
Alfredo, “Pingüino” (para los amigos), el destino es así. Casi justo el mismo día en que me enteré de tu estado de salud, Platense empezaba a festejar su cumpleaños. El mismo club por el que, junto a Mario “El alemán” Fahsbender, vibraban y se apasionaban con las “salvadas” del descenso y recordaban las grandes atajadas de Alberto Pedro Vivalda o de Carlos Angel Biasutto. Y ahí volví a “verlos”, en el medio de la redacción de la revista GENTE, recordando domingos de angustia y gritos de goles hasta perder la voz.
Cuando en 1996 comenzó el sueño del empresario Daniel Hadad de crear una nueva radio, como luego lo fue Radio 10, al principio no fueron muchos los nombres que sonaban para ser protagonistas de la programación. Como cuando tuvo la idea de convocar a Oscar Gonzalez Oro (dejó las noches de Del Plata para convertirse en la revolución de las mañanas de las AM) y a Chiche Gelblung, también pensó en Alfredo Serra. Intuición. Hay una historia destacada en relación a la mirada distinta y hasta la forma de comunicación que tienen algunos periodistas que han trabajado y trabajan en gráfica y hacen radio. En el caso de Alfredo, por esa época ya era el prestigioso Redactor Jefe General de Editorial Atlántida y emblema de la revista GENTE, la idea lo atrapó.
La primera reunión fue en el café de la esquina de Nicaragua y Uriarte, enfrente del edificio color ocre original y donde luego se instaló Radio 10 (ahí estaban las oficinas de TM Producciones, la empresa de Marcelo Tinelli y Raúl Fernández, quienes fueron socios originales del desafío radial). Fue un encuentro inolvidable, que surgió de la admiración que siempre le tuvo, le tiene, Hadad. Serra ya se veía al aire. Le encantaba la propuesta, pero no podía dejar de escribir y de dedicarle su tiempo a la editorial. Muchos años después se incorporó a Infobae, donde siguió demostrando su talento.
Alfredo Serra fue, quizás junto a Alberto Amato, uno de los mayores redactores que yo recuerde. Durante años compartimos la misma pasión y redacción de GENTE.
Mucho se ha hablado de las grandes notas y viajes que hizo por el planeta y que han dejado una huella en el periodismo. También destaco aquellos momentos únicos, “puertas adentro”. ¡Cómo olvidar la ceremonia con Jorge de Luján de Gutiérrez y Gabriela Cociffi cuando había que hacer la página 3 de GENTE! “¿Qué tenemos? ¿Con qué vamos?” Era la editorial, con la capacidad de síntesis para interpretar un concepto o dos palabras. Y los sumarios de notas que se entregaban los miércoles. Y cómo vivía las notas y adelantos de los corresponsales Alberto Oliva y Ana Baron (Estados Unidos), Bruno Passarelli (Italia), Enrique Romero (Madrid), Danielle Raymond y Silvina Lanús (Francia). Como así también dejó su sello hasta con las críticas de cine y la última página de la revista que se llamó “Y Punto”. Y los grandes títulos de GENTE. Y hasta era capaz de escribir él solo un suplemento o un “one shot”.
Alfredo tenía todo. Sensibilidad, la palabra justa, poesía, un “vuelo” especial para crear textos propios y re escribir lo que sea. Sabía, leía. Convertía en notas atrapantes las que él “daba vuelta”. Tenía una memoria privilegiada para recordar hechos, nombres y fechas. Y amaba el archivo.
Alfredo, ¿a cuántos “pasantes” y jóvenes periodistas y otros no tanto, les transformaste sus textos en bellos textos? Hizo magia. Hiciste magia. Como decías siempre: “En cada línea, tiene que haber un dato, información.”
Desde las distintas oficinas que tuviste en Atlántida - ni te importaba el lugar - sólo te interesaba que la máquina Olivetti tuviera la cinta negra y roja casi nueva, muchas hojas “pautadas” para poder escribir. Luego llegó la PC y te subiste a la Fórmula Uno. Y ahí dejó de sonar tu tic: le “pegabas” sin parar a la tecla del tope del margen izquierdo (para “hacer tiempo”) mientras repasabas lo que habías escrito. Y el velador marrón, de pie corto, para que alumbre bien cuando corregías a mano, con una velocidad única, como lo hacía Fahsbender. Y el infaltable mate cocido y el queso con galletitas que te llevaban Mary y Luis, del buffet. Y tu biblioteca, junto a los diccionarios. Te apasionaba coleccionar diccionarios y comprar los libros de historia que traía el vendedor Oscar Casale.
Y tu pregunta al teléfono interno de la secretaria del director: “Moni, ¿está Luján?”.
Cuando Crónica cumplió 50 años, le hicimos un video homenaje a Héctor Ricardo García. Entre los testimonios, estuvo el de Alfredo Serra. Tuvo un paso brillante como cronista del diario y admiraba a García. Siempre contó cuando lo mandó a buscar por el mundo al cirujano cardiovascular Christian Barnard para que le sacara una foto con la tapa de Crónica. Y lo logró. Para Alfredo jamás hubo imposibles. García se emocionó al verlo y escuchar su elogio: “Era un periodista, de pies a cabeza”.
Alfredo, sin querer, también adelantó la frase para definir su esencia: fue y es un periodista de pies a cabeza.
(°) Hugo Ferrer es director de Grupo Crónica. Trabajó durante 12 años en la revista GENTE. Además tiene amplia y destacada trayectoria en gráfica, radio y televisión.
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