
Hace 36 años que Griselda Allovatti atiende su carnicería en el Barrio Laprida de Lomas de Zamora, y trata a sus clientes como familia. Cuando empezó no sabía nada del rubro, no tenía experiencia, y había quedado viuda a los 27, con un hijo de 9 a su cargo. La ayuda y contención de cada una de las personas que la acompañaron en los momentos más difíciles de su vida, son gestos que valoriza hasta el día de hoy. A pesar de todos sus miedos, arrancó con el negocio de cero, aprendió todo del oficio y se propuso metas que pudo cumplir. “Ahora quizá hay algunas carniceras mujeres, pero cuando yo abrí la persiana no era para nada común, y me miraban como un bicho raro”, le cuenta a Infobae. A los 63, considera a muchos de sus vecinos como amigos del alma, pudo construir su casa a puro esfuerzo, y siente que cada vez que entran a saludarla, el reconocimiento que le brindan es una caricia a todos los sacrificios que hizo.
Un 21 de diciembre de 1987 su marido salió a hacer unas compras a Temperley para reponer mercadería de achuras, en plena víspera de las Fiestas. Hacía solo tres años que había abierto una carnicería en Longchamps, y un amigo de la familia le había enseñado la profesión de cortador. “No volvió a casa, y al otro día me avisaron que estaba internado en el hospital de Lomas, y llegué como pude porque en ese entonces no existían los celulares ni había remises, y él estaba inconsciente”, rememora. Allí se enteró de que había tenido un accidente de auto, y pasó Navidad y Año Nuevo en vilo, rezando por su recuperación.
“Teníamos un Fiat 600, él dobló a la izquierda en una esquina donde no se podía, justo venía un Falcon que lo embistió de punta; un Falcon era una locomotora al lado del Fiat, así que le hundió la rueda del acompañante de adelante casi hasta el volante de donde conducía. Se golpeó la cabeza con el parante de la puerta y se le hizo un edema cerebral, por eso enseguida perdió la consciencia”, relata. Después de 13 días de suplicio, llegó la peor noticia. “Fue horrible el momento en que los médicos me dijeron que habían hecho todo lo que habían podido, y más duro aún cuando se lo tuve que comunicar a mi hijo”, expresa. Aquel 3 de enero de 1988 se despidió de su compañero de vida, con quien había estado durante más de una década.

“Él tenía 37 años, y murió por lo que hoy en día es un ACV; cuando veo casos de gente que se recupera, pienso que si en ese momento hubiese habido el adelanto de la ciencia que hay ahora, capaz que lo salvaban, pero la vida no lo quiso así”, manifiesta con desazón. Durante años no podía escuchar el sonido de las ambulancias porque se descompensaba. Le hacía acordar al momento en que trasladaron a su esposo a otro hospital para que estuviera en terapia intensiva, y esas imágenes quedaron grabadas en su recuerdo. Se mudó a la casa de unos tíos en Monte Grande, y se propuso salir adelante para poder criar a su hijo. “Aunque era chiquito, estuvo siempre al lado, fue mi soporte, mi combustible espiritual porque me dio la fuerza para seguir, y tuve que crecer de golpe porque había mucho que hacer”, indica.
Cerró el negocio de Longchamps porque no se sentía segura para continuarlo sola, y rescató las máquinas para probar suerte en otro lugar. Ella nunca había trabajado en el local, y no tenía ninguna noción, ni del oficio como tal, ni de a qué proveedores consultar, o cómo organizar los pagos. “Soy única hija, y mi tía fue como una madre para mí, ella tenía una carnicería, y por medio de ella conocí a Daniel, que fue mi padre comercial, un señor que me enseñó todo, tanto del mostrador como a despostar”, explica. Se convirtió en su socio y mano derecha, pero siempre le inculcó que tenía que aprender a ser independiente, porque si un día él faltaba, debía levantar las persianas igual.
La carnicería y los clientes
Pasaron siete años desde que se instaló en Lomas de Zamora, y aunque había acumulado mucha experiencia, todavía no se sentía del todo segura. “El trabajo había bajado bastante, ya no estaba rindiendo como para que seamos dos socios, y Daniel me dijo que era el momento de que me lanzara sola”, cuenta. Le daba temor que los clientes no aceptaran que fuese una carnicería atendida solamente por una mujer, que los prejuicios y la mirada social hiciera que las ventas bajaran aún más, pero por fortuna, cada vecino que la conocía o se enteraba de su historia, la elegía para sus compras habituales.

“Creo que sobreviví tantos años, a pesar de los problemas económicos del país, porque soy muy consciente de lo que vendo: trato de hacerlo en el mejor precio posible. Y soy famosa por la calidad y la limpieza”, asegura. Tiene como principio ser honesta con los clientes, y confiesa que se volvió una necesidad que todo pase por sus manos. “Yo hago las hamburguesas con carne bien magra, y para las milanesas no compro huevos en polvo, no trucho nada, las hago como si fuesen para mi familia; y tengo la manía de que tiene que estar hecho por mí, porque podría poner una persona que haga las milanesas, pero en algún momento lo intenté y los clientes me decían ‘esta vez no las hiciste vos’, se daban cuenta y están acostumbrados a mi manera de hacer las cosas”, sostiene.
Cuando le preguntan si las hamburguesas son buenas, ella les responde: “Son las mismas que les llevo a mis nietos”, en referencia a Florencia y Dante, los dos tesoros que alegran sus días. “Mi marido se llamaba Dante, y mi hijo cuando tuvo su hijo varón, le puso el nombre en homenaje a él y fue una gran emoción”, revela. Se acuerda de su esposo y lo define como “el hombre orquesta”, porque aprendía todo lo que podía para saber defenderse ante las adversidades: chapa y pintura, carpintería, y luego la carnicería. “Las tablas donde yo camino hoy, las hizo él; el mostrador, una mesa de acero inoxidable, los bancos donde se sienta la gente, todo hecho por él; mantengo la línea de antes”, indica, y reconoce que es una manera de que siempre esté presente.

“Yo le digo al cliente que no le puedo vender lo que yo no me comería”, destaca. A lo largo de casi cuatro décadas vio crecer a muchos niños, los mismos a los que les daba un caramelo cada vez que venían, y ahora muchos entran por la puerta con sus hijos o sus parejas. Griselda sabe lo que van a llevar antes de que se lo pidan, y los trata de “hijo”, “cariño” y “mi amor”. Así le nace desde el corazón. “Cuando pierdo un cliente me duele muchísimo, y no por la pérdida económica que represente, sino porque siento que pierdo un amigo, para mí son parte de mi vida, sé de sus vidas, ellos de la mía, y no evalúo la vida con un signo pesos en la frente; como sé bien lo que es perder alguien que no vuelve, cuido mucho mis vínculos”, expresa.
Hasta hace no tanto había dos señoras que solían saludarla ni bien abría, y le convidaban el primer mate de la madrugada. “Me cuidaban mucho porque sabían que era yo sola con todo, me traían alguna torrejita para que no pasara hambre, un café caliente en invierno, y estaban atentas a lo que necesitara, las lloré muchísimo cuando partieron”, se lamenta. “El negocio me dio mucho, me dio una vida”, remarca. Tiene dos amigas del alma que conoció como clientas, y se volvieron sus compañeras de viajes. “A nosotras en la mochila no nos puede faltar el equipo de mate, galletitas, y paté, porque si estamos en el medio de una montaña y nos gusta quedarnos ahí, aunque no haya nada para comprar, sabemos que tenemos eso y nos podemos quedar a pasar el día”, comenta.
Los desafíos que superó
Parece ayer cuando recién comenzaba a aprender los cortes de carne, y tuvo en toda su trayectoria solo dos accidentes, y afortunadamente, ninguno de gravedad. “Siempre tuve un carácter para adelante, y pensaba: ‘Si otro puede, yo tengo que poder’, y las manos son mis herramientas de trabajo, así que sabía que si me pasaba algo, no podía abrir la carnicería”, explica. En aquellos inicios un día quiso cortar el hueso de la paleta y como se le soltó el cuchillo y se hizo un corte arriba de la nariz. “Por suerte fue superficial, y la otra vez fue cuando estaba queriendo desgrasar un churrasco de cuadril y dejé el dedo gordo abajo y me limpie la uña, me la saqué completa”, rememora.

Su hijo la pudo reemplazar algunas veces, porque aprendió el oficio desde la juventud, pero ella le inculcó que buscara una vocación propia. “Gracias a Dios le puede dar su estudio, y se recibió de Técnico Mecánico; hoy trabaja en una fábrica hace más de 20 años, ya tiene 45 y me alegra porque atender el local toda una vida es muy sacrificado”, sostiene. Abre de lunes a lunes, y este verano no se tomará vacaciones por la situación económica del país, y decidió tomarse franco únicamente los lunes de enero y febrero. “Antes cerraba dos semanas en enero, pero ahora ya no se puede”, asegura.
Gracias a su constancia y al cuidado de sus clientes pudo poco a poco hacer su casa. Para poder comprar las cerámicas se acuerda de que a a las 4 de la mañana se levantaba para guardar toda la grasa picada, la derretía, la ponía en tachos grandes, limpiaba toda la cocina y se iba al negocio. “Se la vendía el panadero, que me daba el pan rallado, y yo esa platita la iba poniendo en rollitos en un bidón, para poder terminar mi casita”, cuenta.
Ahora para cuidar su espalda tiene la ayuda de un muchacho que le da una mano con la mercadería más pesada, pero en el resto sigue siendo ella la única que tiene trato con los vecinos, los proveedores y la que prepara cada producto para el mostrador. “La vida te saca cosas, pero también te da”, asegura con optimismo. Aunque hoy no considera que haya pendientes por cumplir en el aspecto sentimental, tampoco descarta que a futuro aparezca alguien que la sorprenda. “Mucho después de la muerte de mi marido, estuve unos 10 años en pareja, y al principio era una separación momentánea, pero se prolongó para siempre y me acostumbré mucho a estar sola”, confiesa.
“Trato con hombres hace más de 30 años, así que a mí un hombre no me puede venir a chamuyar”, sentencia con humor. Por ahora está concentrada en el disfrute de los logros, en el orgullo que siente al ver a su hijo y a sus nietos, y en el día a día en su amada carnicería, ubicada en la calle Boero 495 en Lomas de Zamora, el mismo lugar que mantiene hace 36 años.
Últimas Noticias
Denunciaron a un vecino de Recoleta que disparaba desde su balcón con un rifle de aire comprimido
El hombre fue allanado por la Policía de la Ciudad en las últimas horas. Le secuestraron el arma y varias municiones. Los videos

“Gorda comunista” y “cáncer”: los repudiables dichos del coordinador de Radio Nacional Tucumán contra Mercedes Sosa
Enzo Ferreira, también referente provincial de La Libertad Avanza, insultó vía X la memoria de la mítica cantante, cuyo nombre porta la emisora radial. “Solo hice una descripción física e ideológica”, desafió en redes sociales. El pedido de renuncia del funcionario y el comunicado del Ente Cultural provincial

Violento temporal en una localidad de Córdoba: casi 250 milímetros de lluvia, casas inundadas y un geriátrico evacuado
Las intensas tormentas se registraron en Colonia Marina, donde las autoridades esperan que el nivel del agua comience a descender en las próximas horas

Qué se sabe del caso de la nena que descubrió a su padrastro cuando abusaba de su hermana mayor
El hecho ocurrió en la localidad de Santa Clara del Mar. El presunto abusador, que tiene denuncias por violencia de género, quedó detenido. Qué medidas de prueba alista el fiscal que tiene a su cargo la causa

Malas noticias para Néstor Ortigoza: le prohibieron la salida del país por no pagar la cuota alimentaria de sus hijos
El exfutbolista tiene una demanda de la madre de su hija y otra de Lucila Cassiau, mamá de su hijo y quien lo denunció en 2024 por violencia de género. La Justicia de Morón resolvió que no pueda irse de Argentina y la de Lomas de Zamora ordenó su inscripción en el Registro de Deudores Alimentarios Morosos




