
“El bosque tiene la posibilidad de calmar el corazón”, dice Rocio Ferraro (45). “El cuerpo tarda en promedio unos 90 minutos para lograr esa desconexión una vez inmerso en la naturaleza”, agrega la “bañista” argentina, certificada por Forest Therapy Institute.
Guía de Baños de Bosque es lo que ofrece Ferraro, y Cariló es el escenario ideal para esta práctica forestal conocida como Shinrin-yoku. Tiene su origen en la década del 80, en Japón, desde donde se extendió por todo Asia. “El shinrin-yoku, cuya traducción literal sería ‘tomar la atmósfera al bosque’ es sugerido por los médicos asiáticos a sus pacientes”, explica Ferraro.
Esta suerte de terapia ganó varios adeptos durante la temporada de verano 2021 en la Costa Atlántica. Rocío describe esta experiencia de bienestar como un paseo consciente y guiado que permite despertar los cinco sentidos para dejar atrás el estrés, el malestar e inclusive la angustia.
Fue su propia experiencia personal que la motivó a dar a conocer esta terapia con amplios beneficios. “Los años intensos de horarios extremos y en duro contacto con la realidad y las noticias fueron propulsores de mi afán por resignificar el vínculo con el mundo natural. Puedo pasar días enteros en medio de la pura naturaleza y en los baños de bosque encontré muchos de los significados de mi conexión intuitiva con ella”, le cuenta a Infobae.

Esta práctica, poco conocida en Latinoamérica, la hizo viajar al Parque Oncol de Valdivia, en Chile, para recibir la formación académica de la mano del Forest Therapy Institute. De hecho, es una de las dos guías certificadas que hay en todo el país. El otro lugar donde se brindan estos recorridos es en Villa La Angostura. ”Asumí con el compromiso incondicional de dar a conocer esta práctica restaurativa de la salud y el bienestar, que impulsa la resiliencia de las personas y les devuelve su memoria ancestral de unión con la naturaleza”, dice.
Cómo son los baños
Pueden ser individuales, grupales, en pareja o familiares. Son caminatas libres aunque guiadas de dos a cinco horas por el sendero natural del bosque público de Cariló. “Muchos turistas o inclusive residentes vienen a la costa y nunca visitaron el bosque. Aquí la flora es mixta: encinos, eucaliptos, laureles y pinos. El paisaje es ideal porque no hay fauna peligrosa”.
En épocas de protocolos sanitarios, los baños se cumplen con medidas de seguridad de distanciamiento social y se realizan con grupos pequeños de no más de 10 personas. Las distancias recorridas no superan el kilómetro y no se requiere destreza física para realizarlo.
La propuesta tiene un precio de 1.700 pesos. Se puede reservar mediante la cuenta de Ferraro en Instagram.

La naturaleza tiene el poder de sanar
Roberto (34) decidió realizar la experiencia junto a su hija de cuatro. “Es lindo sentirse libre, poder respirar el aire natural y volver a recuperar el equilibrio más en un año tan complejo, donde el daño emocional de la pandemia aún sigue latente”, relata a Infobae. Algo similar le pasó a Justine (66) que decidió hacerlo sola. Acostumbrada a meditar en su departamento de Belgrano, este baño le devolvió la serenidad.
Especialistas de la Association of Nature and Forest Therapy Guides publicaron estudios demostrando los beneficios físicos y psicológicos de esta terapia natural. Se destaca la reducción de la presión arterial, el fortalecimiento del sistema inmunológico, y una baja sensible en las hormonas relacionadas al estrés. También alivia el insomnio. Los efectos son prolongados y duran hasta 30 días en el cuerpo.
“Generalmente el que viene de vacaciones lo hace en busca de descanso y relax. Durante este 2020/2021 de pandemia y cuarentena note una necesidad aún mayor de todos los beneficios que brinda esta terapia. En un año de encierro y restricciones se amplificó esta necesidad “, reconoce Rocio.
Cariló un escenario ideal para respirar
En 2005, Ferraro conoció por primera vez el balneario y se enamoró. Decidió dividir su vida entre la Costa Atlántica y el Gran Buenos Aires. Una vez que dejó atrás su oficio, eligió el bosque para dar su servicio. “Dos o tres veces a la semana hago estas sesiones de recarga. Me gustaría poder aplicarlo a grupos de riesgo como el personal de la salud, personas con trastornos mentales o niños con autismo”, agrega.
Además de los paseos por el bosque, una vez al mes Rocío propone un sendero que combina caminatas por el verde que culminan en las playas. “Es ideal hacerlo en noches de luna llena para contemplar todos los estímulos de la naturaleza”, explica la especialista.
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