Fitz Roy al 1900, pleno Palermo Hollywood. La cuadra está plagada de bares y restaurantes de moda. Tres chicos bajan de un auto con vasos de plástico cargados de alcohol. Vienen de la previa y van hacia alguno de los boliches de la zona. De golpe, se cruzan con la figura de un nene de buzo oscuro, pantalón a cuadros y unas zapatillas de moda. Se miran sin entender nada. Se codean y juran que no están borrachos. Uno de ellos se acerca y lo toca con miedo. Luego salen corriendo.
Durante la mañana siguiente, un hombre con un paquete de facturas en las manos pasa rápido junto al niño y lo sigue con la mirada incrédulo. Avanza pero su mirada sigue fija en el chico. De golpe cruza Fitz Roy y se aleja.
La obra que modificó el paisaje de Palermo
La instalación es obra del artista urbano Sebastián Andreatta, que firma como BIH (por Bosnia y Herzegovina), de 36 años, que ya se había hecho conocido por esconder piñatas con plata en distintos puntos de la ciudad y una caja fuerte debajo del histórico puente de Ciudad de la Paz.
En este caso, Sebastián ya venía pensando desde hace varios años en usar un espacio de la Ciudad que le diera otro significado. “Hasta que este año encontré que lo que iba a usar era un niño, para demostrar la vulnerabilidad de las infancias en nuestras sociedad”, explica el artista en diálogo con Infobae.
Para su proyecto, Sebastián usó un maniquí de un nene, para hacer un molde de cemento y poder moldearlo. “Le doblé un poco las piernas y le bajé la cabeza para dar la idea de que estaba en penitencia contra la pared”, sostiene Andreatta. El niño lleva una capucha, no tiene rostro y tampoco nombre. El artista colocó una cámara escondida para poder ver las reacciones de la gente y cuidar su obra que ya fue vandalizada dos veces.
Una madre pasa con su hijo en un cochecito y acelera cuando ve la obra de Andreatta. El bebé fija la mirada en el nene en penitencia y estira su mano como forma de saludo. Lo ve como un igual.
Ataques contra “el niño en penitencia”
El sábado pasado un joven intentó arrancarla de su lugar y sólo pudo romperle un brazo. La obra ya fue repuesta por Andreatta en el mismo lugar. “Generó mucho impacto por el realismo y a muchas personas le generó una violencia que la verdad no puedo llegar a entender. Otros vecinos que la vieron, me mandaron mensajes y me contaron que generó discusión en sus familias o amigos sobre los alcances del arte”, cuenta el joven.
Antes, el 7 de septiembre la misma obra estaba ubicada en la Plaza Mafalda, Concepción Arenal y Conde, muy cerca de una escuela primaria. Allí fue arrancada de cuajo. Andreatta llegó y no encontró a su niño. Salió a recorrer el barrio y lo encontró tirado en un volquete junto a los cascotes de una obra y bolsas de basura. Allí decidió darle nueva vida en otro rincón de Palermo. “El maniquí tiene dos varillas de 20 centímetros que lo amuran a la vereda para evitar otros actos de vandalismo”, dice Sebastián.

La inspiración en Juanito Laguna
“No pensé antes en Juanito Laguna (la obra de Antonio Berni), hasta que lo vi instalado, y ahí se me vino la angustia de la penitencia, de ver a un niño castigado y triste. De verlo castigado en la calle, solo. Ahí se me apareció Juanito; de Flores, pobre y marginal”, escribió Sebastián.
“Mi niño no tiene cara, no tiene nombre, tiene la ropa más barata y unas zapatillas regaladas. Está y estará allí hasta que lo saquen, soportando el sol, la lluvia, el frío y el calor, como tantos niños que crecen en la calle, en la marginalidad, en un sistema y en un país que no hizo ni hace nada para que esa realidad cambie”, explica Andreatta.
Sebastián no se dedica al arte en forma profesional. “Prefiero lo urbano, al arte de los salones. Y me financio mis propias obras, al menos por ahora”, explica. El joven hace consultoría de medios para el mundo corporativo de Estados Unidos. “Algo muy aburrido”, cuenta. También tiene una empresa de marketing para publicidad en la vía pública. “Nos dedicamos a los murales de publicidad como los que se ven pintados en los almacenes o casas de Palermo”.

A Sebastián le interesa el arte interactivo. “Que las personas puedan interactuar con la obra”, explica. En el caso del “niño en penitencia”, la relación con el público se da en forma de debate. “Las infancias son de los sectores más vulnerables de la sociedad y creo que no le estamos dando la importancia que tienen para el futuro”, cuenta Andreatta.
La toma del espacio público
El artista asegura que sus obras no son experimentos sociales. “Mi idea no es sumar casos y generar estadísticas sobre algún tema en especial. Mis objetivos es usar los espacios públicos para generar arte”.
Andreatta toma de ejemplo a Leandro Erlich, el artista que le sacó la punta al Obelisco en el 2015. “Para eso es necesario una logística e infraestructura que todavía no tengo. Pero es un buen ejemplo de cómo reutilizar los espacios de Buenos Aires para provocar”, explica Sebastián.
Mientras tanto, su “niño en penitencia” sigue en ese rincón de Palermo, contra la pared y la cabeza tapada por la capucha de su buzo. Pasan dos chicas con sus mochilas cargadas de libros y carpetas. Una de ellas viene escuchando un audio en el celular, hasta que su amiga la llama y le señala al niño. Quedan en silencio y lo miran un par de minutos antes de seguir camino.
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