
El pueblo judío celebra durante esta semana y hasta el 23 de octubre la festividad de Sucot, una de las principales celebraciones del calendario hebreo que conmemora la protección divina durante los 40 años que los hijos de Israel vagaron por el desierto tras su salida de Egipto. A lo largo de siete días, los fieles observan un conjunto de mitzvot (mandamientos), entre las que destaca la de habitar en la sucá, una cabaña temporal que recuerda la transitoriedad de la vida y la dependencia del hombre de Dios.
Este año, la festividad adquiere un significado especial. La guerra en Israel, que ha desplazado a cientos de miles de personas, el aumento del antisemitismo en diversas partes del mundo, y la crisis económica que afecta a numerosas familias, generan un sentimiento de incertidumbre generalizado. Ante este contexto, el Gran Rabino de AMIA, Eliahu Hamra, reflexionó sobre la relevancia de Sucot en tiempos difíciles y cómo esta festividad nos invita a confrontar nuestra fragilidad.
“Hemos pasado por los días de Rosh Hashaná y Yom Kipur, en los cuales purificamos nuestra alma a través del arrepentimiento y el rezo ante el Creador del mundo, y nos unimos a un mundo espiritual y más elevado. Ahora, debemos llevar esa alma –espiritualidad– al cuerpo material y adaptar la santidad al resto de los días”, expresó el rabino. En este sentido, Sucot es la oportunidad de integrar esa espiritualidad alcanzada durante las Altas Fiestas a la vida cotidiana, aunque bajo una nueva perspectiva de transitoriedad.

La sucá es un símbolo de vulnerabilidad. Durante una semana, los judíos salen de sus hogares para vivir en una estructura frágil, sin techo, expuesta a las inclemencias del tiempo. Este gesto representa la fragilidad de la existencia humana y la dependencia total del cuidado y la protección de Dios. “Cada año, durante la festividad de Sucot, salimos de nuestros hogares confortables, permanentes y seguros, y vivimos durante siete días en una sucá transitoria y frágil, sin techo y expuesta a las inclemencias climáticas”, señaló Hamra. Este año, esa transitoriedad se refleja de manera más literal en las vidas de quienes han sido desplazados por los conflictos bélicos y en aquellos que, en la diáspora, han visto su seguridad sacudida por el odio antisemita.
“La palabra ‘transitoriedad’ puede producir una sensación incómoda, como si nuestra seguridad tambaleara”, continuó el rabino. “El ser humano moderno busca puntos de control y estabilidad: una casa, un ingreso estable, una relación sólida, el control sobre la naturaleza, los recursos y la capacidad de crear y desarrollarse. Debido a la sencillez de la sucá y su aparente precariedad, ésta actúa como una expresión y un direccionamiento de nuestra atención hacia Dios en nuestras vidas, quien manifiesta Su presencia divina sobre nosotros en la sucá”.
Para Hamra, esta sensación de fragilidad, lejos de generar miedo o desasosiego, debe recordarnos la presencia protectora de Dios. En momentos de dificultad, el alma judía se fortalece, como se ha visto en el “gran aumento en la cantidad de participantes en las oraciones de Rosh Hashaná y Yom Kipur en las sinagogas”. Esta conexión espiritual es esencial en tiempos de incertidumbre, y Sucot sirve como recordatorio de que, aunque las cosas materiales pueden ser efímeras, la protección divina es permanente.

El rabino también comparó el habitar en la sucá con una especie de campamento, donde lo temporal se convierte en una experiencia vital. “Salir a la sucá durante toda una semana es parecido, en cierto modo, a un campamento con tiendas. No es parte de la rutina diaria”. En esa estructura precaria y temporal, se encuentra la mayor enseñanza: aunque la sucá no parece ofrecer ninguna protección tangible, en realidad simboliza la supervisión divina, que es la verdadera fuente de seguridad.
“La sucá nos recuerda cuán débil es nuestra existencia en general, incluso cuando creemos vivir en una casa sólida. Dicho reconocimiento refuerza nuestra comprensión de lo mucho que necesitamos a Dios. Esto nos confronta con nuestra propia vulnerabilidad y nos obliga a salir de nuestra zona de confort”, agregó Hamra.
La festividad de Sucot, entonces, más allá de sus tradiciones, nos enseña que “aunque busquemos seguridad en lo material, la verdadera estabilidad proviene del Creador y de la supervisión divina”. A través de la fe, encontramos un propósito que trasciende las incertidumbres del mundo material. Sucot nos invita a recordar que, aunque la vida parezca incierta y frágil, siempre podemos contar con el cuidado y la presencia de Dios.
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