Perón, del exilio al regreso: cronología de los 17 tumultuosos años que marcaron la Argentina

El 17 de noviembre de 1972 Juan Domingo Perón llegó a la Argentina tras un largo exilio de 17 años, un mes y 29 días. Una enorme cantidad de manifestantes, sorteando la lluvia y el accionar represivo de las Fuerzas Armadas, intentó recibirlo en Ezeiza. Ese día se convirtió, por la liturgia peronista, en el “Día de la Militancia”

Perón en la lancha que lo llevaba de la cañonera al avión. Era 1955 y comenzaba el exilio del dirigente
Perón en la lancha que lo llevaba de la cañonera al avión. Era 1955 y comenzaba el exilio del dirigente

La última vez que Juan Domingo Perón había pisado el suelo argentino fue el 19 de septiembre de 1955, cuando abordó la cañonera Paraguay y tomó rumbo hacia el exilio. Tras casi una década como presidente fue derrocado por una alianza entre militares y curas (apoyada por radicales, conservadores y comunistas) autodenominada Revolución Libertadora. Fiel a sus convicciones ideológicas y a fin de evitar una guerra civil, Perón decidió no entregar armas a la clase obrera para que defendiera su gobierno. 17 años, un mes y 29 días después regresó al país.

En ese período habían sucedido muchas cosas en la Argentina: el peronismo fue prohibido, perseguido y fusilado; hubo dos gobiernos semidemocráticos como el de Arturo Frondizi (1958-1962) y el de Arturo Umberto Illia (1963-1966); dos dictaduras militares autoproclamadas revoluciones, la Libertadora (1955-1958) y la entonces vigente Revolución Argentina (desde el año 1966). También surgieron poderosas organizaciones armadas, influenciadas por el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, como los Montoneros (de filiación peronista) y el Ejército Revolucionario del Pueblo, de ideología guevarista. Por último, dentro del movimiento obrero aparecieron sectores con una clara orientación anticapitalista (Agustín Tosco, la CGT de los Argentinos, etc.) que cuestionaban el accionar de la tradicional conducción peronista que bregaba por paritarias y aumentos salariales sin poner en cuestión al sistema.

A nivel mundial y en especial en Latinoamérica, en esa etapa también se produjeron grandes transformaciones políticas y sociales: el Vaticano se aggiornaba de la mano de Juan XXIII y en especial de Paulo VI con su encíclica Populorum Progressio, en que sostenía la necesidad de reequilibrar las riquezas mundiales en beneficio de los países y las clases más pobres; el poderoso imperio americano estaba siendo derrotado en Vietnam y obreros y estudiantes se unían en el Mayo francés de 1968 para cambiarlo todo. En América, la Revolución Cubana se consolidaba; se producía en México la masacre en la Plaza de las Tres Culturas; nacían los curas tercermundistas que pondrían “un oído en el Evangelio y un oído en el pueblo” y en Chile tenía lugar la vía “pacífica” al socialismo de la mano de Salvador Allende.

Finalmente, a nivel cultural también hubo fenómenos de gran importancia como la consolidación del rock and roll, la pastilla anticonceptiva, el movimiento pacifista, las minifaldas y las experiencias con drogas psicodélicas como el LSD.

El ex presidente argentino a bordo de la cañonera paraguaya. Era el principio de un largo exilio
El ex presidente argentino a bordo de la cañonera paraguaya. Era el principio de un largo exilio

Pero en la Argentina, en las vísperas del regreso de Perón, el presidente de facto era Alejandro Agustín Lanusse, el tercero de la Revolución Argentina puesto que la movilización popular y el accionar guerrillero ya habían eyectado a Juan Carlos Ongania y a Roberto Marcelo Levingston. Así, la dictadura que había llegado para gobernar veinte años y que no hablaba de plazos sino de tiempos (económico, social y político), comenzaba a preparar las valijas.

En julio de 1971, Lanusse convocó al GAN (Gran Acuerdo Nacional) para lanzar un llamamiento a todas las fuerzas políticas y prometió que se realizarían elecciones sin proscripciones en marzo de 1973. El objetivo era canalizar la inmensa protesta social por vías institucionales (electorales) y dejar en “offside” a las organizaciones guerrilleras que, con las armas en la mano y diferentes estrategias, se proponían la destrucción del sistema capitalista y la construcción del socialismo.

Lanusse le encargó las gestiones políticas a su Ministro del Interior, el radical Arturo Mor Roig, quien diseñó dos estrategias: la cláusula de residencia y el ballotage. La primera indicaba que los candidatos debían residir en la Argentina antes del 25 de agosto de 1972 (y permanecer en el país); la segunda -que se mantiene en el sistema electoral desde aquel entonces- indicaba que el candidato más votado debía sacar el 50% de los votos para evitar una segunda vuelta. Lanusse, creía, (¿incrédulamente?) que el peronismo no alcanzaría ese caudal de votos y entonces se lo podría derrotar en las urnas. Por eso, se animó a torear a Perón y en declaraciones a la prensa afirmó que “no voy a admitir que corran más a ningún argentino diciendo que Perón no viene porque no puede. Permitiré que digan: porque no quiere; pero en mi fuero íntimo diré: porque no le da el cuero para venir”. Por otro lado, también hizo algunos gestos favorables como iniciar gestiones para devolverle el cuerpo de Evita (profanado por la Libertadora y enterrado en Milán con un nombre falso) y su grado de general.

Perón antes de dar inicio a una conferencia de prensa en la casa de su amigo Gayol en Paraguay. Corresponsales de todo el mundo asistieron al acto
Perón antes de dar inicio a una conferencia de prensa en la casa de su amigo Gayol en Paraguay. Corresponsales de todo el mundo asistieron al acto

En 1972, acorde al nuevo escenario que se abría, los Montoneros modificaron su estrategia y se produjo el “engorde” de la guerrilla, con la creación de organizaciones de “superficie” legales en distintos ámbitos: las fábricas (Juventud Trabajadora Peronista), las barriadas humildes (Movimiento Villero Peronista) y las universidades (Juventud Universitaria Peronista), etc. Así, la consigna de estos grupos, denominados Tendencia Revolucionaria del Peronismo, fue “Luche y vuelve”.

Pese a algunos gestos de apertura electoral, cabe señalar que el gobierno de Lanusse era una dictadura con todas las letras. Así, además de tener lugar las primeras desapariciones, en agosto de 1972, se produjo una masacre en la lejana y helada ciudad de Trelew, cuando fueron fusilados 19 guerrilleros y guerrilleras que habían fracasado en un intento de fuga de la cárcel de Rawson. Este hecho produjo una gran conmoción en la opinión pública como se puede observar en las multitudes que asistieron al velatorio de las personas asesinadas (entre ellas, la esposa del líder del ERP, Mario Roberto Santucho), realizado en la sede del Partido Justicialista metropolitano.

La fecha límite del 25 de agosto para que los posibles candidatos estuviesen radicados en la Argentina ya había pasado y las juventudes de la izquierda peronista, con gran algarabía cantaban “Lanusse, marmota, Perón vuelve cuando se le cantan las pelotas” y “Lanusse gorilón, rajá de la Rosada que es la casa de Perón”. En noviembre de 1972, Perón decidió emprender el regreso a su amada patria. En su cabeza, seguramente, anidaba el recuerdo de aquel frustrado retorno en 1964, durante el gobierno de Illia, cuando fue detenido en Río de Janeiro y obligado a volver a España.

Juan Domingo Perón baja del avión DC-8 Giuseppe Verdi de Alitalia en la pista del Aeropuerto de Ezeiza
Juan Domingo Perón baja del avión DC-8 Giuseppe Verdi de Alitalia en la pista del Aeropuerto de Ezeiza

Así las cosas, mientras Perón, desde Madrid, diseñaba su estrategia y organizaba futuras reuniones con las fuerzas políticas, en especial con la Unión Cívica Radical (conversaciones iniciadas tiempo antes, en La Hora del Pueblo en noviembre de 1970), en la Argentina, se preparaba una numerosa comitiva integrada por un centenar de figuras de la política, el espectáculo, el deporte y el quehacer cultural. El objetivo era desestimar cualquier intento de los sectores más “gorilas” de derribar el avión que traería de regreso al General. La comitiva, entre otras personas, estuvo integrada por el delegado personal Héctor José Cámpora; dirigentes políticos y sindicales como Raúl Lastiri, Carlos Saúl Menem, Ricardo Obregón Cano, Antonio Cafiero, Guido Di Tella, Lorenzo Miguel y Vicente Solano Lima; el padre Carlos Mugica, fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y el sacerdote Jorge Vernazza; intelectuales como Rodolfo Ortega Peña y Raúl Matera; deportistas como el futbolista José Sanfilippo y el boxeador Abel Cachazú y, personalidades del mundo cultural como Leonardo Favio, Sergio Villarroel, Chunchuna Villafañe y Marilina Ross.

Mientras la comitiva viajaba a Europa a buscar al General, éste, el 14 de noviembre, se trasladó de Madrid a Roma donde fue recibido por Giulio Andreotti, Presidente del Consejo de Ministros de Italia, y luego dio una conferencia ante numerosos periodistas. Es preciso recordar que la prensa internacional estaba al pendiente de las peripecias del regreso a la Argentina del viejo General.

El 16 de noviembre, a las 20.25 (hora exacta en que murió Evita en el año 1952), el DC-8 Giuseppe Verdi de Alitalia con 154 personas a bordo, decoló del aeropuerto romano de Fiumicino con destino a la ciudad de Buenos Aires. Viajaban en él, Perón, su tercera esposa Isabel, su secretario José López Rega y la comitiva ya referida. Mientras tanto, en nuestro país, cientos de miles de personas comenzaron a caminar hacia Ezeiza para recibir a Perón, pese a que la dictadura anunció que desplegaría un fuerte operativo de contención de los manifestantes. Sin importar la copiosa lluvia y el frío -poco usual para esa época del año- la muchedumbre caminaba sin pausa, coreando “Evita, Perón, Revolución”. Por su parte, la Confederación General del Trabajo, conducida por el gremialista José Ignacio Rucci, decretó un paro general y como respuesta, el gobierno de facto declaró el 17 de noviembre como “día no laborable”.

Secuencia de imágenes del regreso, luego de 17 años de exilio, de Perón a Argentina en el que José Ignacio Rucci sostiene el paraguas para protegerlo de la lluvia. También están José Lopez Rega e Isabel (Domingo Zenteno)
Secuencia de imágenes del regreso, luego de 17 años de exilio, de Perón a Argentina en el que José Ignacio Rucci sostiene el paraguas para protegerlo de la lluvia. También están José Lopez Rega e Isabel (Domingo Zenteno)

Luego de quince horas de vuelo, incluida una escala técnica en Dakar, el DC-8 tocó pista en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Eran las 11.09 de la mañana de un día lluvioso y gris. Para evitar que Perón se mojara, Rucci, rápidamente, subió la escalinata del avión, abrió un paraguas negro y cubrió al anciano General, en una imagen que quedó para la posteridad. Cerca de ambos se encontraba Juan Manuel Abal Medina, Secretario del Movimiento Nacional Justicialista y, especialmente, hermano de Fernando, fundador de Montoneros y quien ejecutó al dictador Pedro Eugenio Aramburu.

El gobierno de facto de Lanusse le encomendó al Brigadier Martínez que entrevistará a Perón y le consultará sobre las actividades que tenía previstas en su visita al país. Para ello, lo trasladaron al Hotel Internacional de Ezeiza donde debió permanecer largas horas, en un clima tenso, rodeado el edificio por las fuerzas de seguridad.

Finalmente, en la madrugada del 18 de noviembre, Perón fue autorizado a dirigirse a la casa que el Partido Justicialista había adquirido en la calle Gaspar Campos, en el partido bonaerense de Vicente López. Allí, por varios días, tuvo lugar el peregrinar de miles de personas que vieron por primera vez a Perón. Así, pudieron “ponerle cara” a la persona por la cual durante tantos años venían luchando, militando e incluso dando la vida.

"Cámpora al gobierno, Perón al poder” fue el slogan de la Juventud Peronista para acompañar a la fórmula del FREJULI en la votación del 11 de marzo de 1973
"Cámpora al gobierno, Perón al poder” fue el slogan de la Juventud Peronista para acompañar a la fórmula del FREJULI en la votación del 11 de marzo de 1973

En su breve estadía en la Argentina, Perón convocó a todas las fuerzas políticas y les propuso conformar un gran frente popular que arrasara en las urnas, poniendo fin a la dictadura militar. Los encuentros se realizaron en un restaurante familiar de Olivos llamado “Nino”. También, en Gaspar Campos, recibió a dirigentes políticos y sindicales peronistas que le llevaron diferentes nombres para encabezar la fórmula, puesto que su candidatura no era posible por la cláusula de residencia. Tras una maratón de reuniones y encuentros con su pueblo, Perón volvió a dejar la Argentina.

Una vez en Madrid, indicó que la fórmula del FREJULI (Frente Justicialista de Liberación), sería encabezada por su fiel delegado personal, Héctor J. Cámpora y el político conservador Vicente Solano Lima. Ese regreso de Perón, aunque breve, tras 17 años de exilio, insufló energías en la militancia juvenil. Se aproximaban las elecciones, en un contexto dictatorial (con sectores importantes de las Fuerzas Armadas reacios a los comicios) y con escasos recursos financieros. Había que pintar paredes, pegar afiches, convencer a la gente en los barrios y en las fábricas que el peronismo tenía los mejores candidatos.

Así, la Juventud Peronista, creó un eslogan simple, claro y contundente: Cámpora al gobierno, Perón al poder. El 11 de marzo de 1973, el FREJULI obtenía el 49.5% de los votos y la Unión Cívica Radical se bajaba de la segunda vuelta. Tras dieciocho años de proscripción, persecuciones y fusilamientos, el peronismo volvía al poder. Pero eso es otra historia.

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