“En sus ojos vi la tristeza que llevaba por dentro”, relató Marcelo Cabrera junto a un video desgarrador: un jubilado que vendía encendedores en Palermo para hacerse de un poco de dinero que lo ayude a llegar a fin de mes, se quebró cuando el hombre interrumpió su café para escucharlo y apenas le preguntó cuánto había vendido, el septuagenario no pudo contener las lágrimas.
La conmovedora situación quedó registrada y fue compartida en la cuenta de TikTok marchhe.19. “Quiero volver a verlo, pero la próxima sonriendo”, escribió en la red social junto a las imágenes que se viralizaron, superando los 200.000 corazones, y que aún despiertan un sinfín de reacciones y comentarios sobre la triste situación que atraviesan los adultos mayores en Argentina, donde la jubilación mínima apenas pasa los $ 50 mil y uno de cada cuatro vive bajo condiciones de pobreza estructural.
El conmovedor momento
Todo sucedió el pasado jueves 15 de septiembre, mientras el hombre compartía un café con un amigo en un bar ubicado en la esquina de Guise y Charcas, en Palermo. Allí vio al abuelo de 76 años ofreciendo para la venta unos productos que sacaba de una bolsa; lo llamó y preguntó qué tenía para venderle y le mostró los encendedores ($ 100) y pañuelos.
“Me llamó la atención porque lo escuché decir que vendía los pañuelitos descartables a $180, cuando lo venden por mucho más y a ese precio, él apenas tenía un margen de ganancias”, pensó Marcelo, de 45 años y corredor en una empresa que confecciona barbijos, camisolines, ropas para hospitales y para empresas de seguridad.

Aún conmovido por aquel momento, revive: “Lo vi triste, se le notaba que estaba mal y cuando comenzamos a hablar me contó que murió su esposa y que él tenía que salir a vender esas cosas para sobrevivir. Tuve necesidad de abrazarlo, sentí que lo necesitaba. Lo vi como a si fuera mi viejo y supe que tenía que ayudarlo”.
En el video que compartió, por consejo de un amigo, apenas se escucha que el jubilado admite: “Estoy muy mal”, mientras él lo consuela: “¡No llorés! Tenés que seguir adelante...”. Luego indaga: “¿Cuánto vendiste?”, y le ofrece dos billetes de $1000, que no quería tomar.
“Quizás dudó tanto en aceptar el dinero por dignidad, por no querer recibir la plata sin haber vendido, no sé. En ese momento, solo lo quise ayudar porque de verdad estaba triste y no quería agarrar la plata, pero le pedí que no me dejara nada y que no llorase”. Pero el vendedor insistía en que tomara algo de lo que le ofrecía. “Sé que es para comer”, le dijo Marcelo. “Te pido disculpas”, respondió apenado el jubilado.
Tras ese encuentro, el también miembro de la Cooperativa Lecomar, se quedó igual de triste que el jubilado y angustiado. Por eso, al día siguiente preguntó en el bar si lo habían visto y si solía ir a vender a las mesas ubicadas en la vereda.
“Me dijeron que no, pregunté en los comercios del barrio pero nadie lo vio antes y lo estoy buscando porque luego de que el video se hiciera viral mucha gente me contactó para ayudarlo, por eso también lo difundí. Sé que hay muchas personas con deseos de ayudar y quizás no saben a quién ni donde”, reflexiona.

Entre los comentarios al video, hay quienes aseguran que vieron al jubilado vendiendo en los vagones de la línea de subte D y otros aseguran que lo vieron en los del tren San Martín. Todos coinciden en que apenas vende. Lo cierto es que desde aquella tarde, Marcelo lo busca porque desea volver a tomar contacto con él.
“No me di cuenta en ese momento de pedirle el número de teléfono, me quedé helado por todo lo que dijo y solo le ofrecí plata pensando en que quizás eso lo pondría contento, pero se fue destruido. Lo pensé así porque como yo me crié en la calle, sé lo que es necesitar ayuda de las personas y tener que pedirla cuando no queda otra, por eso se la di sin pensar en que quizás eso no lo hizo sentir bien del todo. Quizás cuando fui yo el que tuvo necesidad ese hombre me tendió una mano, ¡andá a saber! Las vueltas de la vida son muchas”.
Marcelo cuenta que nació en la calle, que conoció el hambre, pero que gracias a la ayuda de muchas personas pudo trabajar, progresar y hacerse de un futuro muy distinto al que pensó ya estaba marcado.
“Ahora estoy del otro lado y ayudo siempre, aunque no me gusta hablar mucho de lo que hago, por consejo del compañero que grabó el video, lo subí a mis redes para que se sepa un poco de lo que hago: desde hace varios años, junto a dos amigos juntamos ropas, muebles, libros, comida, y todo lo que nos quieran donar y lo llevamos a los barrios humildes del partido de La Matanza, como Puerta de Hierro, y de José C. Paz. No somos una fundación ni una ONG sino una grupo de pibes grandes que hace cadenas de favores. Esa es mi manera de devolver a la sociedad todo lo que me dio”, finaliza.
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