El padre de uno de los argentinos buscados en el Caribe explicó por qué no cree que hayan naufragado: “El barco tiene que estar flotando”

Luis Spasiano, que es mecánico de barcos y sobrevoló varias veces la zona de búsqueda, contó cómo fue el último contacto con su hijo, desaparecido durante una misión humanitaria. “Estamos agotando las posibilidades”, afirmó

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Renzo Spasiano, de 20 años, uno de los dos tripulantes argentinos que viajaban en yate de regreso de una misión humanitaria en Haití

Renzo Spasiano es argentino, tiene 20 años y es uno de los cuatro tripulantes a bordo del yate que el pasado martes 28 de septiembre, mientras regresaba de una misión humanitaria a Haití, perdió todo tipo de contacto en medio del Mar Caribe y nunca arribó a su destino.

El padre del joven, Luis Spasiano -que se instaló en Puerto Aventuras, México, con su mujer Liliana y su hijo Renzo, hace aproximadamente ocho meses- brindó detalles esta mañana de la intensa búsqueda de su hijo menor y los tres hombres que iban con él: el argentino Carlos Eduardo Juárez, de 45 años, dueño de la embarcación, el mexicano Martín Vega Argáez, de 44 años, y el cubano Denis Manuel Fernández Díaz, de 46.

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El yate M.O.I Guadalupe -de bandera panameña pero radicado en México- en el que viajaban los cuatro hombres debía arribar al puerto de Cozumel en la mañana del miércoles 29 de septiembre, pero el martes, unos 200 kilómetros antes de su destino, dejó de emitir señales.

(Foto: BRIC Brigada de Rescate Internacional Cancún)
(Foto: BRIC Brigada de Rescate Internacional Cancún)

Spasiano relató cómo fue la última comunicación con su hijo y la última información que tuvo de él: “Lo último que supe es del barco. Hablé cuando estaba en el puerto de Jamaica reabasteciendo diesel, comida, agua. Algunas cosas que necesitaban porque en el puerto de Haití estuvieron una semana y no tenían absolutamente nada”, contó.

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“En el barco se corta todo”, explicó Luis en declaraciones a Radio La Red. “Sólo funciona el satelital y un spot, un poco más grande que un celular, que va tirando una señal cada 20 minutos y da la posición exacta del barco. Ellos salieron de Haití, rumbo a México, tenían que hacer puerto en Cozumel para dar aviso de su entrada. Venían viajando normal, el posicionador venía marcando la ruta, les faltaban 120 millas náuticas, unos 220 kilómetros, ya estaban llegando, habían navegado dos días. El posicionador dio su última señal, los que los venían siguiendo empezaron a llamar al satelital y daba tono pero ellos no contestaban. Eso es lo único que sabemos”.

(Captura de pantalla)
La zona en la que desapareció la embarcación en la que se trasladaba la tripulación

Luis, que hace 10 días había solicitado desesperadamente ayuda a la embajada y las autoridades mexicanas para activar la búsqueda, agradeció el apoyo del cónsul argentino en Playa del Carmen, Lautaro Filchtinsky, la cónsul general, Gabriela Quinteros y el embajador argentino en México, Carlos Tomada. “Tengo contacto diario con ellos”, explicó. “Gracias a la embajada y al consulado hoy están preparando el avión de la Marina para salir. Ellos siguen un protocolo de búsqueda y rescate y estaban en búsqueda pasiva. Estoy asombrado y agradecido”.

Spasiano, que es mecánico naval, sobrevoló varias veces la zona de búsqueda del barco en vuelos privados costeados por la empresa de yates que gestiona Juárez y para la que trabajaba Renzo. En su criterio, las condiciones climáticas y la zona en la que se produjo la pérdida de contacto con el barco, no dan a priori la impresión de que hayan sufrido un naufragio.

“Estaban cerca de Cozumel, que es una isla totalmente turística. No hay otra cosa”, indicó Luis. “Tenían todos los sistemas aptos, porque la capitanía de puerto de Cozumel les dio salida, así que para hacerlo tienen que hacer una revisión. Estaba en condiciones para salir. De hecho salió, pasó por Bahamas, recargó combustible en Jamaica y llegó a Haití. Es una zona de mucha piratería, se sabe. Pero para este lado no y ellos ya estaban llegando. Venían navegando muy tranquilos”.

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Renzo regresaba junto a otros tres tripulantes en un yate propiedad de el argentino Carlos Juárez

Y explicó: “Analicé todas las situaciones que podrían haber tenido. Pero el barco está flotando, porque cuando una embarcación se hunde y más con ese tamaño, si explota o se incendia o se parte al medio, deja muchos restos. Siempre flota algo. Sobrevolé mucho con aviones que pagó la empresa de Carlos. El mar está cómo una plancha. Terriblemente calmo. No hay manchas de espuma. Hasta ayer las condiciones eran excelentes. El barco tiene que estar flotando”.

“Si hubiese naufragado, incendiado, explotado, tiene que haber residuos. Siempre hay alguna mancha diesel, algo. Tiene dos motores que llevan un montón de aceite. No hay nada de eso en el agua”, agregó. “Estamos agotando las posibilidades. Lo estoy buscando de todas formas, por todos lados, de la forma que sea. No sabemos cómo resistimos. Sé que lo voy a encontrar pero va a ser muy difícil sin toda la ayuda necesaria. Hay que seguir buscando porque el tiempo es vital”.

Este fin de semana, Martín Juárez, hermano Carlos Juárez, informó que un barco divisó luces de bengalas el último lunes sobre las aguas del Canal de Yucatán, justo en la entrada al Golfo de México, que podrían haber sido lanzadas por la tripulación de la nave perdida. “Podrían ser ellos. Coincide con la ubicación”, dijo.

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El yate M.O.I Guadalupe tuvo su último contacto el pasado martes 28 de septiembre, luego de que la embarcación dejara Jamaica para recargar combustible (Foto: EFE)

El barco, al mando del capitán cubano Fernández Díaz, había partido desde Puerto Aventuras, el pasado 17 de septiembre para llevar ayuda a las víctimas del terremoto que en agosto causó más de 2200 muertos en Haití.

El viaje había sido organizado por los voluntarios de la Brigada de Rescate Internacional Cancún junto con los Misioneros de Cristo Resucitado. Una semana tardaron en cargar la mercadería y equipamiento que habían logrado recolectar.

Tras tres días de viaje, el M.O.I. Guadalupe llegó al puerto de Miragoane, en el departamento de Nippes. No sólo llevaron comida, también un hospital de campaña, “equipos y suministros médicos destinados a establecer un servicio médico primario” para la comuna de L’Asile, donde la mayoría de las casas fueron destrozadas por el terremoto.

Fue el propio Episcopado Mexicano el que el 20 de septiembre difundió un comunicado felicitando a los cuatro tripulantes por su misión.

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