
Para ellos la cuarentena es una batalla contra el tiempo y la incertidumbre. Estuvieron en contacto con alguno de los casos confirmados en la Ciudad de Buenos Aires. Son familiares, amigos, compañeros de trabajo o simplemente pasajeros del mismo barco, como el caso emblemático de Buquebus. Durante 14 días, los “contactos estrechos” reciben dos llamados diarios para conocer su estado de salud. Un equipo de expertos y psicólogos monitorea cada síntoma y reacción física. Pero también es una tarea titánica de contención psicológica en medio de la angustia.
Según las últimas cifras, siempre cambiantes, la ciudad de Buenos Aires tiene un listado de 1.306 personas que estuvieron en contacto con alguno de los casos confirmados en el territorio porteño. La gran mayoría, unas 728 personas, atravesaron la cuarentena obligatoria sin síntomas.
Otras 325 siguen atravesando el camino para saber si fueron infectados.
Ante cada caso confirmado de coronavirus, el gobierno de la Ciudad confecciona una lista de “contactos estrechos”. La información surge del sistema de salud y de los propios involucrados que van aportando nombres y teléfonos de posibles infectados. Con esa base de datos, un equipo especial del Ministerio de Salud comienza el seguimiento.
Durante 14 días, los expertos hacen preguntas de rigor y remarcan la importancia del aislamiento. “Necesitamos que se queden en sus casas para evitar que haya contagios”, repiten en cada uno de los llamados.
Los contactos reciben hasta dos llamados diarios. “Les explicamos lo que tienen que hacer si aparecen los síntomas y les pedimos que se aíslen dentro de la casa si viven con otras personas”, cuenta uno de los funcionarios a cargo de esa tarea.
Para el ministro de Salud de la Ciudad Fernán Quirós, este trabajo silencioso es clave en la lucha contra la pandemia. “Nosotros hacemos una reconstrucción epidemiológica y nos comunicamos con cada uno de aquellos que pudieran haber tenido contacto estrecho con pacientes de COVID-19. Esta acción es crucial ya que es una de las tres patas de la estrategia que llevamos a cabo: la identificación y el aislamiento precoz de las personas de riesgo", le dijo a este medio.

Cada caso confirmado (el último reporte habla de 366 casos hospitalizados en CABA) activa una lista de “contactos estrechos”. En algunos casos, puede ser muy numerosa. Por la primera muerte en el país, un hombre de 64 años que estaba internado en el hospital Argerich, se investigaron un total de 91 contactos. La mayoría eran familiares, médicos y hasta enfermeros que lo atendieron sin saber que estaba contagiado.
Guillermo Abel Gómez había estado en Francia y regresó al país el 25 de febrero. Tres días después comenzó a presentar fiebre, tos y dolor de garganta. Recién se internó el 4 de marzo y falleció apenas dos días después. Luego trascendió que padecía otras complicaciones de salud como diabetes, hipertensión, bronquitis crónica e insuficiencia renal.

El caso emblemático de “contactos estrechos” lo generó el hijo de un empresario que se subió a un barco de Buquebus en Uruguay pese a que tenía síntomas. Un total de 161 personas con domicilio en la Ciudad fueron monitoreados a partir de ese día. El resto de los pasajeros fueron derivados a las provincias donde viven.
Al joven de 21 años, que venía de un viaje por Europa y recibió la confirmación de su test en pleno viaje, se le abrió una causa penal y podría enfrentar una demanda civil millonaria por los gastos que le generó a la Ciudad.
La cuarentena de los pasajeros terminó recién este lunes. Los que estaban alojados en hoteles ya pudieron volver a sus casas. El saldo fue muy positivo: hubo un solo contagiado entre los pasajeros que monitoreó la Ciudad, un joven que de 18 años que estaba en el hotel Panamericano.
“Sus padres que estaban alojados en la habitación de al lado llamaron a la recepción porque tenía fiebre y se activó el protocolo. Fue trasladado al hospital Ramos Mejía”, contó un funcionario que trabaja sin descanso desde que comenzó la pandemia.
La contención psicológica es clave para todos aquellos que esperan una noticia por haber tenido contacto estrecho con un contagiado. Por eso el equipo que realiza los seguimientos tiene varios psicólogos. También hay empleados y médicos que están alerta las 24 horas. “Hay que escucharlos y entenderlos para generar una empatía”, remarca un integrante del equipo del Ministerio de Salud. Y agrega: “Esto no es un call center”.
El seguimiento de los casos sospechosos genera vínculos estrechos en tiempo récord. “Hay personas que nos mandan videos de su cuarentena, nos cuentan qué cocinaron y muchos necesitan ayuda con el tema de las compras diarias”, cuenta otro funcionario acostumbrado a lidiar con decenas de casos.

Además de los casos mediáticos, los expertos trabajan con decenas de casos desconocidos. Uno de ellos ocurrió en un colegio privado del barrio de Belgrano. El padre de una alumna de quinto grado fue a un taller de literatura con decenas de padres y alumnos aunque todavía no había terminado su cuarentena obligatoria, luego de un viaje a Inglaterra. Fue el 12 de marzo pasado. Horas después, el hombre comenzó con síntomas y terminó en la lista de infectados.
El equipo de Salud tuvo que seguir la evolución de decenas de alumnos a partir de un listado de padres que gestionó el mismo colegio. Todo comenzó en un taller de lectura ‘silenciosa’, donde los padres acompañan a los chicos. En los chats de Whatsapp compartidos, hubo reclamos de todo tipo y confusión por la extraña situación. Muchos cuestionaron que el colegio no haya frenado la actividad. En el Gobierno porteño confirmaron que al menos un alumno de quinto grado se terminó contagiando por el extraño episodio.
El monitoreo diario de los “contactos estrechos” sirve para prevenir decenas de contagios. “Tuvimos un chico joven que empezó a tener fiebre pero se sentía bien, al final fue un caso confirmado y lo internamos. Sin el seguimiento, hubiera salido a la calle y podría haber infectado a otros”, explica un funcionario sin dar detalles del paciente.
De las 1.306 personas evaluadas por estar en contacto con un caso confirmado, apenas 28 resultaron positivos. La estadística es buena pero nadie se anima a festejar por estas horas.
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