En abril de 2019, mientras trabajaba como camarera en el bar del Hotel Emperador, en el barrio porteño de Retiro, Ayelén Goggi vivió un encuentro inesperado que terminaría por cambiar el rumbo de su vida. Esa noche, atendía su turno habitual cuando un grupo de militares estadounidenses se sentó a beber en una de sus mesas. Entre ellos estaba Rob, navegador de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, que había viajado al país para realizar entrenamientos conjuntos con la Fuerza Aérea Argentina.
“Yo estaba concentrada en mi trabajo. Era una noche muy movida, no estaba en plan de conocer a nadie”, recordó Ayelén, quien contó que Rob y sus compañeros frecuentaban el bar después de jornadas laborales en la Base Aérea de El Palomar. Él era huésped y ella, como parte del equipo de eventos, cubría turnos rotativos.
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Pese a la brevedad de sus intercambios, Rob se animó a pedirle una foto grupal antes de regresar a su país. Esa imagen sería el inicio de una conversación sostenida por Facebook Messenger, que rápidamente se convirtió en una rutina diaria y luego en amor.
Ayelén, porteña de 36 años, tenía entonces una trayectoria profesional construida entre tres carreras —organización de eventos, hotelería y tripulante de cabina de pasajeros—, y trabajaba de manera estable.
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Rob, por su parte, contaba con más de dos décadas de servicio en la Fuerza Aérea, y se encontraba destinado temporalmente en Buenos Aires por un programa bilateral de capacitación. “Él no es piloto. Es navegador. Es quien va detrás del piloto, guiando la ruta y coordinando altitudes”, explicó ella.
Durante los siete meses siguientes, Ayelén y Rob mantuvieron contacto permanente a través de chats y llamadas. Fue en ese intercambio sostenido que surgió algo más profundo. “Al principio era solo amistad, pero de a poco empezamos a hablarnos todos los días. Me pidió mi número y ahí pasamos a hablar por teléfono. No fue un flechazo inmediato. Se fue construyendo”, relató.
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Rob decidió regresar a Argentina en octubre de 2019. A diferencia de su primera visita, esta vez no se hospedó en un hotel: se quedó en el departamento de Ayelén, en el barrio de Almagro. Durante ese mes convivieron por primera vez. Ella trabajaba en horario nocturno, por lo que compartían las mañanas y los mediodías. “Él aprovechaba para recorrer la ciudad por su cuenta. Es una persona que ha viajado mucho. Está acostumbrado a manejarse solo”, contó.
En esa estadía, Rob también conoció a la familia de Ayelén. Pasó tiempo con sus padres y sus hermanos, compartió comidas y fortaleció su vínculo con ellos. “Mis papás lo conocieron en esa visita. Yo les decía en broma ‘este es mi novio yanqui’. Les cayó bien desde el principio”, recordó.
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Poco después de esa visita, Rob regresó a Estados Unidos y Ayelén retomó su trabajo en el Hotel Emperador. La relación a distancia continuó, pero en marzo de 2020 la pandemia del COVID-19 interrumpió los vuelos internacionales y cerró las fronteras. “Yo ya había ido a visitarlo a Arkansas por unos días. Estábamos recién empezando la mudanza de su casa en Georgia. Pero volví a Buenos Aires y se cerró todo”, explicó.
Durante varios meses, la pareja no pudo verse. Ella continuó trabajando parcialmente, ya que el hotel había cerrado, pero mantenía parte del salario. En ese contexto, American Airlines anunció en septiembre de 2020 que reanudaba los vuelos a Argentina, y Ayelén no lo dudó: compró su pasaje y volvió a Estados Unidos. “Fue directo a Miami, donde Rob me estaba esperando. De ahí volamos juntos a Arkansas”, dijo.
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Ese segundo viaje, inicialmente previsto por tres meses como indicaba su visa de turismo, se transformó en permanente. “Rob me propuso casamiento. Yo le decía que no podía quedarme, que tenía que volver. Pero al final nos casamos en enero de 2021”, relató Ayelén. La ceremonia fue íntima, sin fiesta ni invitados, y sirvió como punto de partida para iniciar los trámites de residencia.
Durante el primer año tras casarse, Ayelén enfrentó una etapa de adaptación complicada. No podía trabajar, no tenía licencia de conducir, y vivían en un área sin transporte público. “Me costó mucho. Sentía que no podía hacer nada. Estaba esperando los papeles y no manejaba. Fue difícil al principio”, admitió.
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Con la residencia aprobada, consiguió trabajo como camarera en un restaurante argentino llamado Buenos Aires Café, en Little Rock, Arkansas. Allí redescubrió su vocación por la actividad física. “Yo daba clases de zumba en Buenos Aires, pero nunca lo había pensado como algo a largo plazo. Acá decidí renovar mi licencia y empecé a dar clases en gimnasios”, explicó. Más tarde cursó una certificación online en fitness, lo que le permitió ampliar su propuesta laboral.
Actualmente, Ayelén trabaja como instructora de fitness en cuatro gimnasios distintos en Oklahoma, estado al que se mudaron en diciembre de 2024 por un nuevo destino de Rob. La casa donde viven la alquilan con una asignación que recibe él por su rango y años de servicio. Comparten el hogar con el hijo de Rob, de 11 años, que los visita durante vacaciones escolares y feriados extensos.
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Con el tiempo, Rob incorporó elementos de la cultura argentina. “Toma mate, le gustan las empanadas, el asado y las milanesas. No cocina, pero disfruta de la comida. Y me apoya en todo lo que hago”, dijo Ayelén. También se animó a aprender algunas frases en español para comunicarse con los padres de ella, aunque la relación de pareja siempre se desarrolló en inglés.
En diciembre de 2022, sus padres viajaron a Estados Unidos para visitarla y conocer su vida en Arkansas. “Pasaron la Navidad y el Año Nuevo con nosotros. Querían ver cómo era la vida acá. Yo les advertí que no era como las fiestas en Argentina, pero lo disfrutaron”, explicó.
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En 2025, Ayelén viajó sola a Buenos Aires para celebrar el cumpleaños de su padre y de una sobrina. Rob no pudo acompañarla por motivos laborales. En cuanto al futuro, la pareja no descarta agrandar la familia, aunque Ayelén admite que aún no lo tiene claro. “Un día quiero y al otro no. Es una decisión muy personal. Rob ya es papá, así que no me presiona. Pero es algo que hablamos”, reveló.
Hoy, Ayelén no descarta seguir evolucionando en el ámbito del fitness ni tampoco retomar su formación en aviación comercial. “Siempre me gustó volar. Acá hay muchas aerolíneas y quizás vuelva a esa tarea. Pero por ahora estoy bien con mis clases”, dijo.
Sobre un eventual regreso definitivo a Argentina, considera que no es una opción por el momento. “Hoy, abril de 2025, no me veo volviendo a vivir allá. Pero uno nunca sabe. Las cosas pueden cambiar. Por ahora estamos bien acá”, concluyó.
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