
El viernes 14 de mayo, cuando ya había abandonado Buenos Aires, trascendieron detalles de la visita secreta del ex subdirector de la CIA y embajador itinerante Vernon “Dick” Walters. Había llegado el lunes 10 y, en esas horas, Walters se entrevisto separadamente con los miembros de la Junta Militar. Las gestiones de Dick se realizaron con el conocimiento del agregado militar en Washington, general Miguel Mallea Gil.
En sus encuentros, el funcionario norteamericano intentó convencer a los argentinos de la necesidad de continuar negociando. También interesaba al enviado norteamericano la preocupación de Washington por las deterioradas relaciones a partir de los anuncios de Alexander Haig del 30 de abril, de apoyar a Gran Bretaña. En cada uno de los despachos que visitó se encontró con la misma respuesta. Primero, los Estados Unidos debían modificar su actitud y “demostrar la amistad que el gobierno de Reagan dice guardar para la Argentina”. Así salió publicado en La Nación del 14 de mayo.
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Además Walters traía otra preocupación, porque anidaba en las cabezas del gobierno de Washington, algo que con alguna frecuencia había dicho Leopoldo Fortunato Galtieri en la intimidad: que si la situación lo forzaba pediría ayuda a los soviéticos y los cubanos. En otras palabras, era la teoría de “romper el cerco”. Se le adjudicaba a Galtieri haber dicho a Haig: “El primer deber de cualquier militar, acorralado, es romper el cerco, y la Argentina no dudará en dar ese paso”.
“Era importante tratar de disuadirlo de esta acción, si es que la estaba contemplando seriamente”, comentó años más tarde Alexander Haig. El brigadier Basilio Lami Dozo le dijo al enviado norteamericano que los soviéticos “ofrecían equipos militares y asistencia a precios moderados, pero el dinero es sólo parte del precio y la Argentina jamás pagará ese precio”. El almirante Jorge Isaac Anaya –al margen de sus críticas al gobierno de Ronald Reagan- fue más contundente: “No importa lo que suceda; nunca, repito, nunca volvería hacia la Unión Soviética. Traicionaría todos los sentimientos que mantuve durante toda mi vida”.
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Al mismo tiempo, los jefes militares informaron a Walters, la presunción de que el gobierno de Reagan intentaba desestabilizar al gobierno militar y, entre otras pruebas, se le impuso un listado de contactos del embajador Schlaudeman con políticos argentinos, ya a esa altura críticos con el desarrollo de los acontecimientos. Una vez en Washington, Walters calificó al gobierno de Galtieri como “el más prooccidental” de todos los tiempos” (datos confirmados por el embajador itinerante al autor).
En el Día de la Armada, Anaya pareció enmendar a Vernon Walters: “Adherimos a Occidente, sí, pero a un Occidente que quiere replantear sus pautas, para que la conducta de sus pueblos vuelvan a ser regidas por auténticos principios de libertad, enmarcados en la filosofía cristiana y no distorsionados por espurios intereses económicos”.
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“Durante la semana pasada, mientras la Argentina intentaba en vano una solución ecuánime ante el secretario general de las Naciones Unidas, asomó en el ‘frente interno’ una llamada ‘propuesta política para la posguerra’”, relató Jorge Lozano (próximo a la Armada) desde su columna de El Popular, haciendo referencia al paso de Vernon Walters por Buenos Aires. Y advertía: “Más vale que algunos tripulantes no abandonen el barco en medio de la tormenta. Porque el pueblo siempre repudia a los cobardes y a los traidores. Aunque esta guerra se pierda”.

El 12 de mayo, el canciller Nicanor Costa Méndez y el embajador argentino en los Estados Unidos Esteban Takacs, conversaron telefónicamente:
CM: –¿Usted sabe que su interlocutor Walters está en Buenos Aires y que anoche conversó con el Presidente? Ayer llegó inesperadamente al mediodía… Hoy todavía parece que está acá, pero no ha tomado contacto con la Cancillería.
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ET: –Yo tengo la impresión de que el mensaje es el mismo que me anticipó, en el sentido de que ellos no van a dejar que se hunda el sistema interamericano ni la NATO y que en ese sentido, van a hacer todos los esfuerzos. Pero esta es una declaración general, sería bueno saber si realmente están dispuestos a dar alguna señal más concreta.

Después de pasar por Buenos Aires, Vernon Walters viajó a Santiago de Chile para encontrarse, el 13 de mayo de 1982, con el presidente Augusto Pinochet Ugarte y discutir cuestiones bilaterales y el conflicto de las Malvinas. Previamente, almorzó con el canciller trasandino René Rojas Galdames y el embajador de los EE.UU. James Theberge. El canciller chileno expresó algunas inquietudes para que sean transmitidas al Secretario de Estado. Entre otras, su molestia por no ser recibido por Alexander Haig y otros altos funcionarios para discutir el conflicto del Atlántico Sur. Sobre Argentina, Rojas Galdames observó que el actual conflicto hacía que la Argentina no sea una amenaza militar inmediata para Chile, aunque eventualmente podía recuperarse después de la guerra y ser siempre “un vecino poderoso y amenazante”.
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Los documentos que relatan los encuentros con el canciller y el mandatario chileno, aunque no lo explicitan, revelan los intentos del régimen militar por afianzar su relación con Washington y el temor de que el próximo paso de Galtieri fuese atacar las islas Nueva, Picton y Lennox en el Canal del Beagle. También el canciller declaró no entender por qué la administración Reagan aceptó que el tema de los derechos humanos ensombreciera el interés superior de los EE.UU de cooperar con países amigos en la defensa de occidente contra la URSS.

La cita con Pinochet se realizó el 13 de mayo de 1982 por la tarde, y posteriormente envió a Washington un “Memorando de la Conversación”:
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“El presidente me dijo que esta muy preocupado por la situación de Malvinas. De todas maneras, hay una sola cosa que nos aseguro, Chile no va a tomar ventaja de los problemas de Argentina. Él piensa que los argentinos se metieron solos en este problema por culpa de su imprudencia y agresividad. Él sospecha que si no hubiesen atacado las Malvinas, hubiesen atacado las islas del canal de Beagle. Igualmente, Pinochet ha tomado una posición moderada en este tema. Él no ha respaldado a los argentinos de la manera en que lo han hecho otros países de Latinoamérica pero ha ofrecido recientemente el barco hospital Piloto Pardo para sacar a los argentinos heridos. Los ingleses han aceptado dejar el barco ahí pero los argentinos igualmente dijeron que no lo necesitaban. El presidente Pinochet expreso mucha preocupación sobre la ayuda de Perú a Argentina y dijo tener evidencia de un pacto secreto entre Perú, Bolivia y Argentina. Ambos, Perú y Bolivia tienen reclamos territoriales sobre Chile. Dijo que Bolivia no es importante salvo por ser el puente entre Argentina y Perú. Esta convencido de que algún día peruanos y bolivianos le pedirán ayuda a Argentina contra Chile para recuperar territorios perdidos en la guerra de 1879″.
“Piensa que Estados Unidos se porto muy bien y que si se hubiera actuado razonablemente, la ayuda de mediación del Secretario Haig se hubiese aceptado. El no condena a nadie pero culpa a los argentinos por su intransigencia en demandar la soberanía de las islas como una precondición de negociación y no el resultado de la misma”.
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“Pinochet me preguntó que había estado haciendo en Argentina, le conteste que no había ido ahí a negociar. Las negociaciones todavía están en manos del secretario de las Naciones Unidas llamado Pérez de Cuéllar. Fui a la Argentina a ver a la Junta con la esperanza de preservar las relaciones de Argentina y Estados Unidos después del incidente Malvinas. Le conté que había estado con todos los integrantes de la Junta y cada uno de ellos me dio su palabra de honor que no recibirían ayuda soviética. Pinochet se mostró incrédulo con respecto a esto. Él piensa que pueden recibir ayuda encubierta a través de un tercero como Cuba o Perú”.
“Pinochet estaba en un estado de ánimo filosófico. Está preocupado sobre qué va a pasar en Chile cuando el deje el gobierno […] Expresó su satisfacción con el embajador Theberge y comentó que le pareció inteligente y amigable. Nos desea lo mejor en tratar de encontrar una solución al conflicto argentino-británico pero no cree que podamos encontrar una solución hasta que los argentinos aprendan la lección. Me agradeció por pasar a verlo. La entrevista duro entre 30-35 minutos.”
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