
“¡Esto es una locura, pero una locura hermosa!”, dice entre emocionado y riendo Franco Bussi cuando al fin pudo tener señal para tomarse unos minutos y conversar desde Estambul, donde el calor arremete y los cortes de luz aparecen cada tanto.
Allí está con sus amigos Bernardo Costamagno y Nicolás Arce, de 26 años los dos. Los tres son oriundos de Laboulaye, Córdoba, se conocen desde niños y hace más de un año recorren el mundo juntos. Cuando dejaron su pueblo, inserto en las sierras, lo hicieron en distintos momentos, y con el objetivo que conocer la mayor cantidad de países que pudieran. Pero en abril la meta cambió.
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“Bernardo y Nico viajaban juntos desde antes que yo, que salí solo con destino a México en febrero de 2020 y allí me garró el coronavirus, eso me dejó anclado por seis meses en ese país. Cuando pude, seguí mi viaje y los tres nos encontramos hace un año y medio en una pequeña ciudad de Tailandia. Una tarde, en una de las playas, los chicos hablaron de la idea de ir a Qatar en bicicleta mientras yo estaba en el hostel y me la contaron durante la cena: ‘Queremos ir al Mundial y alentar a la Scaloneta, y te contamos... ¿Vamos?’, me dijeron. ¡Se me puso la piel de gallina! Sentí una mezcla de emoción, escalofríos y felicidad... ¡Vamos!’, les dije y así comenzamos con este sueño”, cuenta el joven de 24 años.

Desde ese día comenzaron a planificar y a pensar en ese proyecto, al que llaman Soniando en cleta (sin ñ). Llegaron juntos a Europa, allí obtuvieron una visa de trabajo y tomaron empleos para comenzar a ahorrar.
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Ya pasaron por Italia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Bosnia, Albania, Macedonia del Norte, Grecia y ahora están en Turquía, país que cruzarán para luego continuar por Georgia, Armenia, Irán y llegarán por agua a Qatar.
Aún sin entradas para la primera fase de la Copa del Mundo, los amigos se esperanzan con “un milagro” para cumplir el sueño mundialista. “Con tirar unos pasitos con el Papu Gómez y tomar unos mates con el plantel, estaría el sueño cumplido”, dicen.
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El viaje
“Este proyecto se cocinó en dos días. Ya habíamos viajado por Europa y Asia; y en marzo estábamos en Tailandia cuando surgió la idea que, en principio, parecía una locura porque ya habíamos pensado en hacerlo en bici. Después lo hablamos más en serio y nos dijimos: ‘¡Listo! ¡Vamos a hacerlo!’”.
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Franco nunca había andado más de 10 kilómetros en bicicleta y lo hacía en algunas ocasiones porque nunca fue su estilo de vida. Aún así aceptó el desafío de sus amigos y hoy los tres recorren el mundo en un viaje al que también definen como sustentables.

“La primera ruta -cuenta- era salir desde Nepal, pero no fue posible obtener las visas para cruzar frontera terrestre, así que tomamos un vuelo a Como, Italia, y desde allí arrancamos. Nos equipamos en Milán y en Como. Cuando contamos que iríamos al Mundial, nos apoyaron con descuentos y regalos donde compraron las bicis, a las que bautizamos ‘La Pochocla’, que es la mía; la de Bernardo es ‘La galga’ y la de Nico ‘La niña’”.
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Al salir con más de seis meses de anticipación pueden hacer tranquilos entre 6.000 y 7.000 km. “Aunque no tengamos un gran estado físico, mentalmente estamos de diez, y si decimos que en una semana haremos 700 km, los hacemos”, explica.
También se permiten conocer cada destino, su gente y su cultura. “Si un lugar nos atrapa o si conectamos con la gente o un lugar nos quedamos. Como en Grecia, por ejemplo, que nos quedamos 15 días en un lugar donde se podía acampar gratis y no gastamos casi nada de plata, eso nos gustó”.
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Todo esto lo pueden hacer con absoluta tranquilidad porque en cada uno de sus bicis tienen todo lo necesario para dormir y comer: llevan cuatro alforjas, equipo para cocinar, carpa, almohadas y bolsas de dormir. Y, lo más importante (que les abre muchas puertas), una bandera argentina flameando.
“¡Es increíble lo que logra! Nos gritan ‘¡Argentina! ¡Messi! ¡Maradona!’, todos reconocen la bandera y tienen algo bueno para decir. Se nos acercan las personas, por curiosidad y se genera un vínculo; nos invitan un café, preguntan si necesitamos agua, nos ofrecen comida o invitan a comer y hasta a dormir. Eso también es algo que genera la bicicleta porque yo que viajé durante tres años como mochilero, la mochila no genera lo mismo, esa empatía”.
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Para ellos, lo más importantes es mantener la idea de realizar un viaje sustentable y económico. “Tenemos el equipamiento necesario para autosustentarnos y dormimos siempre en lugares salvajes, sin pagar a cambio y eso nos encanta. Con esto, que alentamos a hacer, derribamos un poco la idea de que viajar es caro”.
En Córdoba quedaron las familias, con quienes se comunican como pueden. Siempre recibieron el apoyo de los seres queridos que comprenden el amor por viajar y el deseo de conocer el mundo, como mejor manera de aprender sobre distintas culturas.
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“Nuestras familias están acostumbradas y con este proyecto están enloquecidos todos. ¡Nos están apoyando full! Aunque quedaron algunas amigas allá, en el viaje también se conoce gente muy linda, en todos los sentidos, y se conoce gente como amigos o alguien para una compañía”, admite entre risas.

Como pueden, buscan la manera de generar dinero para continuar el viaje porque los ahorros logrados en Europa, cuando lograron una visa de trabajo, se les acabó.
“Bernardo hace lindas fotos, aunque no es fotógrafo, y sacamos fotos con carteles en inglés para que quien lo quiera nos deje alguna propina y eso funciona bien. También hacemos música, siempre hay buena onda”, reconoce.
El sueño no termina en ello coreando algún tema en la cancha ni viendo alguna gambeta de Messi en la cancha. También se proponen ayudar al colegio Lucio B. Mansilla de su pueblo “que es uno de los que más necesita”.
“Queremos ayudar a la escuela con la que ya estuvimos colaborando porque tiene muchas necesidades y la manera de hacerlo es dejándole el 70% de las donaciones o ayuda que recibimos en las cuentas que compartimos en nuestro perfil de Instagram @soniandoencleta. El 30% restante es para nuestros gastos diarios de comida y visados para continuar el viaje”, asegura.
Franco se imagina en Qatar, adentro o fuera de la cancha, aunque desea que “caiga del cielo” la manera de obtener entradas para al menos un partido. “Por ahí, hasta volvemos con la Copa con la Selección y llegamos hasta el Obelisco con las bici para festejar”, se ilusiona.
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