
Iris conoció a Paul cuando ambos tenían 15 años. Se enamoraron, se casaron, se mudaron a España y tuvieron tres hijos. Tenían la familia que habían soñado juntos, pero a los 42 años, Paul se enfermó y, luego de dar batalla contra un cáncer por cuatro meses, murió el 23 de enero de 2018.
El mundo que Iris Rubaja (46) habían construido se vino abajo y quedó sumergida en el dolor. Podía muy poco, recuerda, pero un día se paró frente a ese dolor y “lo miró de frente”, según dice ella misma. Desde entonces, comenzó a atravesar ese dolor de un modo diferente: lo tomó de la mano e hizo palanca para volver a caminar y poder consolar a sus hijos. El proceso fue un viaje interior, profundo y transformador que dejó plasmado en “Puente. Un viaje del dolor al amor”, su primer libro, que cuenta sobre esa transformación e invita a recorrer con ella el paso a paso de sus emociones y también invita abrazar la vida y resignificar la muerte de un ser querido y asumir la propia.
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“A todos nos duele algo. Un duelo puede ser una separación, dejar un trabajo, mudarse de país… siempre que algo muere, algo nace. Yo empecé a escribir como alivio, como drenaje para mis emociones. Creé una cuenta de Instagram y allí encontré una inmensa resonancia con mis seguidores; armé una comunidad donde circuló mi mensaje potente, esperanzador, resiliente. Entendí que todo esto merecía un orden y una forma. Todos los días recibo al menos diez mensajes de gente que me pide ayuda para caminar su dolor”, le cuenta Iris emocionada a Infobae.

La licenciada en Publicidad y terapeuta en Biografía Humana asegura que fue el dolor el que también la preparó para asumir su misión: transmitir un mensaje valiente y esperanzador, especialmente destinado quienes perdieron a alguien y están atravesando o atravesaron un duelo, algo especialmente oportuno tras dos años de pandemia.
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La historia
Iris y Paul se conocieron en plena adolescencia durante un viaje de amigos y el flechazo fue instantáneo, como si realmente Cupido hubiera hecho de las suyas. Pronto iniciaron el noviazgo, se casaron a los 26 años y se mudaron a España, donde él debía viajar para iniciar un master en Administración de Empresas.
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A los tres años regresaron a Buenos Aires y tuvieron a sus tres hijos: Teo, Manu y Sol (hoy de 16, 12 y 7 años, respectivamente). La vida de los cinco era la que habían planeado: eran felices, unidos, tenían proyectos y deseos de vivir con plenitud, pero en octubre de 2017, a poco de regresar de unas vacaciones familiares soñadas, Paul fue diagnosticado de un cáncer tan severo que en cuatro meses terminó con su vida.
“Quien soy yo hoy es el resultado de lo que elegí hacer con mi dolor. Durante el primer año no pude hacer nada. Él mantenía la casa, hacía todo y yo tuve que aprender de cero con todas mis resistencias y miedo, pero entendiendo que solo dependía de mí y que debía armarme de con coraje. Necesitamos caminar el dolor porque no podemos avanzar si no lo miramos a los ojos. Eso fue lo que me sirvió para atravesarlo sin negarlo, porque el amor también incluye esas heridas del alma”, resume Iris al hablar de su proceso para aprender a vivir la nueva realidad.
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En ese camino encontró una red de apoyo y contención que aún mantiene. La acompañaron sus terapeutas, sus amigas y también los amigos de Paul. “Ellos son familia, me ayudaron en todo. Uno hizo de contador, otro llevaba a mis hijos a comer, otro a la cancha... Paul tenía un grupo de amigos muy fuerte que sigue estando para nosotros”, dice agradecida.
Sintiéndose contenida, pero con una necesidad imperiosa de exteriorizar lo que le pasaba, Iris comenzó a escribir sus pensamientos, primero en papel en las madrugadas, y luego creó el perfil @soymujerarcoiris en Instagram donde, como una catarsis, descargaba aquello que sentía porque necesitaba conectar con otras personas que estuvieran atravesando un fuerte dolor.
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“Eso comenzó a tener mucha resonancia y hubo quienes se acercaron porque estaban viviendo lo mismo”, recuerda. Poco después, sus escritos fueron texto más extensos y con el tiempo sintió el deseo contarlo todo en un libro.
“Es una puerta para acceder a muchos corazones. El mensaje es genuino, orgánico, real, amoroso, consciente, involucra al lector, es una invitación a hacernos responsables, sacudir el polvo y seguir adelante. Invita a cuestionar también a la gente que se queda paralizada ante el dolor, con total contundencia y amorosidad”, explica la también astróloga que se formó en terapias alternativas como “Entrenamiento Consciente” y “Encuentros motivacionales”, sobre las que brinda seminarios.
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Iris dice que Paul está presente en sus pensamientos, pero desde la alegría: “El amor trasciende los planos y hoy lo vivo con un recuerdo hermoso, con alegría, honrándolo como el papá de mis hijos, como parte de mi historia. Ya no lo vivo con dolor, sí me duele que no esté el papá de mis hijos porque hubo un montón de escenas familiares en las que hubiera sido hermoso que él esté, pero hoy decido ser feliz para que mis hijos también lo sean, porque creo que poder hablar e incluir a la muerte nos hace valorar la vida. El poder nombrarlo sin dolor en mi casa, en mi vida cotidiana o haber escrito el libro sobre él, al punto que hay gente que lo conoce a través del libro y de los escritos que compartí, es una demostración más del amor que todo lo trasciende. Esa creo que es la mejor manera de honrarlo y de hacer que siga siendo parte desde otro lugar”.
Para ella, su compañera de vida, Paul fue también “un maestro” que le enseñó con su vida y con su muerte.
“Logró dejar esa armadura que tenía puesta, la que usamos todos para sobrevivir, porque cuando se enfermó entendió que tenía que sacársela. Fue un gran maestro para todos porque abrió su casa, su corazón... Fue como si las paredes de nuestra casa se hubieran caído y comenzó a circular amor, mucha gente, abundancia, regalos, acompañamiento... Comenzó a recorrer otro camino y nos dejó mucha unión”, finaliza emocionada.
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El libro
“Puente. Un viaje del dolor al amor” (Metrópolis Libros) cuenta una historia de amor a través de un relato profundo que deja un mensaje esperanzador, una mirada amplia, amorosa y resiliente sobre la vida. Además, ofrece recursos y herramientas emocionales para integrar y aceptar el dolor, desde la propia experiencia. “Convoca a una actitud adulta y responsable para vivir, para confiar, para amar, para seguir adelante”, dice sobre el libro que fue presentado en la tarde de este lunes.
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“Muchas veces no sabemos qué hacer o cómo acompañar cuando alguien pierde a un ser querido y un libro como éste puede ser una gran compañía, un faro. El amor no sabe de planos y el libro lo explica claramente”, señala la autora.
Iris se despide con una reflexión sobre el dolor y la necesidad de procesarlo: “Hoy trato de correr un poco más la historia que vivimos como pareja para contar cómo fue este proceso que atravesé. Soy terapeuta y acompaño procesos de transformación, entonces cuento lo que yo hice con mi dolor para que trascienda a la historia personal porque a todos nos duele algo, pero todos podemos hacer algo a nuestro favor. Cada vez que rechazamos al dolor, rechazamos una parte nuestra. Si nos quedamos estancados, nos quedamos con broncas y resentimiento y eso nos convierte en víctimas del dolor; otra opción es aceptarlo y la aceptación nos hace resignificar el amor, la muerte y la vida”.
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