
Ayer por la mañana, Stevie Foster, gerente de una empresa de contenidos de comunicación y vecino del barrio porteño de Belgrano, se despertó a las 7.30 con un mensaje de WhatsApp. Era de un amigo que le compartió la nota de Infobae sobre la noticia de la nueva excepción de la cuarentena: el Gobierno nacional anunció el viernes que los hijos de padres separados fueron autorizados a romper el aislamiento y cambiar de casa una vez por semana.
La novedad lo tomó por sorpresa y lo llenó de felicidad. Es que no pudo haber llegado en un momento más oportuno. Ayer mismo, su hija mayor, Lara, a la que no veía desde unos días antes de que inicie el confinamiento, cumplió 17 años. “No puedo creer cómo justo se alinearon los planetas, parece de película”, dijo Foster en diálogo con Infobae, todavía rebozando alegría.
Stevie tiene cuatro hijos: además de Lara, están Lola, de 12 años, y Tommy y Milo, de 6 y 4 respectivamente. Él vive con los más pequeños y su pareja, Verónica. Las chicas, por su parte, viven con su madre, a unas 20 cuadras de distancia. El aislamiento social, preventivo y obligatorio los alejó.
Como parte de la medida para evitar la propagación del coronavirus, en un principio se había establecido que los hijos de padres separados debían cumplir la cuarentena en el domicilio que funcionara como su “centro de vida, o al más adecuado al interés superior del niño, niña o adolescente”.

De acuerdo con la Resolución 132/2020 dictada por la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, sólo podían trasladarse una vez, si el inicio del aislamiento los encontró en el domicilio del otro padre o si, por razones laborales o de salud, el progenitor con el que estaban conviviendo debía ausentarse del domicilio. La norma, además, recomendaba utilizar los medios tecnológicos para mantener fluidez en la relación con el otro progenitor.
De esta manera, niños, niñas o adolescentes permanecieron bajo el cuidado exclusivo de un solo progenitor, siendo, al mismo tiempo, privados del encuentro personal con el otro progenitor.
Ese fue el caso de Stevie con Lara y Lola. A pesar de la cercanía y del deseo de ver a sus hijas, siempre respetaron la cuarentena. Desde el 20 de marzo hasta hoy, el único contacto que habían mantenido había sido por medio de chats y videollamadas. “Nunca habíamos estado tanto tiempo separados”, contó el hombre.
El esperado reencuentro se concretó en la tarde del sábado. En un departamento “caótico” -ya que más de la mitad de las cosas las tienen embaladas debido a la mudanza que quedó trunca por el confinamiento-, los tres volvieron a estar juntos después de 45 días y celebraron el cumpleaños de Lara con “algo que nos unifica bastante, preparamos una picada especial y tomarnos una latita de cerveza, que ya tiene edad para hacerlo”.

Como la de Stevie y sus hijas, son muchas las historias de familia que pasaron por lo mismo. El abogado Andrés María Beccar Varela, especialista en Derecho de Familia, cuenta que desde el inicio de la cuarentena recibió muchas consultas sobre menores confinados en el hogar de un progenitor sin posibilidad de recibir la contención, el afecto y el trato personal con el otro progenitor.
El letrado celebró que haya primado el sentido común y se contemplara la coparentalidad como un derecho esencial de los niños. El 19 de marzo se había anticipado y había advertido los conflictos que podía generar el confinamiento de los niños en un solo hogar.
La medida publicada el viernes en el Boletín Oficial apunta a garantizar el derecho de los menores a “mantener relaciones personales y contacto directo con progenitores o referentes afectivos” en el marco del aislamiento, algo que una comunicación a través de la vía electrónica o telefónica no suplantaba.
Según el documento firmado por el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y los ministros de Salud, Ginés González García; de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, y de Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, los menores quedaron exceptuados de la cuarentena y de la prohibición de circular, siempre y cuando se dirijan hacia el domicilio de uno de sus progenitores. Sólo podrán trasladarse una vez por semana y deberán portar completa la declaración jurada aprobada por la Resolución N° 132/20 del Ministerio de Desarrollo Social. Mientras que en el caso de familias monoparentales podrán ir también al hogar de un “referente afectivo”.
El permiso para alternar de hogar no supone que el menor deba estar siete días cada lugar. El significado de un solo traslado semanal, además, disparó la duda sobre si la autorización abarca la ida y el regreso del menor: para Beccar Varela, cuando se habla de un solo traslado podría llegar a referir al circuito completo, es decir desde que un niño va a la casa del otro progenitor y retorna al mismo hogar. La misma interpretación hace la secretaria de Gestión y Empleo Público, Ana Castellani, quien indicó que “un niño puede ir menos tiempo en una semana, siempre y cuando no salga más de dos veces”.
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