
El cielo está despejado, el termómetro marca 29 grados, no hay nubes en el cielo ni sopla el viento. La Banquina de Pescadores, ubicada detrás de la escollera sur, se colmó de turistas que llegan en busca de regalos, pescado fresco, conservas y poder observar a los lobos marinos. “Que sea un día de playa no significa que la gente no pueda venir. Todo lo contrario, con un clima como este las ventas son muy buenas “, le dice a Infobae Claudia (52), nuera del dueño de la regalaría de caracoles.
El local, de unos 20 metros, convoca a veraneantes y también a turistas extranjeros. “Ayer vinieron unos rusos y hoy a la mañana unos turistas de Estados Unidos, todo buscan un recuerdo de Mar del Plata”. Como indica su nombre, Colección de Caracoles, el local de más de tres décadas en actividad vende conchas de mar. Las más económica cuesta $20, la más cara, $19.000.

Con respecto a la creencia de que tener caracoles trae mala suerte, Claudia, lo niega rotundamente. “Sino fuera por los caracoles no tendría mi casa, mi auto... mi familia. Tampoco entraría tanta gente para llevarse un recuerdo”, explica.
Lo mismo sucede metros más adelante: una larga fila espera en la entrada del Chiringo Panchos Locos. “Soy peruana y vivo en Rosario desde hace tres años. Esta es mi primera vez en La Feliz, aproveché el fin de año para conocer las playas, todos me recomendaron recorrer el paseo”, cuenta a Infobae, después de haber encargado un plato de cornalitos y rabas, a $840.

La zona del Puerto siempre se caracterizó por atraer a los veraneantes. Además de la oferta gastronómica donde se establecen restaurantes de renombre, como Chichilo, y Pontevedra. Hasta el 2005 había decenas de carritos ambulantes sobre el playón de estacionamiento, a metros de las amarras de los barcos pesqueros. Se hizo un reordenamiento.
Las obras realizadas por el Consorcio Portuario Regional (CPR) renovaron el lugar que hoy ofrece espacios comerciales, paseos y miradores dotados de terrazas, asientos y una suerte de museo a cielo abierto, que exhibe desde piezas de barcos, algunas oxidadas, y hasta parte del cráneo de una ballena.

Desde La Banquina parten las lanchas costeras todas las madrugadas (se distinguen por su color amarillo) y regresan, durante las primeras horas de la tarde, con besugos, pejerreyes mariscos, corvinas, trillas y anchoítas.
Los barcos de media altura -color amarillo y rojo- se alejan más de la costa y permanecen entre cuatro y cinco días navegando: suelen pescar besugo, salmón, merluza y bonito. Los de altura poseen un casco de color rojo y navegan por semana para traer atún, calamar, centolla y merluza.

Todo lo pescado tiene un destino seguro: los comercios de la Banquina. En los casi 200 metros, conviven Anclamar, Santa Ana y Pescadería Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera. La oferta es variada, y los precios, competitivos. “Todo es fresco y fileteado en el momento, por eso nunca vas a sentir mal olor”, asegura uno de los encargados. Lo que no se consigue en el mar argentino se trae de Chile, como el pulpo, el salmón rosado o la cholga.
También hay conservas de todo tipo. Mariscos, boquerones y anchoas en aceite. German (37), comenzó a sus 15 como empleado del Conservas Guzman, y hoy es uno de los propietarios. “Vendemos todo el año porque se valora que cada conserva se haga de manera artesanal. La más pedida son la de mariscos al escabeche, ahora en oferta a 2000″.

El otro gran atractivo son los barcos de paseo que salen desde el mirador, una opción para ver la ciudad desde el mar. Están las embarcaciones grandes para 110 pasajeros que salen $1200 por persona o las menores para 50. “Este supo ser un barco de guerra. En 1967 lo acondicionamos construyendo la cabina y toldería para convertirlo en un yate paseo”, le cuentan a Infobae, Antonio y Dimaglio los dueños, y capitanes del Leonardo Da Vinci. “Nosotros trabajamos mejor los días nublados, aunque aconsejamos a venir con sol y el mar planchado como hoy es donde más se ven los lobos marinos, y es posible contemplar la belleza de la costa”.
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