
“Su estado era terrible. Permanecimos juntos mucho tiempo. Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del ’77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. Nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces él dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso”. En su testimonio brindado ante la Comisión Nacional de Desaparición de Personas que produjo el informe “Nunca Más”, el psicólogo Eduardo Arias se refirió así al estado en el que se encontraba Héctor Germán Oesterheld -considerado uno de los creadores de la historieta moderna- en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio de la dictadura militar El Vesubio, ubicado en la localidad de Aldo Bonzi, en el cruce de Autopista Riccheri y Camino de Cintura, específicamente en un predio del Servicio Penitenciario federal (SPF) de cinco hectáreas donde había tres casas, un espacio arbolado y hasta una piscina.

Una familia sola en el mundo
El creador de “El Eternauta”, su obra maestra, próxima a estrenarse como serie protagonizada por Ricardo Darín, también estuvo detenido en otras instalaciones secretas donde los represores alojaban prisioneros de manera ilegal conocidos como “El Sheraton” o “Embudo”, que funcionaba en la comisaría de Villa Insuperable en Lomas del Mirador, y “Campo de Mayo”.
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El eternauta
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Héctor nació en Buenos Aires el 23 de julio de 1919, hijo de Fernando Oesterheld, de ascendencia alemana y también criolla, y de Elvira Ana Puyol, de origen español y vascofrancés. Si bien su pasión terminó siendo la escritura y el cómic, se recibió como geólogo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. El cuento con el que arrancó data de 1943, se llamó Truila y Miltar y salió publicado en el suplemento literario del diario La Prensa, donde también supo ser corrector.

Y luego no paró más. El primero de sus personajes trascendentes fue el piloto de pruebas Bull Rockett, que apareció por primera vez en la revista Misterix, en 1952, dibujado por el italiano Paul Campani. Luego siguió el Sargento Kirk, en 1953, con ilustraciones de Hugo Pratt.
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A mediados de los años 50 creó la Editorial Frontera, que publicaría la revista Hora Cero. Allí nacieron personajes como Sherlock Time, Ernie Pyke y El Eternauta, que, con dibujos de Francisco Solano López, se publicó entre 1957 y 1959.
Así sintetizó su obra en uno de los últimos reportajes que le realizaron antes de que lo secuestrara la dictadura militar: “El Eternauta comenzó siendo un cuento corto, de apenas 70 cuadros. Luego se transformó en una larga historia, una suerte de adaptación del tema de Robinson Crusoe. Me fascinaba la idea de una familia que quedaba sola en el mundo, rodeada de muerte y de un enemigo ignorado e inalcanzable. Pensé en mí mismo, en mi familia, aislados en nuestro chalet y comencé a plantearme preguntas”, resumió acerca de esta historia de ficción basada en una invasión de extraterrestres donde un hombre común, Juan Salvo, adquiere un papel protagónico.
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Desde la clandestinidad
En los años 60 se vio obligado a cerrar la editorial y emprendió otras historietas como Mort Cinder, con ilustraciones de Alberto Breccia. Y La guerra de los Antartes, con dibujos de Gustavo Trigo, saldría después en el diario Noticias, donde trabajó junto al escritor y periodista Rodolfo Walsh, que era jefe de la sección Policiales, también desaparecido luego de enfrentarse a tiros el 25 de marzo de 1977 con un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
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Con el correr del tiempo su obra tomó mayor compromiso político, y a fines de los ’60 la editorial Jorge Álvarez presentó biografías de personajes históricos de América Latina adaptadas a la historieta, como fue el caso de Ernesto Che Guevara, que fue secuestrada por la dictadura cuando salió a la venta.
Oesterheld se había sumado a Montoneros y desde la clandestinidad, pudo finalizar El Eternauta II, que sumaría dos versiones más, una data de 1969 y la otra de 1976. En ellas el contenido político ya era manifiesto continuando la historia de Juan Salvo y Germán, viajeros en el tiempo desde 1959, en un Buenos Aires post-apocalíptico devastado por una invasión alienígena que causó una tormenta de nieve tóxica. Aquí incorpora, como clave en el desarrollo, la Resistencia Armada liderada por ambos, quienes luchan por la supervivencia y la dignidad.
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Secuestros y desapariciones
El 27 de abril de 1977 Héctor fue secuestrado en La Plata. Elsa Sánchez, su mujer, con quien se casó después de recibirse como geólogo sufría como nadie como le fueron desmembrando su familia con la que supo disfrutar momentos hermosos en su histórica casa de Beccar. Ya habían sido raptadas y asesinadas sus cuatro hijas, también militantes montoneras: Diana, Beatriz, Estela y Marina, dos de ellas embarazadas.
Beatriz había sido secuestrada en junio de 1976 cuando estaba en pareja con Carlos “Juan sin Tierra” Della Nave, a quien también se lo llevaron tres meses más tarde. A Diana, embarazada, la raptaron en agosto en Tucumán, donde asesinaron a su compañero, Raúl Araldi. Ambos ya eran padres de Fernando de un año.
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Estela era la hija mayor del matrimonio y la tomaron de sorpresa el 1° de julio de 1977. Como advirtió la maniobra hizo el intento de huir y la balearon. Así herida como estaba el grupo de tareas que realizó el operativo la llevó hasta el hospital de Adrogué y nunca más se supo de ella. A su pareja Raúl “el Vasco” Mórtola, también lo masacraron a balazos después de intentar permanecer oculto en una vivienda. Finalmente, Marina, embarazada de ocho meses, la única que no habían capturado, cayó en manos de los genocidas en noviembre de 1977 junto a su esposo, Alberto Seindlis.
Las escritoras Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami retrataron como nadie la vida de los Oesterheld en un libro de editorial Sudamericana en el que cuentan la historia de la familia aniquilada por la dictadura que secuestró y asesinó a Héctor, sus cuatro hijas, sus maridos y desapareció a dos de sus cuatro nietos. La obra fue reconocida con el “Primer Premio al Libro Mejor Editado” categoría No Ficción del 2016 de la Cámara Argentina de Publicaciones. Allí las autoras rescataron la palabra de Elsa, la fiel compañera de Héctor, quien apenas si pudo enterrar a su hija Beatriz y no al resto de su familia secuestrada por la dictadura militar: “Mi nombre es Elsa Sánchez de Oesterheld y soy la mujer de Héctor Germán Oesterheld, famoso en el mundo por haber escrito la historieta El Eternauta. En la época trágica de este país desaparecieron a mis cuatro hijas, mi marido, mis dos yernos, otro yerno que no conocí, y dos nietitos que estaban en la panza. Diez personas desaparecidas en mi familia. Pero prefiero recordar los años en los que fui feliz”.
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Hace seis años se pudo llevar a cabo la muestra “Palabra de Oesterheld” para el centenario de su natalicio gracias a que Elsa, su esposa y sus nietos sobrevivientes a la dictadura militar, Martín Mórtola Oesterheld y Fernando Araldi, donaron a la Biblioteca Nacional el contenido de una valija donde su mujer puso a salvo todo tipo de escritos y proyectos redactados de puño y letra por su creador, un auténtico tesoro escondido que salió a la luz y no pudo ser destruido por la furia de la dictadura militar.
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