Blas Matamoro: “El primer libro que quemó la dictadura fue el mío”

El escritor tiene 84 años y vive en Madrid. Es una joya de la literatura argentina y de la lucha por la diversidad sexual que está siendo redescubierto. Blatt & Ríos va a editar “Olimpo” sobre Rosas, Roca, Perón, Susana Giménez e Isabel Sarli que fue quemado a pedido de un cura. En su casa de Once se fundó el Frente de Liberación Homosexual (FLH). “Estoy muy contento e intrigado porque los jóvenes se interesan por mi obra”, reivindica

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Blas Matamoro en un patio
Blas Matamoro en un patio con plantas que le recuerdan a su infancia y donde disfruta que los jóvenes vuelvan a leer sus libros / Adela Pantín

El 11 de enero de 1942 nació Blas Matamoro, en el corazón de Floresta. La calle Zelada lo vio crecer. A los 22 años se fue de su casa a vivir con compañeros y en su departamento se hizo la primera reunión del Frente de Liberación Homosexual (FLH).

Cumplió 84 años en un piso de Madrid, con un rincón de plantas de su infancia y ropa colgada que lo hace acordar a su patria y con la pasión por la música que comparte con su marido. Pero con un regalo muy especial: la reivindicación de su arte en un país del que se fue y en el que no se esperaba el desentierro victorioso de sus manuscritos entre jóvenes y lectores que lo entronizan como una joya de culto.

El editor Damián Ríos, de Blatt & Ríos, explica cuáles son las razones del fenómeno de Blas Matamoro, redescubierto como un tesoro literario: “Es uno de los muy buenos escritores argentinos de fines del siglo XX que sigue activo. Se tuvo que exiliar por la dictadura del 76´ y eso lo llevó a perder contacto con el medio argentino. Por eso, rescatar la obra y la figura de Blas Matamoro es saldar una cuenta con la cultura argentina”, destaca.

El libro "Fundidos a negro"
El libro "Fundidos a negro" ya se puede leer en Argentina en la edición de Blatt&Ríos

¿Cuáles son las virtudes perdidas por las consecuencias de la dictadura? “Tiene un modo de escribir y de argumentar que nos hace pensar en la elegancia de los intelectuales y escritores del Grupo Sur. (Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, etc). Además, es un escritor que se jugó mucho en su momento, en su casa se hizo la primera reunión del Frente de Liberación Homosexual (FLH) y es un placer leerlo”.

En Argentina ya se pueden conseguir “Las tres carabelas” y “La canción del pobre Juan”, de Editorial de Parado. También participó de la antología “Lo que queremos es que nos deseen. Narrativa argentina gay/queer del siglo XXI”, editado por Jorge Luis Peralta, en 2025, por el sello Egales, en Madrid y Barcelona, en homenaje a la frase de Néstor Perlongher: “No queremos que nos toleren ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen”.

Otras joyas que ya están a mano son las ediciones de la novela “Fundido a negro” y los cuentos “Taller de otoño”, de Blatt & Ríos que, en marzo, va a publicar “Olimpo”, un ensayo sobre Juan Manuel de Rosas, Julio Argentino Roca, Juan Domingo Perón, Susana Giménez e Isabel Sarli.

Se editó, en 1976, por editorial Corregidor y fue el primer libro censurado y prohibido por la dictadura militar. El libro jamás fue reeditado y se salvaron unos pocos ejemplares.

En el libro "Olimpo" hay
En el libro "Olimpo" hay una relectura de Yrigoyen, Perón, Rosas, Roca, Susana Giménez e Isabel Sarli

“En los olímpicos argentinos tenemos, al alcance de la mano, las dos aureolas sobre cada cabeza, la cumbre de la virtud insigne y el abismo del vicio más nefasto. Los horrores que se cuentan acerca de la crueldad de Rosas se unen a las calidades de corazón y de inteligencia más empinadas. Yrigoyen era el padre de los pobres y un explotador de viudas, bastardo de inmigración y hombre de pura estirpe. El folklore de admiración y repudio creado alrededor de la figura de Perón es demasiado próximo a nosotros como para ser más explicitado. Todos ellos fueron tabú, dioses solares y ocultos, divinidades propicias y demonios”, es un fragmento del libro.

En Argentina, Blas Matamoro, estudió la primaria, la secundaria, la carrera de Derecho, se recibió de abogado, poco después del golpe de Juan Carlos Onganía, el 28 de junio de 1966. Nunca militó con partidos políticos. Pero formó parte de la Comisión de Familiares de Detenidos Políticos (COFADE) en el que defendían a las víctimas de detenciones y persecuciones policiales. Se fue cuando llegaron los Montoneros porque no le gustaba la base común con la iglesia católica. “Yo no tenía nada que ver con eso”, diferencia.

-¿Cómo se fundó el Frente de Liberación Homosexual?

-El Frente fue una iniciativa de Héctor Anabitarte (escritor argentino), que se escapó a España y se radicó en Aranjuez, era amigo de Juan José Hernández y se contactó con Manuel Puig y con Juan José Sebreli y conmigo.

-Sebreli contó en una entrevista con Osvaldo Bazán sobre el inicio del FLH: “Lo llamo a mi amigo Blas Matamoro, que ahora vive en España, era el único que vivía solo en ese momento. Los demás vivían todos con las familias, como solía ser en el ambiente homosexual, por razones prácticas. En esa época eran muy pocos los departamentos de un ambiente, casi no existían”...

-Sí, yo vivía solo en Once, en la calle La Rioja, y vinieron a mi casa porque en las otras había familia y no era adecuado. Se fundó en el 71´y el objetivo era salir en los medios. No teníamos sede, ni personería jurídica. Era una federación informal de gente del medio que, con distintas perspectivas e ideologías muy distintas, empezaron a decir algo en público. El interés era darle publicidad de algo de lo que no se hablaba y ver si alguna vez se podían derogar las ordenanzas que daban lugar a persecuciones policiales.

Juan José Sebreli fue uno
Juan José Sebreli fue uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual, en 1971, en la casa de Blas Matamoro (Adrian Escandar)

-¿Cómo fue el choque con Montoneros?

-Yo no fui a recibir a Perón porque no era peronista, pero fueron algunos del Frente y los recibieron cantando “No somos putos, ni somos faloperos, somos hermanos de FAR y Montoneros”. Los sacaron a gorrazos.

-¿Qué implicó ser pioneros en las reivindicaciones sobre la diversidad sexual?

-El problema homosexual ningún partido lo tocó hasta el matrimonio igualitario, durante el kirchnerismo, antes, en todos lados, te sacaban a patadas, del Partido Comunista también. Se sabía que había políticos homosexuales pero no se hablaba, no podía tomar estado público. Constituíamos una comunidad dispersa, de segmentos marginales, con los negros y los judíos y nos consideraban personas no aptas para actividades sociales.

-¿Qué quedó de esta iniciativa en la dictadura militar?

-No hubo antes ni después hasta los años de la democracia, cuando vino de la dictadura se tuvo que dispersar. Manuel Puig se fue a México. Héctor y yo nos vinimos a España. En Argentina se quedó Sebreli. Néstor Perlonghuer se fue al Brasil. Se produjo una diáspora.

-¿Qué pasó con tu libro “Olimpo” que estaba olvidado y ahora se vuelve a editar?

-Nunca pensé que fuera de un gran valor cultural. Mi libro “Olimpo” fue el primero que prohibió la dictadura, en septiembre de 1976. El ejército lo quemó junto con 54 toneladas de libros en un quemadero que tenían en Sarandí, cerca de Avellaneda. Pero hubo algo por lo que se salvó el libro. En el contrato me decían que hacía 2.000 ejemplares y, en realidad, había hecho 3.000 y se habían distribuido. Los militares pidieron el contrato y se llevaron 2.000 para quemar. Pero quedaron los que estaban editados más allá del contrato. Ahora se va a volver a editar, 50 años después, por Blatt & Ríos, con un prólogo mío.

"Taller de otoño" es uno
"Taller de otoño" es uno de los libros publicados por Blatt&Ríos y "Olimpo" se va a sumar a la colección

-¿Por qué tomaste la decisión de exiliarte?

-Mi pareja de entonces desapareció durante una semana. Él me dijo “yo no puedo seguir viviendo en Argentina”. Vinimos a España. Él murió en 1994 y yo soy un superviviente.

-¿Sabes por qué prohibieron tu libro?

-Los dictámenes de la dictadura no se podían ver. Pero en el gobierno de Raúl Alfonsín pude consultar la justificación de la censura, de parte de alguien anónimo, en el Ministerio del Interior y la razón que se documenta es el pedido de un cura para que se prohíba el libro. En la edición, a 50 años de su publicación, vamos a reproducir el decreto que tiene un montón de cosas tremendas como que yo era un peligro para la cultura cristiana de Occidente y que tenían un informe de persona sospechosa.

-¿Por qué eras sospechoso?

-El libro se prohibió porque había que producir un efecto de terrorismo de estado de segundo orden y mostrar que también eran perseguibles las personas que no estaban en ninguna organización guerrillera, pero que eran sindicadas con la subversión moral o vagamente cultural. Había que mostrarle a la sociedad que nadie se iba a salvar de la represión, en consonancia con curas que pensaban que estábamos corrompiendo al país y había que eliminar esa producción.

-¿Qué alcance tenía la idea de “nadie se salva”?

-Horacio Salas estuvo exiliado en España y cuando se encontró a un amigo militar, cuando cayó la dictadura, le preguntó por qué se había tenido que ir. “No sé porque me amenazaron y nos tuvimos que escapar con mi mujer y mis tres hijos, yo no estuve en ninguna organización guerrillera”, le dijo. Y él militar le contestó: “Los reprimidos eran primero, militantes; segundo colaboracionistas de los militantes y el tercer escalón eran los pelotudos, a vos te reprimieron por pelotudo”. Yo también me considero de esa categoría de boludos.

Blas Matamoro escribe sobre ópera
Blas Matamoro escribe sobre ópera y música desde su casa de Madrid

-¿Por qué nunca más volviste a vivir a Argentina?

-Volví de visitante, pero no a vivir, porque la vida del migrante consintió en no morirse de hambre, ver dónde podía trabajar, ganarme la vida y comprarme un piso. Conocí a mi actual pareja en el 78´ y volver a Argentina significaba para mi compañero o deshacer el vínculo o ir a un país desconocido y deshacer todo lo construido con el medio social español. Además, la situación en Argentina ha sido de eternas crisis. Con la dictadura, con Malvinas, con el retorno de la democracia, con los intentos de golpe. No era muy atractivo decir “me voy” sin saber cómo trabajar. Con los años desaparecen los vínculos de trabajo y decidí que mi vida cotidiana estaba en Madrid.

-¿Como sentís la reivindicación de tu escritura?

-Nunca fui un escritor demasiado notorio, mis libros se defendieron solos, nunca estuve en Argentina. Me asombra y no termino de entender como dos generaciones más jóvenes se pueden volver interesadas de mi obra. Los libros de España no circularon con facilidad. Tengo formaciones culturales muy distinta a los jóvenes. Yo soy un tipo de formación clásica que se remontan a los grandes ejemplos. Me encuentro con gente de otras formas culturales que no tienen que ver conmigo ni con mi memoria.

-¿Qué sensaciones te trae la divulgación de tu obra a esta edad?

-Me quedo muy contento porque es una manera de renacer y estoy muy enigmático como se produce el encuentro entre un lector de 25 o 45 años que no sabe que cara tengo y que busca por las librerías de viejo o bibliotecas públicas mis libros y saca artículos de revistas. Jamás pensé que podían tomarme como referencia literaria. No se me habría ocurrido nunca que cosas que había publicado hace 30 o 40 años interesaran a editores como Mariano Blatt, Damían Rios y Francisco Visconti, gente más joven y con un bagaje de lecturas distinto al mío.

Blas Matamoro cree que es
Blas Matamoro cree que es una manera de renacer que su obra sea re-editada y re-leída por generaciones más jóvenes

-¿Estás contento?

-¿Qué te parece? Cuando tengas 84 como yo te vas a dar cuenta.

-¿Te repara la reconstrucción del vínculo con Argentina?

-Me resulta importante el vínculo con Argentina. Hay épocas que no se pueden sustituir. Uno no puede volver a ser niño, adolescente, estudiante, vivir un amor alocado o sensato, por primera vez, todo eso tiene lugar en puntos geográficos y de fechas de Buenos Aires. Las distintas etapas de la madurez se pueden repetir, hay cosas como vivir en un país extranjero o buscar un trabajo que la podés volver a hacer. Pero yo me tuve que ir de Argentina, con 34 años, ya había publicado, había terminado la universidad, había sido excluido del servicio militar por miope, trabajaba de abogado y tener que volver a dar examen fue una experiencia dura, que me desanimaba, pero muy rica por la posibilidad de vivir en un país antiguo que Argentina no lo es.

-¿Te releíste frente a la nueva demanda?

-No soy buen lector de mi obra. Trato de olvidarme de lo que he publicado.

-¿Seguís escribiendo?

-Escribo diarios íntimos desde el 95´ por recomendación de una amiga catalana como una tarea informal totalmente. Un diario no se proyecta. En todo caso el tiempo te va dando sus novedades pero no sabes en que consiste. Además colaboro con una revista digital “Cualia” con una colaboración semanal y tengo una sección fija mensual en la “Revista de Occidente”, en papel, sobre la ópera. Escribí mucho sobre música porque mi casa está llena de grabaciones de ópera. También publiqué un libro sobre el Teatro Colón. Soy un anciano melómano y me casé con otro melómano.

-¿Extrañás Argentina?

-Extraño, sí, mi gente más cercana, mi hermana, mis sobrinos y sobrinos nietos están allá. Me doy cuenta que en Youtube sigo a varios periodistas argentinos (Luis Novaresio, Ernesto Tenembaum, Jairo Straccia) y se cuánto está el dólar, a veces, me pongo a tomar mate en el tendedero de la ropa, porque tengo macetas como en el patio de infancia, el sabor del mate y el patio escenográfico son argentinos y una vecina me dice “que raro sois los argentinos” porque no damos con la expectativa de un español medio cuando se encuentra con un sudamericano. La rareza viene del carácter cosmopolita y la manera anómala de ser sudamericano. Rubén Darío, en sus artículos escritos en Buenos Aires cuando explica su poética modernista, llama al texto “Los raros”.