Desafiaron precipicios y pantanos: la hazaña de Gato y Mancha, los caballos criollos que unieron Buenos Aires con Nueva York

Hace 96 años un suizo enamorado de la pampa argentina emprendió la impensable travesía de unir las dos ciudades a caballo. En un viaje que duró más de dos años le pasó de todo pero pudo cumplir su cometido: demostrar la nobleza y la superioridad del caballo criollo

Gato y Mancha
Los protagonistas de esta historia: el suizo Aimé Félix Tschiffely con sus dos amigos inseparables, Gato y Mancha. (Fotografía Revista Caras y Caretas)
Guardar

Luego que el suizo expusiera su plan que ya le había adelantado por carta, el doctor Emilio Solanet, médico veterinario, profesor universitario y experimentado criador de caballos criollos, pensó que el hombre ni llegaría a Rosario. Es que Aimé Félix Tschiffely tenía el propósito de demostrar la nobleza del caballo criollo y su superioridad sobre cualquier otro, uniendo Buenos Aires con Nueva York.

Nacido en Suiza en 1895, se recibió de docente y se radicó en Gran Bretaña para ejercer su profesión. Tiempo después estaría en Buenos Aires como profesor de educación física en el colegio quilmeño San Jorge, donde trabajó cerca de nueve años.

Tschiffely, animado por los relatos de los gauchos y de la pampa de Roberto Cunnighame Graham, le propuso a Solanet, dueño de la estancia El Cardal de Ayacucho, comprarle dos caballos, pero éste se negó. Sin embargo, el criador lo instó ponerlo a prueba, sometiéndolo a rutinas en las que lo hacía cabalgar largos recorridos bajo un sol ardiente o con lluvias torrenciales.

Superadas las pruebas le regaló dos caballos de la tribu del cacique tehuelche Liempichún, en Colonia Sarmiento, Chubut. Eran Gato y Mancha. El primero era un bayo gateado de 16 años y el segundo un overo rosado, de 15. Gato había sido domesticado rápidamente mientras que Mancha era más arisco.

Gato y Mancha
Aimé Tschiffely, en la época en que decidió emprender una aventura para muchos imposible.

La partida fue el 24 de abril de 1925 desde las puertas de la Sociedad Rural. El equipaje de Tschiffely constaba de mapas, una brújula, un barómetro, dinero, una manta, un Winchester, una carabina y un revólver. Había decidido llevar a un perro, pero al ver que los caballos se ponían nerviosos con él, el can quedó en Buenos Aires.

Muchos de los que fueron a despedirlo se mostraron incrédulos por la travesía que emprendería. En medio de sonrisas socarronas, jinete y caballos enfilaron hacia Rosario, luego pasaron por Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy. Acorde al detallado relato que escribió para la revista Caras y Caretas a su regreso, contó que 39 días después había llegado a Perico del Carmen, en Bolivia. Allí debió permanecer cinco semanas internado al contagiarse una enfermedad luego de haber explorado antiguas tumbas indígenas.

Gato y Mancha
Basta una simple mirada para dimensionar el viaje emprendido, que comenzó en Buenos Aires y finalizó en Washington. (Revista Caras y Caretas)

Fue difícil el trayecto hacia La Paz y usaba los lechos secos de los ríos para evitar la densa vegetación. En este tramo se quejó de la poca hospitalidad de las etnias quechua y aymará porque no le prestaron ayuda ni le indicaron el camino a seguir.

La preocupación del jinete era la de enfrentar las dificultades para alimentar a los caballos, que hasta comían hojas secas. Enseguida Tschiffely aprendió a conocer a sus fieles amigos: Gato era manso y humilde, al que siempre le pasaban todas: caídas, rodadas y tropiezos; mientras que Mancha era el más precavido, el que antes de dar un paso sobre un terreno al que no veía seguro, estiraba la pata izquierda y paraba las orejas. Mancha era el que desconfiaba de los extraños, no se dejaba ensillar ni montar por nadie, salvo por Tschiffely y dominaba a Gato, mucho más dócil.

“Si mis dos criollos tuvieran la facultad del habla y la comprensión humana, iría Gato a contarle mis problemas y mis sentimientos; pero si quisiera salir y hacer ronda con estilo, sin duda iría con Mancha”. Era tanto el apego de los animales por el suizo que nunca tuvo la necesidad de atarlos.

Gato y Mancha
Tschiffely con Mancha, el caballo que solo se dejaba ensillar y montar solo por él. (Fotografía Revista Caras y Caretas)

Luego de descansar en La Paz, pasaron por el sur del lago Titicaca, Cuzco y Ayacucho, por alturas que llegaban a los cuatro mil metros.

De Ayacucho a Lima el trayecto fue un verdadero infierno. A la altura y el calor, Tschiffely le quedó el recuerdo de los mosquitos y otros insectos que se ensañaban con él y con los animales.

En una parte del trayecto, el guía que los acompañaba desapareció en medio de una fuerte tormenta de nieve, y los caballos estuvieron perdidos cuatro días en la montaña. Tuvieron un merecido descanso en Lima, donde arribaron el 6 de enero de 1926.

Gato y Mancha
Los obstáculos y los peligros fueron dos constantes en la larga travesía a través del continente americano. (Fotograma tomado del corto "El viaje imposible. Mancha y Gato". Archivo General de la Nación)

Le costó hallar agua cuando bordeó la costa del Pacífico. En Quito se quedaron unos 25 días. Debían reponer fuerzas porque sabía que hasta Colombia había muy malos caminos. Cuando el suizo arribó a Medellín, le advirtieron que le sería imposible pasar por tierra a Panamá por los grandes pantanos del valle del río Atrato. Con un vapor llegaron a Colón el 24 de noviembre de ese año y descansaron en la base militar norteamericana. Los caballos fueron atendidos por veterinarios porque ambos tenían una enfermedad en la piel.

La siguiente etapa no sería mejor que las anteriores. Pequeños senderos, cortados por riachos, arroyos y pantanos. Para llegar a Costa Rica, lo auxiliaron dos guías para orientarlo en la espesa selva de Talamanca y abrirse paso a machete. Había días en que no alcanzaban a recorrer ni un kilómetro.

Gato y Mancha
Los dos caballos criollos, nacidos en la Patagonia, en un alto en el camino, en Bolivia. (Fotografía Caras y Caretas)

Los indígenas le enseñaron a cazar monos, los que se pelaban con agua caliente y se guisaban con yuca y plátanos. Cuando había suerte comía patos silvestre y puercos de los montes.

Luego de que hombre y animales sufrieran varias caídas al cruzar el cerro de la Muerte, en Costa Rica, el 15 de abril de 1927 alcanzaron la ciudad de San José. Tuvieron que ir a El Salvador en barco, ya que transitar por Nicaragua era extremadamente peligroso: había una guerra civil y ambos bandos estaban escasos de caballos.

En México, un clavo mal puesto por un herrero lastimó una pata de Gato. Fue asistido en Tapachula, una localidad del Estado de Chiapas, y luego llevado a la ciudad capital. Tschiffely debió comprar un caballo para transportar la carga.

Gato y Mancha
Misión cumplida. El suizo Tschiffely junto a sus caballos. (Fotografía Revista Caras y Caretas)

Desde Jalisco tuvo la compañía de una escolta militar por la cantidad de bandidos que dominaban la región. Sin embargo, el intenso calor hizo que cuando llegaron a Oaxaca solo llegara un pequeño puñado de ellos, ya que la mayoría lo habían abandonado. Para colmo de males, Tschiffely contrajo paludismo.

Cuando el 2 de noviembre de 1927 entró a la ciudad de México, lo recibió una multitud. Al frente estaba Gato, ya curado, con un collar de flores que pendía de su cuello, “con su mirada infantil y soñadora”, como lo describió Tschiffely. Ya el suizo era una suerte de héroe nacional, al punto que organizaron una corrida de toros y fiestas en su honor.

En Texas tuvo problemas para obtener agua y forrajes y, cuanto más se adentraba en Estados Unidos, más se veía obligado a cambiar de ruta, ya que los automóviles espantaban a los animales. En la ciudad de Saint Louis, Tschiffely debió dejar nuevamente a Gato y terminó el periplo solo con Mancha, en Washington.

A pesar de determinar que en esa ciudad había finalizado el viaje, fue con su caballo en ferry hasta Nueva York, donde hizo un recorrido triunfal con Mancha por la Quinta Avenida. En las escalinatas del City Hall fue recibido por el alcalde James John Walker y le organizaron un homenaje.

Como en esos días se desarrollaba una exposición equina en el Madison Square Garden, los caballos fueron exhibidos allí por unos días. En Washington, Tschiffely fue recibido por el presidente Calvin Coolidge en la Casa Blanca.

Gato y Mancha
Histórico momento en que Tschiffely con Mancha frente al City Hall, en Nueva York es recibido por el alcalde. (Fotograma tomado del corto "El viaje imposible. Mancha y Gato", Archivo General de la Nación)

Rechazó la oferta de un coronel millonario de comprarle los animales por un dineral. “Prefiero volver pobre pero con ellos, a volver millonario pero sin mis dos bravos y fieles caballos criollos”. Jinete y animales retornaron a Buenos Aires en el vapor Pan America; lo iban a hacer en otro que terminaría naufragando. Llegaron a la Dársena Norte el 20 de diciembre de 1928. Habían recorrido en dos años y medio algo más de 17 mil kilómetros en 494 etapas.

Le propusieron exhibir a los caballos en el zoológico de la ciudad, pero quiso que continuaran sus vidas en el campo de Ayacucho, de donde habían partido.

Tschiffely permaneció un tiempo en el país y donó sus pertenencias y recuerdos del viaje al Museo de Luján. Lamentó haber perdido en algún punto de la travesía una cabeza reducida de mujer, que le habían regalado los jíbaros. En 1933 se casó con Violet Hume, viajó a Estados Unidos y luego se estableció en Gran Bretaña y escribió varios libros.

Años después visitó El Cardal. Asomado a la tranquera, solo le bastó silbar para que los dos fieles caballos aparecieran de la nada al galope. No lo habían olvidado.

Gato murió el 17 de febrero de 1944 a los 36 años y Mancha el 24 de diciembre de 1947, a los 40. Los enterraron en El Cardal. Por indicación de Solanet, un taxidermista rescató sus cueros y ambos caballos se exhiben en el Museo del Transporte de Luján.

Gato y Mancha
Un taxidermista rescató los cueros de ambos caballos y hace años son exhibidos en el Museo de Luján (Fotografía del Facebook del Complejo Museográfico "Enrique Udaondo", de Luján)

Tschiffely falleció en Londres el 5 de enero de 1954. El 13 de noviembre de ese año llegaron sus restos al país y fue inhumado, en medio de un impresionante homenaje gauchesco, en el cementerio de la Recoleta.

En Argentina, el 20 de septiembre fue declarado Día Nacional del Caballo, en homenaje a la fecha que culminó el histórico periplo. Desde el 22 de febrero de 1998 las cenizas de Tschiffely descansan en El Cardal junto a sus fieles amigos. Qué mejor que continuar el viaje juntos.

SEGUIR LEYENDO:

Últimas Noticias

Hallaron más de 1.500 kilos de marihuana ocultos entre muebles en un camión proveniente de Brasil

La droga fue descubierta por Gendarmería en un control en San José, Misiones. El conductor del vehículo, un ciudadano argentino, quedó detenido

Hallaron más de 1.500 kilos de marihuana ocultos entre muebles en un camión proveniente de Brasil

Alumnos porteños presentaron en la Legislatura iniciativas para combatir el avance del alcohol y las apuestas online entre adolescentes

En el marco del programa Escuela de Vecinos, secundarios de la Ciudad dieron un diagnóstico basado en 586 encuestas. Mostraron 14 medidas concretas para frenar los consumos problemáticos

Alumnos porteños presentaron en la Legislatura iniciativas para combatir el avance del alcohol y las apuestas online entre adolescentes

El cura represor Christian von Wernich, preso por crímenes de lesa humanidad, pidió un permiso para ver al papa León XIV

El presbítero y ex capellán de la Policía Bonaerense fue hallado culpable en 2007 de 7 homicidios, 31 casos de torturas y 42 privaciones ilegales de la libertad en el marco de la última dictadura militar. “Representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final de mi vida terrenal y de mi ministerio sacerdotal”, expresó

El cura represor Christian von Wernich, preso por crímenes de lesa humanidad, pidió un permiso para ver al papa León XIV

Ya son cuatro los imputados por el crimen de Leonel, el nene de 7 años asesinado a tiros en Mendoza

Ticiana Yamil Cabrera Campaña, Marcos Ernesto Castillo Ferreyra y un adolescente de 17 años fueron acusados por homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas. Se sumaron al primer detenido por el ataque ocurrido en Las Heras

Ya son cuatro los imputados por el crimen de Leonel, el nene de 7 años asesinado a tiros en Mendoza

La justicia habilitó el juicio oral contra el clan Blanco Di Sipio por lavar dinero del narcotráfico

La Sala III de Casación rechazó nueve recursos de las defensas y despejó el camino al debate en una causa que arrancó en 2018 con una alerta de la UIF y derivó en 38 allanamientos y 12 detenidos

La justicia habilitó el juicio oral contra el clan Blanco Di Sipio por lavar dinero del narcotráfico