Con más de 20 años de trayectoria, Hernán Carro (40) asegura que la profesión de guardavidas arrastra varios mitos. Uno de los principales tiene que ver con las situaciones de riesgo en el mar. “Cuando alguien no puede salir del agua, no suele mover los brazos y gritar: ‘Me ahogo’. Eso no existe, pasa solamente en las películas. Es más, por lo general, sucede todo lo contrario. La persona trata al máximo de salir sola; creo que por una cuestión de vergüenza”, dice. “En esas situaciones, el consejo es que levanten la mano enseguida. Si levantan la mano, los vamos a ir a buscar”, agrega.
En la Playa Popular 2, ubicada en pleno centro de Mar del Plata, a Hernán lo conocen todos. Las razones son varias: primero, porque es la octava temporada consecutiva que trabaja allí. Segundo, porque lleva un tiempo dando consejos para turistas y aspirantes a guardavidas en las redes sociales. Lo hace desde una cuenta de Instagram a la que llamó @la.popu2 y que ya suma más de 14 mil seguidores.
“La idea surgió por la pasión hacia la profesión. A mí me costó mucho ingresar como guardavidas. Fui suplente durante varios años. Soy de la provincia de Buenos Aires, de Morón, y siempre quise dedicarme a esto. Arranqué con consejos para los aspirantes y, más adelante, empecé a generar contenido para los turistas. Fue después de un video que subí y que se hizo viral. Era de dos surfistas amateurs que estaban en Playa Grande, al lado de la escollera, y que no podían salir del mar. Grabé la secuencia, los ayudé a salir, y después expliqué lo que debieron haber hecho. La recepción que tuvo fue enorme”, cuenta Hernán a Infobae.
Los videos son informativos y abarcan distintas temáticas: desde qué hacer hacer si se pierde un niño en la playa, pasando por cómo hay que actuar si aparece un lobo marino en la orilla. Generan conciencia y, además, sirven para prevenir riesgos. Los graba con la ayuda de sus compañeros (Santiago, Gabriel y Agustín) y siempre con un ojo puesto el mar. En lo que va de enero, dice el guardavidas, no hubo que hacer muchos rescates. “Recién ahora, en la segunda quincena, se activó un poquito más. El jueves 18, por ejemplo, hubo tres. Todos fueron en el turno tarde, entre las 14 y las 20, que es cuando hay más concurrencia. Yo estoy por la mañana, pero me quedé un rato más y colaboré en uno”, cuenta.

-¿Cuántos rescates hacen por temporada?
-El promedio son 70 u 80 rescates por temporada. Muchos son múltiples, es decir, que involucran a más de una persona. ¿Por qué? Porque el que está cerca, quiere ayudar. Por eso solemos llevar dos salvavidas, porque siempre termina siendo más de una víctima.
-¿Cuáles son los principales desafíos de trabajar en una playa céntrica de Mar del Plata?
-La cantidad de gente que viene. Una de las cosas que más hacemos los guardavidas de esta zona, a diferencia de los colegas que están en las playas del Sur, es tocar el silbato. Es nuestra herramienta para ordenar la playa y sectorizar a las personas en la zona media que, por lo general, suele ser la zona más segura porque está lejos de los dos pozos que se arman al costado de las escolleras y donde la corriente tira para adentro.
-¿En qué momentos tocás el silbato?
-Cuando hago prevención o cuando veo que se está desmadrando la situación. Por ejemplo, el otro día había viento del Norte muy fuerte, y se me iba toda la gente para el lado de la escollera. No te estoy hablando de una o dos personas, sino de quince o veinte. Ahí lo que hago es tocar el silbato para indicar que vuelvan porque sino, de un momento a otro, tenés que poner en marcha un rescate para diez personas y somos cuatro guardavidas. Lo que sí utilizamos mucho es el tema del silbatazo para alertar a los compañeros que estamos por hacer un rescate. Se toca un “Piiiiiiiii” bien largo y sostenido y, si son muchas víctimas, se acercan.

-La bandera celeste indica que el mar está calmo; la amarilla y negra, que está dudoso; la roja y negra, que está peligroso; y la roja, que está prohibido bañarse. ¿Los veraneantes hacen caso a esta señalización?
-Poco. Te diría que la bandera roja muchas veces funciona como un llamador para que la gente vaya y se meta igual. (Risas). No le dan mucha importancia. En otros países por ejemplo, yo tuve la suerte de viajar a trabajar a España, cuando hay bandera roja está prohibido bañarse. Y si te metés al mar te cobran una multa como de 300 euros.
-Además de los rescates, ¿de qué otras situaciones se hacer cargo los guardavidas en la playa?
-Cuando aparecen lobos marinos, que suelen quedarse descansando en la orilla, perimetramos la zona para evitar que los veraneantes se acerquen. La gente es súper invasiva: los quieren tocar, les quieren dar de comer... Otro tema son los niños: se desorientan bastante y terminan perdidos, sobre todo en las playas que son abiertas. Por lo general siempre van a favor del viento. Para evitar el mal momento, les recomendamos a los padres que traten de darles siempre algún punto de referencia. Nuestra casilla está pintada de amarillo y rojo justamente para eso.

-Para cerrar, quisiera romper con un mito. ¿A los guardavidas les molesta que les digan bañeros?
-A mí no me molesta. Hasta me gusta porque, en realidad, fuimos bañeros. En los comienzos de la profesión, los guardavidas acompañaban a la gente de la aristocracia a bañarse al mar. La gente se metía al agua con sogas y ellos los supervisaban. El término viene de ahí. Después, se fue profesionalizando.
Fotos/Christian Heit.
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