
Cayetano, que desde niño ya prometía como talentoso músico y compositor, que transitaría por diversas bandas militares, que enseñaría música y que organizaría orquestas, sería el compositor de la famosísima Marcha San Lorenzo. Pero detrás de ese talento, había una vida de estrecheces económicas y una lucha por ser admitido en cargos para los que estaba más que calificado. Debió malvender los derechos sobre la marcha y, eternamente pobre, murió el 12 de enero de 1920. Y como era negro, hijo de esclava, a la familia se le negó el derecho a ser enterrado en el panteón de la policía de Santa Fe, donde había revistado. Sus huesos terminaron en una fosa común.
Cayetano Alberto Silva había nacido el 7 de agosto de 1873 en San Carlos, Uruguay, donde estudió música. Se radicó en Argentina, donde trabajó como tipógrafo y como integrante de bandas en distintos puntos del interior del país.
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Se casó con Filomena Santanelli y tuvo ocho hijos. Fue músico en el Teatro Colón y director de la banda de distintos regimientos. Luego se desempeñó como director de la Banda de Policía de la provincia de San Juan. La de San Lorenzo no fue la única que compuso; hubo otras, como Curupaytí, Río Negro, 22 de julio y Tuyutí.
En 1898, se estableció en Venado Tuerto, ya que había sido contratado por la Sociedad Italiana de dicha ciudad para desarrollar actividades musicales. La primera persona que escuchó la marcha fue su pequeña hija, cuando la ejecutó en su violín.
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Cuando el ministro de Guerra Pablo Riccheri, que pasaría a la historia como el creador del servicio militar obligatorio, tuvo en sus manos la partitura de una marcha militar cuyo título era su propio apellido, se sorprendió.

“No le ponga mi nombre”, respondió Ricchieri, posiblemente por una cuestión de recato y pudor. “Póngale el lugar donde nací”, pidió. “¿Y dónde nació?”, preguntó el músico. “En San Lorenzo”.
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Así nacería la famosa Marcha San Lorenzo.
El 28 de octubre de 1902 fue estrenada oficialmente en el Convento de San Carlos, testigo del combate de San Lorenzo, con la presencia de las más altas autoridades oficiales. Y el Ejército Argentino la adoptó como marcha oficial.
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En reconocimiento, Ricchieri lo hizo nombrar director de la banda del Regimiento de Infantería 9, con asiento en Rosario. Cuando esta unidad participó de la revolución radical de 1905, perdió el empleo.
El mendocino Carlos Javier Benielli, amigo de Silva, fue el que el 27 de abril de 1907 le puso la letra.
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Lamentablemente, por apremios económicos había vendido por 50 pesos sus derechos sobre esa pieza musical. Nacionalizado argentino desde 1903, Silva era empleado policial. Para hacer frente a la difícil situación económica que pasaba, esperaba ser aceptado en la banda de música de la ciudad de Rosario, mientras tramitaba su reincorporación al ejército. Agobiado y deprimido porque no obtuvo ninguno de los dos nombramientos, falleció en Rosario el 12 de enero de 1920. Mientras tanto, su marcha adquiría fama mundial.
Permiso mediante, fue ejecutada en 22 de junio de 1911 en la coronación del rey Jorge V de Inglaterra y es ejecutada en el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham, costumbre que solo se interrumpió durante la guerra de Malvinas.
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Por las estrechas relaciones que mantenían los ejércitos argentino y alemán a comienzos del siglo XX, la Argentina le había obsequiado al gobierno alemán la marcha. En cortesía, ese país nos correspondió con la marcha Viejos camaradas. Cuando las tropas nazis ocuparon París el 14 de junio de 1940, lo hicieron al compás de la marcha de San Lorenzo. En desagravio, el general Eisenhower la hizo ejecutar cuando los aliados entraron a París en agosto de 1944.
Asimismo, la marcha está en el repertorio de las bandas militares de países de todos los lugares del mundo.
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Con respecto al autor de la letra, Benielli, dedicó su vida a la docencia. Tres escuelas llevan su nombre, una en la Ciudad de Buenos Aires y dos en Santa Fe. Falleció en 1934 y en 2005 sus restos fueron trasladados al cementerio de los franciscanos, en el paraje donde tuvo lugar la histórica batalla de los Granaderos de San Martín.
Para Silva, debieron pasar más de setenta años para ser debidamente homenajeado. En 1997, sus restos fueron trasladados al cementerio municipal de Venado Tuerto, donde tiene su estatua. La casa que habitó en esa ciudad se transformó en un museo regional y una escuela en Rosario que lleva el nombre del autor de la marcha más linda del mundo.
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