
“El miedo más grande de mi mamá es que cuando salgo no vuelva a casa”, dice Tamara Pons, creadora de “Mamá Llegué”, un emprendimiento que ofrece llaveros de defensa personal pensados para que las mujeres puedan volver tranquilas a sus casa. Tiene 22 años, es manicura y cuenta que jamás hubiese pensado que pasaría de cuidar las manos de sus clientes a sus propias vidas. Un tapado cubre su muñeca, y es ahí donde esconde, sin que nadie pueda notarlo, una colorida cinta que lleva todo lo que podría necesitar usar frente a una situación límite.
Literalmente bajo la manga y en forma de llavero, tiene un gas pimienta de color rosa; un kubotán, el instrumento japonés que parece una especie de estaca; una alarma; un cortador de cintas y un amistoso gatito que en realidad es una manopla a medida que puede paralizar del golpe a un oponente.
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Tamara nació en Lomas de Zamora y la inseguridad persigue a su familia desde antes que ella naciera. Después que entraron a robar a la casa familiar, su madre desarrolló un trastorno de estrés post traumático que la acompaña de por vida. “Me duele que mi mamá tenga tanto miedo de que no vuelva a casa, pero es una realidad: los femicidios ocurren todos los días y las pibas siguen terminando en bolsas. Si un día me quedo dormida en lo de una amiga y no le aviso que llegue, me puedo despertar con 17 llamadas perdidas de ella”, dice con tristeza.

A los 16 años vivió en carne propia un asalto en su hogar, y lo primero que hizo fue entregar su celular a dos encapuchados que arrancaron la puerta de calle. Lo más doloroso fue ver como los delincuentes tironeaban y arrastraban a su madre por las escaleras. “A nosotros nos vinieron a robar, pero a una vecina de mi edad la secuestraron y pidieron un rescate. Desde esa edad tengo conciencia de que me tengo que cuidar sola, porque algo malo te puede pasar cuando menos te lo imaginás”, explica.
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Una y otra vez, enfatiza que frente a un ataque podría no haber segundas oportunidades. “Tuve muchas situaciones de acoso callejero. Un día volvía del colegio y el tipo que menos lo hubiese pensado, con un traje y un maletín, me dijo una guarangada que me dejó temblando. El acoso puede venir de cualquiera, por eso tenemos que poder defendernos”, reclama. Aunque recuerda poco a poco las situaciones por las que pasó, hay algunas que prefiere no revivir en detalle. No sólo enumera episodios personales: “Desde que a una amiga de mi hermana la drogaron en un boliche entendí que las mujeres estamos en riesgo en todo momento”.
“Como era manicura escuchaba muchísimo a mis clientas y sentía el miedo que tenían de salir a la calle”, sigue. De todas aquellas historias de terror, que vivió o escuchó desde el otro lado de la mesa un centro de estética, se animó a transformar una necesidad en su propio proyecto para tranquilizar a Teresa, su mamá.
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“Me puse a ver qué había en internet y encontré algunas tiendas en Estados Unidos que vendían un montón de cosas de seguridad. Me puse a investigar y a preguntar a la gente qué es lo que realmente necesitan, y así armé algo a medida”, comenta. También se apoyó en un policía retirado, que le enseñó y asesoró sobre defensa personal.

Cuando comenzó a estudiar diseño gráfico en la UAI, se puso a preparar una tienda online de productos de autodefensa pensados para mujeres. “Para mi el feminismo es lo que hacemos todos los días, es poder igualar, y nadie tendría que tener miedo cuando sale de su casa. Pero nadie se preocupa por que las pibas lleguen vivas”, completa.
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Al mismo tiempo, Tamara aclara: “No estoy promoviendo que las mujeres se armen, sino que si las quieren abusar no sean espectadoras pasivas y se puedan defender. Ojalá que nunca tengan que usarlo, es lo que le digo a las pibas cuando compran mis productos. Pero si llegan a estar en una situación de riesgo tienen algo, no es lo mismo estar sin nada y no saber qué hacer”.
Todos los llaveros son personalizados: desde los colores hasta los objetos de defensa personal. Hay quienes prefieren una navaja, mientras que otros se detienen en el gas pimienta o las picanas eléctricas. “Hay objetos que son para persuadir, como las alarmas, y otros que te pueden salvar de una agresión física”, señala.
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Los llaveros, asegura, están pensados para defenderse de un intento de violación o una situación de acoso sexual. Y todos los productos que vende son ensamblados con sus manos, mientras que las cajas de los envíos se pierden entre las amatistas que simbólicamente la protegen.
Pero no sólo se encarga de las ventas online, sino que también genera contenido pensado para superar situaciones de riesgo. “Hago videos que explican cómo volver a casa en un taxi, que hacer si te quieren atacar cuando estas por la calle, como defenderte frente a estas situaciones, que son muy comunes. Es súper importante saber cómo actuar si algo te llega a ocurrir. Para mi es algo que deberían enseñar en los colegios”, explica Tamara, que tiene 55 mil seguidores en Instagram.
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Lo que la decidió enfocarse por completo en el emprendimiento fue sin duda, el día que se enteró que una compañera de la peluquería había evitado un ataque con el dispositivo. “A veces tengo como esa sensación de que alguien tiene que llevarse el llavero, se lo di a una compañera que era depiladora, y ese día escuchó unos gritos y con el gas pimienta intervino en una pelea donde a una piba le estaba pegando el novio. Ahí entendí que quizás evitamos un femicidio”, remarca.

“Seguir escuchando que ocurren feminicidios me destruye”, insiste Tamara. “Hago todo lo que puedo desde mi lugar. No sé si alguien sabe cómo cambiar esta situación que vivimos las mujeres o contra qué exactamente peleamos. Cuando veo que hay tipos que se organizan para atacar a las mujeres, como pasó varias veces, no puedo entender que tienen en la cabeza”.
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A través de las redes le dicen que es el “ángel de la guarda” para las más de 3.000 chicas que por el momento decidieron protegerse con su invención, incluso de países como México o España. Y ya le llegaron diez mensajes de mujeres que debieron usar el dispositivo. “No importa la edad que tengas, te pueden atacar. Una chica activó la alarma a la salida del colegio para que no la secuestraran. Otra chica de Villa Madero también lo usó, incluso una se salvó de un asalto”, detalla. La segunda vez que sintió esa sensación, rápidamente le dijo a una clienta que vaya a buscar ese día el llavero y no espere el envío. El resultado: la persiguieron dos hombres en la estación de tren y pudo escapar. “Esa clienta sentía que lo necesitaba ya, la corrieron dos tipos, se salvó de una violación o terminar en una bolsa de plástico, porque activó la alarma y se asustaron. Me da orgullo que mi idea la haya podido ayudar”, cuenta.
El miedo de las mujeres a salir a la calle la impulsa. Y su convicción de que nadie está ahí para ayudar cuando más se necesita: “Muchas veces pienso que si no nos cuidamos nosotras solas, realmente podemos no volver a casa. Los dispositivos están pensados para eso, para salvarnos. Tenemos que deconstruir la idea de que a las mujeres nos de miedo salir solas a la calle. Es un cambio de conciencia y siempre que me lo compran deseo que jamás lo tengan que usar”.
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