
“Yo fui el culpable de que viniera a la Argentina”, recuerda monseñor Alberto Bochatey al evocar el 9 de marzo de 2013, día de su ordenación como obispo auxiliar de La Plata. Entre los invitados y cocelebrantes estuvo Robert Prevost, entonces Prior General de la Orden de San Agustín (máxima autoridad), cargo que ejercía desde 2001, con residencia en Perú. La misa fue en la iglesia San Agustín en Palermo.
Aquella visita, que no sería la única, incluyó su participación en la ceremonia en la catedral platense y una misa en el colegio San Agustín, ubicado en Las Heras y Austria, en la ciudad de Buenos Aires, donde ofició junto a Bochatey. Estos episodios marcan el vínculo directo del flamante papa León XIV con la Iglesia argentina y reflejan una conexión profunda con América Latina que antecede a su elección como pontífice.
A las 19 horas de Roma, el nuevo papa apareció en la Plaza San Pedro para saludar a los miles de fieles que, conmovidos, coreaban su nombre. Habían pasado casi 60 minutos desde la fumata blanca que anunció su elección, hasta que finalmente se asomó al balcón central de la basílica vaticana.

El obispo Bochatey, también agustino, estudió junto a Prevost en Roma, y lo describe como “un hermano” dentro de la orden. “Hasta hace poco, cuando terminaba de trabajar en el Vaticano, comía en la comunidad agustina y hasta ayudaba a levantar la mesa”, relató a Cadena 3, dando cuenta de su rasgo humildes, una similitud que coincide con Francisco.
También destacó sus cualidades intelectuales y espirituales: “Siempre estaba entre los mejores alumnos, se doctoró muy joven en Derecho Canónico. Es un hombre de Dios, de su vocación, pero también muy amable, simpático”.
Prevost —cuenta Bochatey— aceptó su invitación para asistir a la ordenación episcopal. Aquella misa en la Catedral de La Plata, presidida por monseñor Héctor Aguer, se realizó apenas cuatro días antes de que Jorge Bergoglio fuera elegido Papa. La ceremonia fue concelebrada por el nuncio apostólico Emil Paul Tscherrig, 38 arzobispos y obispos de distintas diócesis de América Latina, además de 140 sacerdotes. Prevost participó de esa escena central del rito litúrgico.
“Francisco lo quería mucho, lo descubrió y le dio responsabilidades clave”, recordó Bochatey poco después de conocerse la elección papal. También da una descripción más íntima y humana del nuevo Sumo Pontífice: “Además de un líder espiritual, es un hombre de carne y hueso. Es honesto, sin dobleces, y un gran amigo”. A ello, agrega que, al igual que cualquier persona, tiene gustos que lo conectan con lo terrenal: le gusta conducir autos, jugar al ping-pong y compartir una pizza. “Es muy afable, sabe escuchar, pero siempre vuelve a lo profundo, no es superficial”, finaliza Bochatey.

Un vínculo cercano con Francisco
La relación con Francisco se consolidó a lo largo de los años. En noviembre de 2014, cuando el papa Francisco nombró a Robert Prevost como administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo en Perú y, posteriormente, en septiembre de 2015, lo designó como obispo titular de esa diócesis. Esta decisión reflejó la confianza de Francisco en Prevost y su compromiso con la Iglesia en América Latina.
En enero de 2023, Francisco lo nombró como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, uno de los cargos más influyentes en la Curia romana, ya que supervisa el nombramiento de obispos en todo el mundo. Esa designación en ese puesto clave demostró la confianza de Francisco en su capacidad para liderar y guiar a la Iglesia en cuestiones episcopales.
Además, en septiembre de 2023, lo ordenó cardenal, otorgándole la diaconía de Santa Mónica. Este nombramiento no solo reconocía la trayectoria de Prevost, sino que también lo posicionaba como un posible sucesor en el liderazgo de la Iglesia. Por eso, la elección de Prevost como papa León XIV puede entenderse como una continuación del legado de Francisco y su visión pastoral.
Lo hizo notar durante su primer discurso como papa, cuando expresó su gratitud hacia Francisco y destacó la importancia de continuar con las reformas iniciadas por su predecesor. Esta continuidad en la visión y el liderazgo refleja la profunda conexión y alineación entre ambos pontífices, consolidando una línea pastoral centrada en la cercanía, la inclusión y el compromiso con los más vulnerables.

Con acento latinoamericano y compromiso social
El nuevo Papa enfrenta un mundo en el cual la paz parece frágil. Bochatey confía en que León XIV priorizará el acercamiento a los fieles, como ya se evidenció en su emotivo saludo desde el balcón de San Pedro, donde pronunció la palabra “paz” como su primer mensaje al mundo. Con tono sereno pero firme, repitió esa palabra varias veces, reflejando su preocupación por los conflictos armados, la polarización y las crecientes desigualdades sociales. “No podemos seguir peleándonos, matándonos, haciendo armas”, dijo, en sintonía con el mensaje constante de Francisco que buscaba el dialogo y confraternizar.
Durante ese mismo saludo, el flamante pontífice evocó con afecto su paso por América Latina y mencionó con particular emoción a su antigua diócesis: “Saludo a mi querido pueblo de Chiclayo, en Perú, donde aprendí a servir y a escuchar”, expresó en español latino desde el balcón de Roma, ante miles de fieles. Su amor por América Latina, donde vivió gran parte de su vida, está respaldado por su decisión de adoptar la nacionalidad peruana en 2015, un gesto que selló su vínculo con la región. “Conoce América Latina de México a la Patagonia”, afirmó Bochatey.
El compromiso social de León XIV viene de larga data. En 2017, como obispo de Chiclayo, se pronunció contra las disculpas “genéricas” del expresidente Alberto Fujimori, indultado entonces por razones humanitarias, y exigió que pidiera perdón directamente a las víctimas de su régimen. Fue una intervención poco habitual, que lo posicionó como una figura sensible a las heridas de su tiempo, sin temer a la exposición pública.
En cuanto a su agenda, el obispo Bochatey anticipa una clara continuidad con las prioridades de Francisco: la defensa de los pobres, la protección de los migrantes, y una lucha decidida contra los abusos dentro de la Iglesia.
Como experto en Derecho Canónico, Prevost manejó casos delicados con rigor jurídico y enfoque pastoral, combinando firmeza con escucha. Su formación agustiniana, además, podría imprimirle a su pontificado una mirada centrada en la comunidad eclesial como familia, un eco directo de los escritos de San Agustín sobre la “Iglesia madre”.
Bochatey subrayó que León XIV será un pontífice exigente, incluso con sus allegados: “Es muy serio, no va a hacer nepotismo. No por ser amigo o agustino te va a dar privilegios, al contrario, te va a exigir más”.
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