
Cruzar un semáforo amarillo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no siempre implica recibir una multa. El principal criterio legal señala que no constituye infracción si el conductor inicia el cruce antes de que la luz roja esté encendida y completa la maniobra sin obstaculizaciones.
El Código de Tránsito y Transporte de CABA establece que la luz amarilla tiene carácter preventivo y advierte sobre el inminente paso al rojo. Ante el encendido del amarillo, el conductor debe detenerse antes de la intersección, salvo en dos situaciones: si ya comenzó a cruzar o si una frenada brusca pondría en riesgo de colisión con otro vehículo. Este deber responde a la obligación de precaución, que exige mantener el dominio del rodado y evitar maniobras abruptas ante el cambio de señal.
La normativa diferencia entre amarillo fijo —impone obligación de detenerse salvo riesgo o cruce ya iniciado— y amarillo intermitente, que exige reducir la velocidad y extremar la atención.
El cruce en amarillo puede derivar en multa si el vehículo atraviesa la línea de detención cuando el semáforo ya está en rojo. Si el auto aún no ha ingresado a la intersección antes del cambio, la sanción se configura. Quedarse detenido en la bocacalle tras el cambio a rojo puede considerarse obstrucción de la intersección, y frenar sobre la senda peatonal representa una infracción adicional vinculada a la protección del peatón. Además, existen circunstancias excepcionales —como la proximidad de un vehículo detrás que obligue a avanzar, o emergencias debidamente acreditadas— que pueden ser evaluadas de forma particular por la autoridad administrativa.
Cómo funcionan las fotomultas por semáforo en amarillo en la Ciudad de Buenos Aires

Las cámaras de fiscalización electrónica instaladas en puntos críticos de la ciudad actúan solo cuando el semáforo está en rojo. El sistema PhotoRED, mediante sensores electrónicos, registra el cruce únicamente si se supera la línea de detención con la luz roja encendida. Para formalizar la fotomulta, se recopilan varias imágenes y, en ocasiones, secuencia de video. Cada presunta infracción es revisada por un inspector antes de que la multa se considere válida, para descartar errores y constatar eventuales causas justificadas, como el paso de vehículos de emergencia.
El intervalo de luz amarilla en la Ciudad de Buenos Aires varía entre tres y cinco segundos según cada arteria, llegando en algunas avenidas anchas hasta seis segundos. Este margen técnico, conocido como zona de dilema, obliga al conductor a decidir si frena o avanza, considerando distancia, velocidad y condiciones del cruce. En esquinas de gran porte, tras el amarillo puede programarse un “todo rojo” de varios segundos para despejar la intersección y evitar conflictos con el tráfico transversal.
La multa mínima por cruzar un semáforo en rojo en 2026 parte de 300 Unidades Fijas (UF), equivalentes a $242.169, y puede llegar a 1.500 UF ($1.210.845) en situaciones de reincidencia o maniobras agravadas. Si el infractor opta por el pago voluntario, accede a una reducción del 50% sobre el monto base. El valor en pesos de la UF puede variar según el precio de la nafta
Además de la sanción económica, atravesar el rojo implica una quita de cinco puntos en el sistema de scoring puntos licencia vigente en CABA. Acumular 20 puntos perdidos deriva en la inhabilitación temporal para conducir; el saldo puede recuperarse en parte mediante cursos online, o en su totalidad tras dos años sin faltas.

El sistema de defensa administrativa permite realizar un descargo administrativo por web o audiencia virtual. El automovilista puede argumentar, por ejemplo, que frenar habría generado un riesgo inminente de accidente, que hubo fallas en la señalización o que hubo confusión en el tiempo del amarillo. Sin embargo, presentar descargo implica perder el beneficio de reducción por pago voluntario, aunque habilita la posibilidad de que la infracción sea anulada si se documenta un motivo válido. También es posible impugnar la multa por errores en la identificación del vehículo, defectos en las imágenes o urgencias certificadas.
El cruce en amarillo implica, además, consecuencias civiles en caso de un accidente. En un litigio, el hecho de avanzar en amarillo puede interpretarse como una actitud negligente si el conductor no tenía garantía de completar la maniobra antes del rojo. Para conductores de colectivos y taxis existen exigencias de precaución más estrictas y sanciones agravadas si el cruce deriva en un siniestro.
Asumir la luz amarilla como un llamado a la preparación y no al apuro, y optar ante la duda por la detención, minimiza riesgos operativos, económicos y legales y contribuye a una movilidad más segura en el entramado urbano.
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