
“Qué momento, qué momento, a pesar de todo les hacemos el Encuentro” es el grito unísono que suena fuerte durante el acto de apertura del 36° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y no Binaries en el Velódromo Municipal de Bariloche.
Chela está sentada sobre una lomadita de pasto. Se la nota atenta al documento que la comisión organizadora lee desde un escenario, mientras de refilón sigue con la mirada a la prole. Es que Chela llegó al sur en micro desde 30 de agosto, el pueblo donde vive cerca de la ciudad de Trenque Lauquen, con su grupo de militancia pero también con manada personal: hija y cinco nietas.
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“La primera vez que llevé a mis nietas a un Encuentro fue en Mar del Plata en el año 2015. En ese momento viajé con las tres mayores y desde esa vez siempre venimos juntas. Lo disfrutamos un montón. Hay una energía que yo no sé. Es una energía que se mete adentro. Volvés con algo que nunca más se te va del cuerpo”, dice Chela.
De contextura menuda, Chela se hace enorme cada vez que sonríe. Y sonríe mucho cuando habla. Se la nota contenta, se la siente feliz.
Manuela es una de las nietas que inauguró la costumbre familiar encuentrera en 2015: “Desde entonces la abuela nos trae puntualmente todos los años a los Encuentros de Mujeres. Lo re disfrutamos porque es una experiencia hermosa venir con ella. Cuando le cuento a otras personas se suelen sorprender. Pero la abuela siempre fue una luchadora. La que nos arrastra y nosotras terminamos prendidas en esta vivencia de unidad y de feminidad, porque nos sentimos como abrazadas por las mujeres del país”.
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Uma y Salomé son las dos nietas de Chela que se sumaron por primera vez a la caravana. Uma tiene 14 años y es la secretaria general del centro de estudiantes de su colegio: “Hace rato que quería venir pero justo apareció la pandemia. Cuando estaba en la primaria, me tocó la marea verde y empecé a ir a las marchas con mi mamá. Me interesa la política, por eso me anoté en el taller sobre participación estudiantil durante la última dictadura militar”.
Cerquita la escucha su prima Salomé, la quinta nieta de Chela que hará de Bariloche su primer Encuentro Plurinacional: “Tengo 18 años y no había estado antes. Igual siempre estuve medio metida en el mundo feminista. Nunca milité ni nada, pero estoy enganchada a través de las redes sociales. Me copa la posibilidad de cambiar la perspectiva, cambiar la dinámica. No soy mucho de la gente, me da como medio pánico, pero acá me estoy sintiendo bastante cómoda”.
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El familión se acomoda para las fotos. Posan convencidas, por su propia historia, de que lo personal es político.

Amigas de lucha
Ana, Olga y Yolanda caminan despacito por el Centro Cívico. Llaman la atención porque cargan banderas celestes y blancas que se anudan con pañuelos verdes. Llegaron a Bariloche el viernes desde el municipio de Villa Gobernador Gálvez, en la provincia de Santa Fe, luego de soportar un viaje en micro de 28 horas lleno de desperfectos técnicos.
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“Valen la pena los esfuerzos igual. Siempre, siempre. Aparte, nosotras nos venimos preparando para venir desde abril. Una mujer debería poder transitar por lo menos un Encuentro en la vida. Nos lo merecemos, porque entramos de una manera y salimos de otra. La primera vez que participé fue en Neuquén en 1992 y a partir de ahí participé en muchos y en muy distintos talleres. Me he ido siempre enriquecida con los debates, con los consensos, con los disensos. Es muy enriquecedor encontrarse con la realidad de otras mujeres de todo el país en cualquiera de los talleres. Los talleres son el corazón de los Encuentros porque cada una habla por sí misma, de su propia realidad, de sus esperanzas, de sus agobios, de sus opresiones”, cuenta Ana, que es jubilada docente y amiga de Olga y de Yolanda desde la época del jardincito de sus hijos.
Olga tiene 63 años, ex enfermera, actual ama de casa y otra encuentrera de experiencia: “Estoy en la lucha como todas las compañeras. La riqueza de este espacio es que no vas a encontrar nunca una mujer igual a la otra. Cada una tiene su historia, cada una tiene sus luchas, sus posiciones, su fe, sus opresiones. Porque los encuentros son para que podamos sacar afuera profundos dolores, algunas veces guardados por años”.
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Yolanda es la encargada de cargar las banderas. Derechita y a paso firme. Cumplió 73 años: “Ahora ya soy ama de casa porque dejé de trabajar. Era empleada doméstica. Y cada vez vengo a los Encuentros con más entusiasmo. Tengo 73 años y me animo, por eso pienso que todas las mujeres se tienen que animar a vivir esto. Además es maravilloso que sea tan federal, que conozcamos mujeres de distintas partes del país. Porque cuando conocés tu país y a su gente lo amás, y cuando lo amás lo defendés”.
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