El desgarrador testimonio de un comerciante que cerrará su local: “Me rindo, no puedo con la inflación”

El propietario de un minimercado en Villa Devoto contó que vende su negocio porque no puede reponer la mercadería. “Me comió, ya no tengo más fuerzas”, exclamó

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El desgarrador testimonio de un comerciante ante la situacion economica

El almacén de Villa Devoto, un minimercado que funciona sobre la calle Nueva York al 3600 en ese barrio, se encuentra vendiendo sus últimas mercaderías y una vez que ese stock se agote, cerrará sus puertas. Sergio, su dueño, se lo contó a diferentes móviles de televisión esta mañana, en medio de lágrimas, quebrado económica y emocionalmente.

Me rindo. La inflación me ganó”, expresó desbordado el hombre, que había adquirido el fondo de comercio en el mes de agosto y debió ir achicándose con el correr de los meses porque los costos de reposición de sus distintos rubros se remarcan en forma constante y ese traslado a precios impacta en sus clientes. Compra caro y cada vez vende menos. “La inflación mi amigo, es el cuco de los negocios”, repitió sollozando durante el primer contacto que mantuvo esta mañana con un móvil de Arriba Argentinos, el noticiero que conduce Marcelo Bonelli por Canal 13.

“La verdad que yo, en lo personal, me rindo. No puedo con la inflación. Estoy un poco mal porque voy a terminar cerrando mi negocio esta semana porque no puedo más. La gente que me conoce sabe que soy un guerrero pero la verdad que esto me superó, me siento muy angustiado por el fracaso”, admitió Sergio con una angustia que traspasó la pantalla.

El relato da cuenta del proceso de degradación que sufre cualquier negocio ante la escalada de precios que vuelve la economía cotidiana insoportablemente inestable. Primero, dejar de reponer la carnicería; después, dejar de reponer elementos de almacén. Por último, empezar a ver cómo la verdulería, último bastión del local, también sufre el desfasaje.

La caída del consumo viene registrando, según indicadores de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, un 27% interanual en enero y febrero. La gente consume casi un tercio menos de lo que lo hacía un año atrás en la misma época. Cuando Sergio decidió abrir su local, la aceleración de los precios comenzaba a aumentar con velocidad para llegar a niveles que volvieron insostenible su actividad en los últimos meses, de acuerdo a su propio relato.

“El esfuerzo es tremendo. Hace siete meses que estoy levantándome muy temprano, acostándome muy tarde, muy orgulloso de tener mi primer negocio pero no lo puedo sostener más. No puedo”, explicó el propietario de un local que, además, es un clásico de una zona de clase media porteña. Él mismo contó que es el cuarto dueño de un fondo de comercio conocido en ese sitio de la Ciudad de Buenos Aires.

Las heladeras vacías del local.
Las heladeras vacías del local. Con angustia, Sergio contó que está rematando todo

“No entra gente, la inflación me comió la ganancia, el capital, el almacén está prácticamente vacío, es insostenible. Soy un luchador nato con mi señora, pero no llego”, insistió.

El testimonio del comerciante se hizo viral en las redes sociales a lo largo de la jornada y varios canales de televisión se dieron cita en la cuadra que va desde las calles San Nicolás y Emilio Lamarca, sobre la Nueva York. Allí, el Almacén de Devoto está rematando sus últimos víveres.

La inflación acumula, en los últimos tres meses, una cifra que, en el mejor de los casos, rozará el 60%. En otras palabras, más de la mitad del poder adquisitivo de la ciudadanía se ha licuado por la aceleración de un proceso que golpea de forma crónica a la economía del país desde hace dos décadas, pero que súbitamente impactó durante los últimos 90 días.

“Es una pena un país tan hermoso como este que tenga que pasar por cosas como estas. En lo personal no quiero decir la palabra, me rindo”, dijo Sergio al contar que bajaría los brazos.

“Sin hablar mal de nadie, no quiero hacerlo, no quiero echarle la culpa a nadie, pero es insostenible, no se puede pagar la carne ni la bebida. La inflación me comió y no tengo fuerzas para seguir adelante hermano. La angustia que siento es porque yo pensé que iba a poder. Me siento un peso pluma peleando con un peso pesado. A la mercadería me la comeré yo en mi casa, por lo menos tengo eso”, relató este comerciante sobre su desgracia.

Finalmente, contó su frustración esencial: “No es la plata, es el objetivo que uno se pone a veces para salir adelante y te pasan estas cosas”.

El comerciante contó que se dedicará a sostener su segundo local en el barrio de Caballito, donde llevará al empleado que ya no podrá seguir trabajando en Villa Devoto. El fondo de comercio de este segundo lugar ya está a la venta.

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