
“Minimicé el riesgo de contagio viajando a Venecia”, reflexiona Gustavo Dattoli, el paciente con coronavirus número 4 de la Argentina, que entre la internación, el aislamiento en su casa y ahora el decreto de cuarentena obligatoria lleva casi un mes sin pisar la calle.
De Boedo, Dattoli viajó con un grupo de amigos a esquiar a Cortina d’Ampezzo, una ciudad de la provincia de Belluno, al norte de Italia. Salió el 20 de febrero cuando el Covid-19 parecía algo que sólo afectaba a China. Para volver a casa el vuelo (desde Milán) hizo escala de cuatro horas en Roma. Cuando llegó a Ezeiza, el 3 de marzo, lo fue a buscar su mujer. Aunque llegó sin síntomas, 48 de horas más tarde, Dattoli empezó a levantar temperatura. Con 38 grados de fiebre se dirigió a la guardia del Hospital Británico. Tres días después, el viernes 6, le dio positivo el test de coronavirus. Sus otros dos compañeros de viaje, también se contagiaron.

¿Cuál fue su reacción frente al diagnóstico? “Estaba descreído del resultado positivo porque los síntomas fueron leves, sólo algunas líneas de fiebre y dolor muscular en las piernas... como cuando entrenás fuerte el día anterior. Pero tuve miedo cuando me enteré del primer fallecido”, le reconoce a Infobae.
Lo que sí le preocupaba mucho era la posible transmisión a su mujer Sandra y a sus dos hijas, Sofía y Agustina. En su ph de Boedo, las tres debieron aislarse. Inclusive se aisló un amigo de Gustavo, con quien se había cruzado casualmente del trayecto del aeropuerto a su casa el 3 de marzo.
En el Hospital le hicieron todo tipo de estudios: hemograma completo, placa de tórax, análisis de orina hasta hisposados para descartar las otras cepas de gripes. “Todas daban bien”. En ese momento el protocolo indicaba hacerse dos tests: el primero dio resultado positivo para Covid-19.
Asintomático, sin malestar, Gustavo se dedicó a trabajar en su empresa -dedicada las telecomunicaciones- desde su PC. “No miré una sola serie. Tampoco padecí estar aislado en el hospital, tenía wifi y mi computadora, así que me dediqué a mis clientes, ayude a las empresas a organizar el trabajo remoto, previendo lo que sucedería después”.

El 13 de marzo le dieron el alta hospitalaria y pudo regresar a su casa, pero debía permanecer aislado de su familia. “Esa fue la peor parte, la más molesta. Las tenía a metros pero no podía compartir el tiempo con ellas”, reconoce.
Reacomodaron el PH de tres plantas para evitar el contacto estrecho. “Mis hijas durmiendo en un sofá cama del living, mi mujer en la habitación de al lado y yo en otro cuarto con baño propio. Venían a saludarme por la ventana. A la hora de comer, Sandra me dejaba la comida en un bandeja. Sinceramante me sentía encerrado en el medio del encierro”, describe cómo fueron esos largos 14 días.
A pesar de la situación incómoda, Dattoli destaca el apoyo recibido por parte del Gobierno de la Ciudad. “Cuando estuve internado, Sandra quedó sola con mis dos hijas, tenía que cuidarlas, ordenar la casa y no tenía autorización para salir de casa por haber estado en contacto conmigo. Ellos le trajeron viandas diariamente”.
También resalta la preocupación de los vecinos y los padres del colegio: “Fueron atentos en llamarme, o escribirme preguntándome cómo estaba. A su vez, se sentían aliviados porque el 4 de marzo (el día posterior a su arribo) no había ido a buscar mis hijas al colegio.”
Una vez cumplidas las dos semanas, el sábado 28 de marzo, empezó la otra etapa del aislamiento, preventivo y obligatorio, decretado por el presidente Alberto Fernandez hasta el 13 de abril. “La llamo la cuarentena general. Nos reencontramos los cuatros. Podría ir a trabajar, porque es considerado una tarea esencial, pero prefiero seguir desde el living. No piso la calle desde el 3 de marzo”.
La rutina familiar está en proceso de organización, básicamente recuperando el tiempo perdido. Este lunes volvió a compartir el cuarto con Sandra y las niñas durmieron en su habitación. “Hacemos la tarea, ordenamos, cocinamos y miramos películas. Se nos corrieron los horarios de las comidas, el estudio y el descanso, pero no es algo que me preocupe”.
Al día de la fecha, Gustavo Dattoli se realizó tres análisis para detectar coronavirus. Y aún se encuentra a la espera de los resultados que fueron enviados al Instituto Malbrán.

En estos casi 30 días, su vida tuvo varios sobresaltos: “No sé si me contagié en Venecia, también podría haber sido en los aeropuertos, pero es por lo único que me echó la culpa”.
El lado positivo de la secuencia del viaje, es que una vez que arribó de Milán se resguardó 48 horas en su casa. “En ese entonces, la indicación del gobierno era estar alerta a los síntomas haciendo vida normal, preferí no ir a trabajar… ¡menos mal! porque sino la historia hubiese sido otra”.
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