— estábamos realizando con Revista Anfibia unas entrevistas en una investigación sobre lactancia para un podcast que se llama La teta contra Goliat, y que ya va por su segunda temporada. Y fue en una de esas conversaciones, en un hospital en la provincia de Buenos Aires, que unas médicas nos contaron que el consumo durante el embarazo y la etapa de amamantamiento es uno de los pocos motivos por los cuales se indica la suspensión de la lactancia, al menos provisoriamente. Hablando sobre eso nos mencionaron no solo la existencia del síndrome de abstinencia en bebés recién nacidos, sino que en los últimos años ellas venían notando un aumento muy exagerado de ese fenómeno.

El dato los impactó.

—No era algo que veníamos viendo en los medios, entonces nos quedó, como nos quedan a los periodistas esas cosas, en borrador en la cabeza. Y al año siguiente, cuando empezamos a hacer el podcast Lo real real, y a buscar historias que contaran el momento actual y el estado emocional de la Argentina hoy, automáticamente en una reunión de sumario surgió y dijimos: “Este tema es uno de los que hay que investigar”.

Eso hicieron. Trazaron el mapa con los distintos caminos a abordar: cifras para contrastar con la realidad lo que les habían dicho las médicas —“y efectivamente así era. En varios lugares del país hay datos que demuestran este aumento bastante abrupto, muchos nos decían ‘a veces tenemos la neo colapsadas por estos casos’— ; otros hospitales para indagar la situación en diferentes sitios, averiguar causas y efectos, hablar con fuentes especializadas e intentar comprender cómo impactan las sustancias en los recién nacidos, qué les puede suceder, y qué pasa con sus madres luego; organizaciones dedicadas a contener a esas mujeres y a disminuir los daños —“nos parecía muy importante tomar en cuenta cómo lo enfocan ellos, porque obviamente la perspectiva desde la cual investigamos no es la criminalización de estas mujeres, sino tratar de entender qué posibilidades hay hoy en Argentina para las madres, para pensar por qué estos consumos ocupan el lugar que ocupan”—; y, por supuesto, las protagonistas, las mujeres que atraviesan la falta. Esa que intentan cauterizar con el consumo.

—Eso para nosotros era clave. Quisimos hablar con mujeres que hubieran consumido durante su embarazo porque nos parece, desde lo periodístico, que es el testimonio más interesante: preguntarle a ellas cómo fue su historia y no teorizar. Un poco la tarea periodística es esa.

Mujeres como Cintia.

Los bebés que nacen con abstinencia lloran un llanto sin consuelo, que nada ni nadie puede calmar. “Están inquietos, tiemblan, les cuesta respirar, convulsionan”, enumera la periodista Julia Muriel Dominzain (3Pix Studio Associato Di Garelli, Maccolini e Pian)
Los bebés que nacen con abstinencia lloran un llanto sin consuelo, que nada ni nadie puede calmar. “Están inquietos, tiemblan, les cuesta respirar, convulsionan”, enumera la periodista Julia Muriel Dominzain (3Pix Studio Associato Di Garelli, Maccolini e Pian)

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Uno de los sitios de salud a los que acudió el equipo de Anfibia fue el Hospital Gobernador Domingo Mercante, de José C. Paz. Ahí conversaron con Patricia Rosenberg, directora asociada, que les confirmó la escalada veloz de los casos de consumo durante el embarazo y los bebés con Síndrome de Abstinencia Neonatal (SAN). También les dijo “que es mejor dejar de hacer como que no lo vemos”, escribe Dominzain antes de volcarse a los números para verlos.

En el podcast, en la nota, señala que aunque las estadísticas muestran principalmente el consumo de tabaco y alcohol, “según el Ministerio de Salud entre el 5% y el 10% de las personas gestantes dice haber usado drogas ilícitas durante el embarazo”. Cuando los exámenes toxicológicos analizan a las “poblaciones de alto riesgo, el número puede trepar hasta 40%”.

Sucede en todo el mundo. El consumo comienza a difuminar la brecha de género en la que los varones llevaban la delantera. “En Estados Unidos, en plena crisis de opioides, ya existen centros especializados para atender a bebés con Síndrome de Abstinencia Neonatal”. “En marzo de 2025, en un hospital del conurbano bonaerense, había cinco incubadoras con bebés ‘judicializados’. En otro, ocho habían quedado ‘abandonados’ en neonatología, la mayoría por adicciones de sus madres, y las enfermeras pedían donaciones”, escribe en la nota.

—Respecto de las cifras —dice ahora Dominzain— agrego que el medio cordobés Ruido hizo un relevamiento en tres provincias, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, y en un año habían aumentado 128% las muestras positivas. O sea que realmente el aumento es bastante objetivo y generalizado.

La escena que inicia la crónica es una imagen nítida. Una piña en la cara.

“Ana trabaja en neonatología de un hospital público desde hace 29 años. En la puerta de la sala hay una cámara que médicas y enfermeras instalaron artesanalmente. Una noche Ana se pone a ver la grabación y algo le resulta extraño. Mira una y otra vez: ¿es lo que ella cree? Retrocede y vuelve a poner play hasta que no le quedan dudas. Un hombre le vende droga a una mujer que tiene a su bebé en neo. La escena (real) es una parábola contemporánea: aumentó el consumo en mujeres embarazadas y puérperas que termina con niños recién nacidos internados por Síndrome de Abstinencia Neonatal (SAN)”.

Esa imagen, los datos, las historias que condensan. No son átomos aislados. A ese hueso va la investigación. Son un síntoma ciego, una consecuencia de los días. De estos días.

Que cada vez más mujeres sean adictas y consuman, desesperadamente, aún embarazadas, aún dando la teta, aún con sus bebés en una incubadora o conectados a un respirador, es una respuesta a un entramado social agujereado. Un agujero por el que se caen.

—Sobre las mujeres con las que hablamos —dice la periodista— nos ocurrió que coincidían con las cifras que demuestran la vulnerabilidad de las mujeres en esta época en Argentina: ocho de cada diez hogares que son monoparentales están a cargo de una mujer, y ese era el caso de las dos madres que entrevistamos. Y también lo unimos con el otro dato que muestra que la mujer dedica diez horas y diez minutos por día a los cuidados, mientras que los varones dedican tres horas y media, en promedio. Esa brecha de género económica estaba muy clara en estos casos.

Drogas, medicamentos, estupefacientes, opioides, pastillas - Imagen Ilustrativa Infobae
En todo el mundo el consumo comienza a difuminar la brecha de género en la que los varones llevaban la delantera. “En marzo de 2025, en un hospital del conurbano bonaerense, había cinco incubadoras con bebés ‘judicializados’. En otro, ocho habían quedado ‘abandonados’ en neonatología, la mayoría por adicciones de sus madres, y las enfermeras pedían donaciones”, escribe Dominzain (Imagen ilustrativa Infobae)

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Los bebés que nacen con abstinencia por la falta repentina de sustancias psicoactivas que recibieron durante la gestación lloran un llanto sin consuelo.

“Están inquietos, tiemblan, les cuesta respirar, convulsionan”, escribe Dominzain en la nota. Tienen “fiebre, diarrea, vómitos. No duermen”. Y quedan en una situación de “judicialización”.

—Lo que nos indicaban los especialistas —dice al teléfono— es que es difícil establecer la relación causa - consecuencia porque el desarrollo de los embriones y de los bebés tiene en cuenta un montón de factores ambientales, genéticos, de salud de la madre, de la familia, entre muchos otros. Pero hay algunos trabajos que muestran lo que ellos llaman un espectro de efectos, por ejemplo, restricción de crecimiento uterino, partos adelantados, bajo peso al nacer, microcefalia, déficit de lenguaje, déficit de la atención. También aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante. Lo que nos impactó mucho es que las propias mujeres que trabajan en neo nos decían: ‘Es un bebé que tiene un llanto que no cesa con nada’. No es el típico llanto de bebé que se calma haciéndole upa o alimentándolo o tomando la teta o distrayéndolo o arropándolo. Es un llanto que no se calma.

En los hospitales, explica en la investigación, el abordaje que realizan con las mujeres con consumo problemático durante el embarazo, el puerperio o la lactancia, es en equipos interdisciplinarios: trabajan en conjunto con el servicio de salud mental Ramón Carrillo y con la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar).

No es una. No es un caso aislado. Es un problema de salud pública.

Dominzain menciona una campaña lanzada en 2025 por la Sociedad Argentina de Pediatría para concientizar. Desde el organismo enumeraban entre las sustancias perjudiciales que pueden afectar el desarrollo del embarazo “alcohol, marihuana, cocaína, éxtasis, ácido lisérgico”. Y eran determinantes: “No existe dosis segura dentro de las sustancias psicoactivas y esto puede ser desencadenante de complicaciones obstétricas (...) como la restricción de crecimiento intrauterino, abortos, partos prematuros, eclampsia, entre otros trastornos que pueden comprometer la vida del binomio”.

La periodista aclara que el asunto no busca condenar el consumo, que no está penado, sino considerar cómo afecta al feto en el embarazo y, una vez nacido, qué hacer en esos casos con la lactancia, ya que las sustancias pasan mediante la leche al organismo del bebé.

Los materiales que encontraron en la investigación coinciden en la dificultad de determinar con exactitud las consecuencias de las drogas por la incidencia del resto de los factores que participan en la gestación y el desarrollo del embrión (la genética de la persona gestante, la edad, la etapa del embarazo al momento del consumo, el tipo de sustancia). También coinciden en el “espectro de efectos” posibles.

Los testimonios que recogieron coinciden en algo más: “A esos bebés no hay quien los calme”, les dice Gisella Perez, psicóloga del Hospital Berazategui. “Es como que dicen: mirame, mirame”.

Aunque los especialistas indican que es difícil determinar con exactitud las consecuencias de las drogas por la incidencia del resto de los factores que participan en la gestación, hablan de un "espectro de efectos" entre los que señalan el retraso de crecimiento uterino, partos adelantados, bajo peso al nacer, microcefalia, déficit de lenguaje, déficit de la atención (Impresión de pantalla)
Aunque los especialistas indican que es difícil determinar con exactitud las consecuencias de las drogas por la incidencia del resto de los factores que participan en la gestación, hablan de un "espectro de efectos" entre los que señalan el retraso de crecimiento uterino, partos adelantados, bajo peso al nacer, microcefalia, déficit de lenguaje, déficit de la atención (Impresión de pantalla)

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El día que Cintia se enfrentó al espejo y en lugar de solo mirarse se vio y se preguntó qué estaba haciendo con su vida, fue revelador. En ese momento decidió que por ahí no era y empezó su proceso de recuperación.

No fue sencillo. Cuando quiso ver a sus hijos, su madre, que los tenía bajo su custodia, se negó.

Las puertas cerradas, la desconfianza del entorno, la culpa culpa culpa de la maternidad, y específicamente de esa maternidad. Pero Cintia estaba dispuesta.

Cuando un día se empezó a sentir mal y fue a un hospital supo que estaba embarazada. Algo que había deseado: una especie de revancha.

“Le pedía a Dios todos los días de que quería volver a ser mamá para una nueva oportunidad de vida”, dijo al equipo de Anfibia.

Cuando nació Oseías estaba limpia. Su análisis toxicológico dio negativo. Pero el pasado muy reciente y la denuncia anterior por la desprotección de sus hijos le respiraban en la nuca. Debía esperar a que la Justicia se pronunciara y decretara si estaba o no en condiciones de cuidar a su bebé. La respuesta no llegaba y ella, que seguía internada, empezó a irritarse.

“No venía la asistente social, no venían del juzgado y yo tenía ganas de matar a todo el mundo, sinceramente. Me peleé con una doctora porque me dice que yo estaba enferma (...). Y le digo: ¿Por qué me decís así? ¿Porque soy una exdrogadicta? ¿Tengo un mal prontuario?”.

“La única que se animó a abrir la puerta de la habitación del hospital, porque Cintia gritaba y gritaba”, escribe Dominzain, fue Guillermina, puericultora del Hospital materno infantil de San Isidro y fundadora de Alégrate Madre, una organización que ayuda a embarazadas en situación de vulnerabilidad.

Cintia echaba chispas: había puesto todo de sí, se había desintoxicado y quería maternar a su hijo sin ser castigada por haber consumido antes. Guillermina le dio su palabra: se iba a ir con su bebé.

Los grupos que acompañan a mujeres que atraviesan situaciones similares y trabajan en reducción de daños lo hacen desde la perspectiva de no criminalizarlas: buscan acercarles recursos, “herramientas de cuidado”, para sanar.

Cintia salió de ahí con su hijo en brazos.

Primer plano de una mano de piel clara sobre una mesa de madera, sosteniendo pastillas blancas, azules y rosas, con un frasco de medicamento naranja borroso detrás
Que cada vez más mujeres sean adictas y consuman, desesperadamente, aún embarazadas, aún dando la teta, aún con sus bebés en una incubadora o conectados a un respirador, es una respuesta a un entramado social agujereado. Un agujero por el que se caen (Imagen ilustrativa Infobae)

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Cuando los periodistas la visitaron en su casa en Villa Adelina, “un ambiente con piso de cemento y una sola ventana”, con “una cucheta y una cama para sus tres hijos más grandes, y un futón abierto en el que duerme ella con su bebé de casi un año”, era otra mujer. Una que cría, que cuida, que ordena.

—Patricia Rosenberg nos decía esta frase que a mí me encantó —cuenta Dominzain—: “Hay que correrse del prejuicio de que la que consume no desea maternar, porque no tiene que ver una cosa con la otra”.

Cualquiera que lo haya atravesado, o haya tenido a una mujer embarazada o puérpera cerca, lo sabe: gestar vida es un acontecimiento que escarba tan adentro, que remueve tan profundo, que así como puede desestabilizar puede lograr que las personas cambien su vida por completo.

—En los testimonios, lo que nosotros encontramos fueron historias de mujeres que, paradójicamente respecto de lo que se puede pensar por sentido común, habían encontrado en esas maternidades una oportunidad de desenroscar sus relaciones problemáticas con el consumo de ese primer momento. Una oportunidad para rearmarse, para reconstruirse.

Hacerlo solas es muy difícil.

Cuando las políticas públicas no alcanzan, no resuelven; los grupos de apoyo como Alégrate Madre, los centros que acogen a mujeres en recuperación, embarazadas o con niños pequeños, que las reciben con sus bebés, son sitios donde encuentran red. Una mirada que en vez de juzgar les acerca modos de hacerlo. Que les da un voto de fe.

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