David tuvo la vida de un estadounidense típico. Nació en la ciudad de Oklahoma City el 30 de diciembre de 1970 en el seno de una familia de clase media conformada por un padre, una madre y dos hijos. Cuando cumplió un año se mudaron a Nashville, Tennessee, porque a su padre lo contrataron de una iglesia metodista para ser director de comunicaciones. Tuvo una infancia feliz que compartió con su hermano Steven, que tiene un año y medio menos que él. El último año de secundaria lo hizo en Australia, una experiencia que lo enriqueció y despertó en él el deseo de conocer el mundo. Luego regresó a su ciudad para ir a la universidad. Decidió que quería estudiar Letras porque quería ser escritor. “Mi papá y mi abuelo eran fotógrafos. Siempre tuve muy presente el tema de la comunicación en mi familia”, cuenta. Pero siguiendo el sueño americano se cambió de carrera y estudió administración de empresas.
Desde chico sus padres le inculcaron el interés por conocer otras culturas y lo llevaron en distintas oportunidades a Europa. Por eso en 1998 se postuló para hacer un intercambio en el Rotary Club y se instaló por seis semanas en Argentina. Conocía muy poco del país, lo típico: Maradona, Evita, la guerra de Malvinas y el tango. Ese primer viajé lo impactó: conoció la cultura, las costumbres, la pasión por el fútbol, el asado, el dulce de leche y, por sobre todo, la calidez humana; todo eso lo enamoró. Cuando regresó a Estados Unidos se mudó a la Gran Manzana. Sus días allí eran los de un hombre que cumplía con el mandato americano. Salía temprano de su casa en Nueva Jersey y se tomaba el tren hasta la estación que estaba en el subsuelo de las Torres Gemelas para llegar al corazón financiero de Manhattan, donde se encontraba la compañía de telecomunicaciones en la que trabajaba. “La mañana del 11 de septiembre yo estaba en la calle, en la zona del World Trade Center. Me dirigía a la sede mundial de un reconocido banco para firmar un importante contrato que esperé durante meses. Iba vestido con un traje, llevaba un portafolio y ese papel bajo mi brazo que creía que cambiaría mi vida. Pero esa mañana mi vida cambió por razones muy distintas. El atentado del 11 de septiembre hizo que quisiera estar lo más lejos posible de Nueva York y la Argentina había sido un lugar que me había conquistado. En 2001 me mudé a Mendoza, formé familia y pude descubrir mi verdadero yo”.
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“En Argentina tienen una manera de organizar planes que llevan tiempo. Cuando llegué, me asombraba mucho y no podía entender el porqué de tanta lentitud. Fue con el paso de los años que comprendí que hay que tener paciencia para hacer el asado porque es todo un ritual para poder estar juntos y pasarla bien. Para mi fue un hermoso descubrimiento y aprendizaje. En Estados Unidos un bistec se hace en un grill a gas que cocina todo en tan solo quince minutos. Eso es todo una metáfora cultural. En mi país de origen el tiempo es dinero, todo se acelera. En cambio acá, el tiempo son relaciones. Una diferencia que habla mucho de las dos culturas”.
A poco de habitar en suelo cuyano, David quedó asombrado por la unión familiar del lugar. Entendió que la idea de “volar lejos”, como había hecho él, aquí no era usual. Descubrió el apego por los tíos, los hermanos y la tradición de los domingos en familia. “Por estas razones yo creo que Argentina es uno de los países más ricos del mundo, y lo digo siempre. Acá en Mendoza la gente no está mirando el reloj cuando va al parque. En esta parte del mundo las personas se juntan a estudiar, hablar y compartir lindos momentos tomando mate, que para mi representa ´la pipa de la paz´”.
Hoy su vida en el país es todo lo contrario a la que tenía en Nueva York: se junta con amigos sin programarlo, tiene largos almuerzos y sobremesas cada semana con su familia, duerme la siesta, va a buscar a su hijo Benji al colegio y lo acompaña a hacer deporte; disfruta de las pequeñas cosas de la vida. “Hoy viviendo afuera, puedo reconocer con mayor claridad ciertas costumbres de Estados Unidos que cuando vivía adentro no veía. Por eso se dice que un pez no sabe que está mojado porque vive toda su vida dentro del agua”.
A partir de julio, David recorrerá la Argentina junto a Infobae para descubrir el maravilloso país que eligió para vivir y las razones por las que lo sigue eligiendo.
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