El diálogo entre Balbín y Harguindeguy sobre un Pacto de la Moncloa criollo que le hizo decir al radical: "Usted está divagando, señor...”

DOCUMENTO EXCLUSIVO. El martes 6 de mayo de 1979 tuvieron una charla a solas en el marco de varios encuentros del gobierno militar con la dirigencia política. Fue una charla dura, que el entonces ministro del Interior de la dictadura grabó a escondidas. Aquí, palabra por palabra, los párrafos principales

Ricardo Balbín y Albano Harguindeguy, protagonistas de un ríspido diálogo
Ricardo Balbín y Albano Harguindeguy, protagonistas de un ríspido diálogo

Antes y después de 1983, año de la instauración democrática en la Argentina, la dirigencia nacional e innumerables intelectuales hablaron y pidieron analizar y concretar un Pacto de la Moncloa como en España tras la muerte del Caudillo Francisco Franco Bahamonde, a fines de noviembre de 1975. A grandes rasgos, no fue posible porque los poderes establecidos se encontraban urgidos por salir de la dictadura militar, iniciada el 24 de marzo de 1976, y los grandes partidos políticos no estaban dispuestos a cederse nada. La salida del poder fue a las corridas.

En España se salía de un prolongado régimen autoritario, tras una guerra civil que dejó cientos de miles de muertos y exiliados, y comenzaba a elevarse la figura del jefe de Estado, el rey Juan Carlos I. Tras él, cuando con gran sutileza comenzó a desmalezar la presencia del franquismo en el poder, llegó Adolfo Suárez, con 43 años, acompañado por miembros de una nueva generación.

En julio de 1976, el rey le encargó a Suárez que formara gobierno y así comenzó la transformación española, con la aprobación de la Reforma Política y la colaboración de todas las corrientes de opinión. Entre el 25 y 27 de octubre de 1977 las fuerzas políticas con representación parlamentaria suscribieron los Pactos de la Moncloa que, principalmente, fijaban reglas económicas, sociales y políticas que pusieran en marcha la modernización española. Entre otros, firmaron Enrique Tierno Galván (PSP), Santiago Carrillo (PCE), Felipe González (PSOE), Adolfo Suárez (UCD), Manuel Fraga (AP), y Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD).

Al año siguiente el “ex falangista” Suárez llevaba a España a la primera elección general en la que resultó vencedor, y en 1978 las Cortes aprobaban la nueva Constitución. En medio de las dificultades, toda la dirigencia dio un gran ejemplo de lucidez y convivencia. Suárez volvería a triunfar en 1979 y se retiraría de la presidencia en 1981. Durante toda su gestión, Adolfo Suárez distinguió el valor del diálogo con los demás, al sostener que era “sin duda, el instrumento válido para todo acuerdo pero en él hay una regla de oro que no se puede conculcar: no se debe pedir ni se puede ofrecer lo que no se puede entregar porque, en esa entrega, se juega la propia existencia de los interlocutores.”

Pacto de La Moncloa: se pueden ver a Carrillo, González, Suárez, Fraga Iribarne y Calvo Sotelo
Pacto de La Moncloa: se pueden ver a Carrillo, González, Suárez, Fraga Iribarne y Calvo Sotelo

En 1979 el cuadro argentino era bien distinto. La guerrilla marxista había sido derrotada (a pesar de la contraofensiva montonera); los partidos políticos y la CGT se encontraban intervenidos y la situación económica todavía mostraba una aparente estabilidad, aunque iba rumbo al fracaso. Las FF.AA. a pesar de las fuertes diferencias internas, dominaban el centro del escenario político. Se sentían fuertes y, enfrente, los partidos políticos, aún, no tenían una alternativa. En lo político, el Proceso estaba a pasos de celebrar su cuarto año de gobierno. Desde 1952 ningún gobierno había podido llegar a cumplir cuatro años ininterrumpidos en el poder. La conflicto del Beagle con Chile estaba en manos de Su Santidad Juan Pablo II; el sindicalismo se hallaba fragmentado (ya se había sancionado la Ley de Asociaciones Profesionales); los generales “duros” estaban afuera del Ejército y Roberto E. Viola esperaba pacientemente su futura designación presidencial. Son datos objetivos.

En este contexto, la Junta Militar dio a conocer las “Bases Políticas de las Fuerzas Armadas para el Proceso de Reorganización Nacional”. Las mismas pretendían una suerte de Pacto de la Moncloa y para tal fin tres altos oficiales viajaron a Madrid para estudiarlo. Intentaban diseñar el futuro argentino; establecer el “diálogo” con los partidos políticos y las organizaciones representativas; fijar lineamientos económicos; límites para el “diálogo”; encarrilar una salida y una herencia del proceso a través de una corriente política afín. La propuesta de la Fuerza Aérea influenció al documento oficial, especialmente, en lo relacionado con la orientación de una política exterior. El texto no merecería recordarse si no fuera que en el mismo se notó la pluma de Nicanor Costa Méndez, el que volvería a ser canciller a fines de 1981. En uno de sus puntos, luego de detallar cómo el poder militar derrotó el fenómeno subversivo en el Cono Sur de América Latina, frente a la incomprensión de gran parte de las potencias occidentales, llega a la conclusión de que “quiérase o no, América Latina en su parte Sur se ha transformado en reserva de Occidente. [...] El precio de afrontar este desafío puede ser la soledad”. La pretenciosa propuesta de la Junta Militar establecía el “gradualismo” como sistema; la formación de “un movimiento de unión nacional identificado con el ideario del PRN”; la elección de “representantes nacionales” que designarían al Presidente de la Nación en una “Asamblea Legislativa” y establecía un Senado con “representantes provinciales” y “personalidades designadas por la Junta Militar en una relación del 50% con respecto a los senadores elegidos”.

“El ‘parto de los montes’, o sea el documento llamado ‘Bases Políticas del Gobierno’, de tan prolongada y conversada gestación, fue el broche de oro con el que cerró el año 1979, caracterizado también por episodios tan lamentables como significativos y propios de la modalidad vigente en el Ejército, desde que Videla y Viola tuvieran particular incidencia en su conducción y particularmente en sus actitudes políticas trascendentes”, me escribió el ex presidente Alejandro Agustín Lanusse el 23 de enero de 1980.

El Ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, aún contaba con todo el respaldo del presidente Videla y también de Leopoldo Fortunato Galtieri el nuevo jefe del Ejército. En una ocasión, invitado por el comandante en Jefe todo el equipo económico expuso la marcha del plan económico al generalato. La presentación de Galtieri fue contundente: “Señores, éstos son los héroes civiles del Proceso, que merecen todo nuestro apoyo y solidaridad”.

En abril también habló Ricardo Balbín. Desde Madrid, en declaraciones a Julio Nudler, corresponsal de Clarín, dijo lo que nadie se atrevía a admitir públicamente: “Creo que no hay desaparecidos; creo que están muertos, aunque no he visto el certificado de defunción de ninguno [...] lo que me preocupa es aliviar dolores, pero también evitar nuevos dolores. No tiene remedio. Fue así. Algún día se escribirá el capítulo de las responsabilidades”. Además dijo que el sucesor de Videla debería ser el último presidente militar. En la intimidad Balbín me manifestaba algo distinto: “Hay generales que se quieren quedar mucho tiempo y hay generales que se quieren quedar mucho más.”

El martes 6 de mayo de 1980 la dictadura comenzó sus encuentros con la dirigencia argentina para analizar el documento de la Junta Militar de diciembre de 1979. El primer convocado fue el jefe radical y para el viernes 9 se esperaba a Francisco “Paco” Manrique.

Tapa de la carpeta con la transcripción del diálogo grabado de 76 páginas
Tapa de la carpeta con la transcripción del diálogo grabado de 76 páginas

Mientras los políticos argentinos se desperezaban con este divertimento, otra parte no menor de la sociedad leía que Martínez de Hoz explicaba en los Estados Unidos que “no hay una situación de crisis bancaria ni mucho menos”, pero “Paco” Manrique replicaba con que se vivía en un estado de “timba” y que la Argentina se parecía a Las Vegas. “¿Cómo puede ser que se subestime tanto la caída de cuatro bancos –dos de ellos eran los primeros del sector privado— en un país que tiene en depósitos a plazo fijo casi 18 mil millones de dólares, que superan más del doble el volumen de las exportaciones de la Argentina?”, se preguntaba “Clarín”. La realidad golpeaba a la puerta: caravanas de ciudadanos viajaban a Miami con dólares baratos mientras gran parte de la sociedad padecía el tembladeral económico: Aumentaban los servicios y combustibles; la revista “Veritas” informaba que “creció el monto de quiebras en abril” o que un conjunto de 90 bancos “refinancian la deuda de Sasetru.”

A las 16.30 del martes 6 de mayo de 1980, inspirado en sus propios pensamientos y rodeado por un clima tenso que venía de la calle, Ricardo Balbín entró solo al despacho del general de división Albano Harguindeguy.

Tras el saludo inicial, el diálogo comenzó cuando se prendió el grabador. Extraña manera de mantener un encuentro de características políticas, de intentar compromisos hacia adentro y hacia afuera de su partido, en un clima de temeroso silencio en el ámbito nacional.

Después de los primeros tanteos, el Ministro del Interior fue al grano: "Acá nos tenemos que poner de acuerdo sobre el país que queremos. El sentido del diálogo es ése y comprometer a la inteligencia argentina, cultural, científica, política, económica, social, la clase trabajadora, a que todos aportemos nuestra particular visión para construir un Estado democrático, para reafirmar los principios republicanos, representativos y federales. Usted bien sabe que nadie ha negado la existencia de los partidos políticos. Ya con Usted hemos hablado otra vez de estos temas. Hoy yo más que hablar tengo que escuchar, pero como debe ser diálogo alguna vez lo voy a interrumpir o vamos a cambiar impresiones.

--B: Yo Ministro le quiero decir una cosa, que vengo acá con la mejor buena voluntad. Es verdad que soy un hombre de partido, que presido un partido, pero he concurrido a este despacho con el propósito de ser útil. No voy a fingir ni voy a disimular, le voy a decir realmente lo que pienso. Yo creo que está llegando el momento en que los argentinos tenemos que pensar en ponernos de acuerdo. A mí me da la impresión que hay un estado de disconformidad general ahora. Pienso además que esto tiene que ver con los acontecimientos que han ocurrido.

--H: Concuerdo con usted que hay una agudización de la crisis.

Inicio de la transcripción del diálogo Balbín-Harguindeguy
Inicio de la transcripción del diálogo Balbín-Harguindeguy

--B: Nosotros tenemos que evitar que eso haga eclosión y ver dónde estriba el error y cuál es el otro camino que se pueda tomar. A mi juicio, Ministro, la emergencia tiene un límite. Si no se tiene conciencia de esta emergencia, puede fracasar el Proceso. Yo creo que ha llegado el momento de empezar a pensar en salir de la emergencia. El asunto es caminar. Si lo postergamos no, porque entonces vamos a caer en el descrédito definitivo. Yo no tengo las ideas anotadas, sino puntos que no quiero olvidarme. Por ejemplo, decir que el Proceso de Reorganización Nacional iniciado en el ’76 está requiriendo salir de la emergencia, yo creo que es decir una verdad, y es salvar el Proceso, es salvarlo al Proceso. Porque de lo contrario va a tener que utilizar otros medios distintos a éste que estamos haciendo hoy, y que es dentro del proceso de pacificación. Va a tener que imponer la fuerza, su razón de la fuerza.

--H: No me interesa.

--B: Tuvo que imponer la fuerza desde el momento que hubo que luchar contra otra fuerza. Y yo creo que van a ocurrir emergencias en el país, que Dios quiera que no sean, pero que van a exigir estar unidos en lo nacional.

--H: Sí, usted se está refiriendo a una situación internacional, que incluso usted prevé una intervención directa.

--B: Si esto es así por qué no iniciamos los trámites que no significan ir a un punto determinado sino caminar hacia un punto determinado, para que la gente tenga conciencia cabal de que esto es verdad. La gente no cree en esto, General…Un país que no participa, General, se desconcierta. Y acá no participa.

--H: Usted dice que no caminamos. Yo le digo que sí. Porque cuando el 19 de diciembre (1979) las Fuerzas Armadas sacaron esto (“Bases Políticas de las Fuerzas Armadas para el Proceso de Reorganización Nacional”), pusieron en marcha el tiempo de la institucionalización. Que a lo mejor no coincidamos en los ritmos con que esto se va llevando.

A continuación la conversación se introduce en el pasado. En la Historia. Fue cuando Balbín habló de docencia política “porque la democracia se cura con la democracia.”

--H: Sí, sí. O la democracia se aprende practicándola.

--B: Sí pero hay que dejarla practicar, no hay que interrumpirla.

--H: Yo creo que más de una vez en las interrupciones, Usted no estaba en desacuerdo con la interrupción.

--B: Puede ser la última. Las otras no.

--H: Las otras no. Y la de 1955?

--B: En la del ’55 luche 10 años General…pero el Ejército no hizo nada en 10 años.

--H: Y entonces? No hizo nada? Yo recuerdo que en el propio año 1945 y antes de que se concretara, varias veces hubo levantamientos militares.

--B: Sí, sí, sí. Incluso yo fui preso varias veces…

--H: ¿Varias veces fue preso Usted? Recuerdo que en 1951 hubo una revolución donde decenas de camaradas fueron a la cárcel, al igual que Usted.

--B: Yo no quiero hacer méritos de un lado y de otro porque si hiciéramos este balance, General, no sé cómo salimos…

Tras este momento de recuerdos y limitados reproches, Balbín volvió al presente. A la rigurosa actualidad: "Yo lo que voy a decir (al periodismo que lo esperaba a la salida) es que es necesario entrar a instrumentar los modos de salir de la emergencia. Y la pacificación del país es una necesidad. Usted lo sabe como yo. Yo le digo que tengo innumerables cartas de gente que me pide que hable de los presos. Usted nunca habrá visto que yo hago política con los presos.

--H: Jamás. Jamás el doctor Balbín hizo política con los presos.

--B: Entonces vengo a decirle que ha llegado el momento de examinar esto detenidamente.

--H: Usted sabe, doctor Balbín, que yo tengo no menos de un día por semana que lo dedico pura y exclusivamente a eso. Y hay una comisión formada por ley nacional 21.650, y se reúne acá, propone. Y en estos momentos hay una acción que lleva a cabo el Comando en Jefe del Ejército donde se ordena estudiar la situación que tiene desde el primero al último preso.

--B: Me alegro, porque yo le puedo decir que veo como hemos hablado de esto y que las disposiciones están tomadas, creo que son buenas. Pero si lo decimos hoy y lo decimos va a servir. Los desaparecidos. Vamos a hablar unas palabras de los desaparecidos. Yo hice bastante.

Anotaciones sobre las palabras de Balbín al Ministro Harguindeguy
Anotaciones sobre las palabras de Balbín al Ministro Harguindeguy

--H: Con diferentes interpretaciones, según quién lo analizaba.

--B: Sí, sí, pero lo hice con buena voluntad. Porque me lo preguntaron los Montoneros. Y Usted sabe bien que son muertos y no desaparecidos.

--H: Su expresión sobre los desaparecidos, en el sentido que no hay desaparecido sino muertos, ha tenido distintas interpretaciones. Hay sectores que no les ha gustado. En lo personal le digo que me preocupa. En lo institucional es un problema que tiene que definir la Junta Militar.

--B: Mire, me metí por una razón muy sencilla. Primero porque no me podía sentir provocado, y en segundo lugar porque entiendo que hay que terminar con esto, porque si no navegamos en reclamos permanentes, que van a ser motivos de politización, yo no lo sé, de lo contrario no vamos a encontrar nunca la pacificación. Ustedes dicen: sobre los problemas de la subversión no se habla más. Y Usted ve con nosotros…

--H: Sí, sobre todo hemos dicho: la revisión de la guerra…A veces sucede, porque a mí más de una vez alguno me habló de la ley del olvido, o esto o lo otro. Amnistía.

--B: Tanto del olvido, no, no se confunde la gente con los términos. Acá hay un proceso que hay que agotar, que está agotado. Pero yo creo que hay que iniciar una demostración que lo hemos agotado, para lo cual no dejamos estos saldos. Estos saldos ponen en evidencia permanente que no ha terminado. De la otra manera la prédica es más fácil. Y en el sentido de hacer el clima de pacificación es más fácil.

--H: Ahora. ¿Usted no cree que en este momento, salvo el episodio del sector afectado como consecuencia de la guerra contra la subversión, hay un clima de paz en el país?

--B: Sí, sí pero hay injusticia, hay injusticia. Hay que repararla.

--H: ¿Mayor, igual, menor? Porque siempre existió una sociedad que está en permanente evolución.

--B: No, no, no, porque nosotros en la Argentina no hemos tenido subversión jamás, es esta vez.

--H: Esta vez, porque las otras luchas han sido de otro tipo de lucha.

--B: Son cuestiones sociales, son cuestiones sociales que siempre las ha habido y las habrá. Créame, General, que es cierto, esto no es especulación política. Yo lo presiento. Hay un estado abajo, que no se nota. Yo venía caminando para acá, solo, y Usted tendría que ver la cantidad de gente que no me conoce que me decía: dígale las cosas, sáquenos de este asunto. ¿Y qué era sacarla del asunto? Se da cuenta. Yo no lo entiendo.

--H: Yo también camino, Doctor, y veo la otra expresión contraria. La vez pasada le ofrecí a algunos correligionarios suyos cuando me dijeron que el país está ansioso por volver al gobierno civil y a las elecciones, que no es lo que dice Usted, no es lo que dice Usted,. Lo digo porque alguien me lo dijo y yo le respondí: Yo mañana sábado no tengo nada que hacer, lo invito a que salgamos por la calle y vamos a empezar a interrogar juntos a la gente. Nosotros interrogamos a la gente y ponemos los medios.

--B: […] Por mis percepciones yo le digo, General, que hay disconformidad. Y hay que arreglar la disconformidad, si podemos hacerlo.

--H: Con realidad, eh, no con promesas.

--B: No, no, con realidades.

--H: Porque yo he vivido al país siempre disconforme. Yo asomé a la vida razonable en el 40. Es un país que siempre estuvo disconforme.

--B: ¿…y en 1966 estaban tranquilos?

--H: Nosotros no estábamos tan tranquilos con los planes de lucha y todo el entrenamiento de un sector de izquierda que se estaba infiltrando en el radicalismo.

--B: ¿Y lo corrigió (Juan Carlos) Onganía?

--H: Yo creo que no se corrigió. Hubo errores, por eso le digo, le he dicho que ¿hay alguien que esté exento de culpa? Doctor Balbín, ¿cuál de los procesos anteriores a los cuatro años llamaba a los dirigentes políticos y otras expresiones del sentir nacional?

Ricardo Balbín
Ricardo Balbín

--B: Bueno, otros llamaban a elecciones. En 1955 llamó a elecciones.

--H: ¿Y con qué resultados? ¿Los quiere repetir?

--B:¿Dónde se hizo la subversión? ¿Cuándo se hizo? Más del ’66 en adelante.

--H: Yo creo que la subversión en la Argentina empieza más o menos en el año 59/60. Empieza con todas aquellas organizaciones de nivel continental.

--B: Usted está divagando, señor.

--H: Ideadas por (Fidel) Castro y ahí arranca todo el proceso compulsivo de infiltración.

--B: Y lo que ocurrió después del ’66 con…

--H: Es un clima muy posterior a 1966, el clima subversivo de la Universidad, por supuesto que sí.

--B: Y Usted cree que ahora no hay un clima subversivo de la Universidad…

--H: Yo creo que no hay un clima subversivo en la Universidad.

Seguidamente vuelve a ponerse sobre la mesa el Estatuto de los Partidos Políticos y su tratamiento. Balbín insiste: “¿Y cuándo lo vamos a hacer? ¿Después del semestre, el año que viene? ¿O Usted piensa que el nuevo Presidente va a ser sucedido por otro Presidente militar?”

--H: Es un tema que tiene que resolver la Junta Militar. Yo no soy el gran elector para determinar si el próximo y el otro o el otro. Tengo mi opinión como ciudadano, como General.

--B: La mía se la voy a dar: este puede ser, pero el otro no va a poder ser. Porque entonces este diálogo no tiene sentido. No tiene sentido General, porque si Usted me dice que…

--H: Si Usted cree que en 3 años el país va a poder estar normalizado, los partidos políticos consolidados totalmente, en condiciones de hacer una apertura irrestricta, hacia la democracia.

--B: Seguro, sí señor es un esfuerzo común. Es un esfuerzo de ustedes y de nosotros…

En esos cada vez más extensos diálogos sobre la nada, Harguindeguy miró el pasado inmediato como una suerte de advertencia y precaución: “Yo me voy a 1976, cuando nosotros le reclamamos a los partidos que pusieran en marcha los mecanismos constitucionales para preservar el sistema […] Yo me acuerdo cuando estaba en el comando del Cuerpo I, en ese mes de enero, y llegaban los diputados y senadores radicales a mi mesa, y les pedíamos una solución.”

Balbín aclara: “Mire yo en ese sentido le respeto mucho su opinión y naturalmente, siempre actué dialogando con Videla y con Viola y con todos los generales, viejos generales. Esto se habló mucho, la decisión de ustedes estaba tomada antes.”

--H: Lo considerábamos el momento oportuno, estaba tomado antes.

--B: Cuando estaba tomado conversaron conmigo.

--H: Porque pensábamos…

--B: Cuando… ¿Está grabando?

--H: No, no…está parado.

Albano Harguindeguy  Télam 162
Albano Harguindeguy Télam 162

--B: No importa porque esto es cierto, cuando me notifican Videla y el señor Viola que estaba la suerte echada –estamos hablando de fines de diciembre de 1975 (NA: fue en febrero de 1976), yo les dije: ¿no me queda un resquicio? Si hay un resquicio yo me voy y me quemo. Además la modificación de las medias acefalias se podrán lograr si ustedes… ¿puedo decir una mala palabra?

--H: Sí.

--B: Si me dejan, agarro y la saco del culo, pero vamos a ver qué podemos hacer, se van a perjudicar las Fuerzas Armadas, no ante el país, sino ante el Continente y Argentina tiene que dar un gran ejemplo y unión de las FF.AA. con su pueblo para derrotar toda esta porquería. Es tarde, muy bien, es tarde, pero el Presidente (Videla) fue a Tucumán y el 24 de diciembre (y) después de esto dijo: los políticos tienen la palabra. Estaba terminado (y) no obstante eso fui al bloque, dije está irremediablemente perdido si no hacemos una solución, vamos a convocar la Asamblea. ¿La van a echar? No vamos a echar a nadie! Vamos a hacer un balance del país ahí, que lo oiga toda la República, por qué hemos llegado a esto. No se pudo, pero aunque se hubiera podido estaba todo terminado y esto es verdad.

--H: Yo no he sabido si en aquel momento, si hubiesen funcionado los mecanismos institucionales…

--B: No funcionaban por ello tuve una conversación con el señor Ricardo Guardo (Ministro de Defensa), con el señor Roberto Ares (Ministro del Interior) y con Miguel Unamuno (Ministro de Trabajo). A Unamuno le dije: ¿Usted sabe dónde están viviendo? Esto se termina. Entonces me dice: ¿Usted va a desconfiar de mí? Yo no desconfío de nadie. Yo le digo que a esta Señora no la domina nadie. Esto es un desastre. Esta mujer no es peronista, que va a ser peronista ni justicialista. Esta es una que viene acá representando un matrimonio, con un loco como este de (José) López Rega. Y le dije a Guardo: piénselo, doctor, piénselo. A los 7 días renunció y vino y me dijo: ¿Sabe una cosa? Mire, acá se decía: piénselo, piénselo y me di cuenta que había que irse. No podían ellos hacerlo, sino hubiera habido una solución. Se ensayó una solución […] Lo mismo que les dije aquel día a estos señores: ¿Hay un resquicio? Yo me meto y me quemo. Ahora le digo: ¿Hay un resquicio? Porque me requemo y me meto. Pero es que hay que entenderlo y creerlo […] Es un Proceso meritorio que han hecho las Fuerzas Armadas. (La salida) Tiene que ser con todos los honores, con toda brillantez.

--H: Con toda brillantez pero dejando descendencia que no sea aquello, eh.

--B: No herencia.

--H: He dicho descendencia.

--B: Pero no con heredero forzoso.

--H: He dicho descendencia.

--B: Sí, sí. […] Yo creo que este gobierno actual, que se va ahora en marzo, ha tenido que aguantar el proceso subversivo, que lo ha hecho bien, creo que el país ayudó.

--H: En todo ayudó. Sin la ayuda del país no se hubiera podido hacer nada.

Tras el penoso recuerdo del pasado inmediato, Balbín vuelve a insistir que “hay un mal clima, observe aunque parezca mentira, hay un mal clima en la calle”.

--H: En este momento se ha producido un hecho económico financiero que no es el más propicio ni para el gobierno para dialogar, ni para expresar ni para brindar. Creo que no hay suficiente tranquilidad en los espíritus para actuar razonablemente.

Tras el encuentro y antes de dirigirse a la Casa Radical, Ricardo Balbín fue rodeado por los periodistas en el Salón de los Escudos de la Casa de Gobierno. Preguntado si el radicalismo estaría dispuesto a convalidar, como sugiere el gobierno, dos nuevos períodos militares de cuatro años cada uno, sin perder la calma, Balbín dijo: “Bueno, yo doy por inexistentes los años.”

Lo que no conocía Balbín ni mostró Harguindeguy era un trabajo “Secreto” firmado por él y los generales Diego Ernesto Urricarriet y José Antonio Vaquero que estimaba un “cronograma” de salida de más de nueve años, con la salvedad que “al llegar el próximo año 9, los partidos políticos comienzan a actuar electoralmente como tales.” El trabajo de 22 carillas, con fecha 1º de junio de 1979, había sido elevado a Jorge Rafael Videla.

Todo el diálogo montado con el histórico jefe radical había sido una gran parodia, un divertimento, que culminaría muy mal. Roberto Viola, el sucesor de Videla, apenas duró ocho meses. Leopoldo Galtieri –guerra de Malvinas por medio—se mantuvo en el poder un poco más de cinco meses y luego la desordenada huida de la Casa de Gobierno: El general Reynaldo Benito Bignone entregó el mando al presidente Raúl Ricardo Alfonsín el 10 de diciembre de 1973. Don Ricardo Balbín tuvo la suerte de no ser testigo de la catástrofe castrense porque el 9 de septiembre de 1981 falleció. Su entierro multitudinario, en cierta manera, fue una reparación a la burla personal a la que había sido sometido el martes 6 de mayo del año anterior.

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