Al centro, de ambo colorado, Guillermina Peralta en la guardia del San Martín junto a sus compañeras de equipo.
Al centro, de ambo colorado, Guillermina Peralta en la guardia del San Martín junto a sus compañeras de equipo.

La semana pasada llegó un hombre –uno de cientos– al Hospital San Martín de La Plata con tos, cierta picazón y dolor en la garganta. Cuando cruzó la entrada se paró frente a la cabina especialmente diseñada para resguardar la salud de la recepcionista y de la enfermera que reciben y se presentó. Los síntomas que manifestaba lo convertían en un potencial portador del coronavirus (y paciente de riesgo), pero sus respuestas lo llevaron por otro camino.

“¿Tuvo contacto con alguna persona que haya regresado del exterior?”. Y la respuesta fue “no”. Si hubiera dicho que sí, se lo hubiera trasladado inmediatamente a la Sala 27 del hospital, donde reciben a los agudos.

Pero el hombre mintió, entonces realizó un recorrido totalmente inadecuado que puso en riesgo de contagio a muchos de los profesionales que lo atendieron y también a alguna persona que pudo haber cruzado en la espera”, explica Guillermina Peralta.

Guillermina es una de las miles de enfermeras que trabaja en la primera línea de atención (¿de batalla?) en el país, en su caso en el Hospital San Martín, uno de los más importantes de la ciudad de La Plata. También está dentro de las argentinas y argentinos que cambiaron su modo de vida desde la aparición del COVID-19. Aunque su rol es distinto. Todos los días, entre las 6 de la tarde y las 12 de la noche, Peralta se expone al contagio y a conductas como la de este hombre que ponen en riesgo a mucha gente: “Era un potencial infectado”.

“A nosotros nos cambió mucho la vida –se abre la enfermera que charla con Infobae–, sobre todo psicológicamente. Muchos estuvimos en el N1H, pero esto no se compara. Nos estamos preparando para lo peor. Entrás a trabajar y no sabés con lo que te vas a encontrar. Tenemos muchas sensaciones, por un lado la adrenalina del trabajo pero por otro tenemos miedo por nuestras familias. Pero le ponemos el pecho”, detalla con cierta incertidumbre por lo que puede pasar cerca de mayo cuando llegue el pico máximo de infectados.

El personal de salud se expone al contagio del virus en cada acción. Acá, la enfermera tomando sangre para un cultivo.
El personal de salud se expone al contagio del virus en cada acción. Acá, la enfermera tomando sangre para un cultivo.

Esto viene muy rápido”, sigue la enfermera que durante su horario de trabajo intercambia posiciones entre recepción y Triage con sus compañeros para reducir el riesgo. El Hospital San Martín de La Plata cuenta con 2500 trabajadores de la salud entre médicos, enfermeros, administrativos y personal de limpieza: “Pero esperamos que se refuerce la dotación para lo que se viene. Es lo que nos dijeron que iba a pasar”, apuesta Peralta.

En esa dirección, el San Martín se dividió en dos sectores para aislar a los casos de posibles contagios y apunta a tener 35 camas con respirador. La unidad de Terapia Intensiva cuenta con 15 camas. Y la famosa Sala 27 adonde dirigen los casos agudos tiene otras 7 con respirador. Y también preparan una sala denominada C con 19 lugares donde derivarían los casos positivos que no demanden respiradores. “Hoy por hoy, tenemos capacidad para recibir pacientes que necesiten respiración asistida”, apunta Peralta.

En los últimos días aparecieron los primeros casos de coronavirus en la ciudad de La Plata. Al cierre de esta nota contaban tres. Y desde entonces, se cambió el protocolo a la hora de recepcionar a un posible contagiado: “Al principio, todo paciente sospechoso se le hacía el hisopado y, si podía irse, se le avisaba a la policía y se retiraba a su domicilio a hacer la cuarentena. Pero ahora que ya habría contagios autóctonos y se perdió la línea de trazabilidad, el protocolo cambió: todo caso sospechoso queda internado. Si tuviéramos los análisis instantáneos se agilizarían mucho las cosas”, explica Guillermina.

"Quedate en casa", piden Guillermina Peralta, al centro, y las doctoras Luciana Quian y Lucía Irusta.

-Guillermina, ¿cuál es el mayor miedo en el día a día de trabajo?

-El miedo es no tener los elementos de trabajo para protegernos y contagiar a mis hijos. Somos profesionales de la salud y sabemos que eso puede pasar. En casa ya es difícil no abrazarnos ni besarnos cuando llego. Pero ya hice hincapié: si me llego a contagiar la cuarentena la voy a hacer lejos de Milagros y Matías, mis hijos. Ellos lloraron mucho, me pidieron que no fuera a trabajar, pero yo estudié para esto y ahora tenemos que servir más que nunca a la comunidad.

QUÉ SIENTEN LOS PROFESIONALES DE LA SALUD

“Todos los días, antes de volver a casa me saco el uniforme y lo meto en una bolsa. Cuando llego, me quito los zapatos en el patio y los rocío con alcohol. Después, sí, me meto en el baño a higienizarme. Y no te voy a mentir: muchas veces me quiebro. Nos pasa a todos: a mis compañeros y a mí. Es una descarga de angustia por la incertidumbre de no saber si estamos llevando al enemigo tan famoso a casa. Entonces me lavo las manos y, ahí sí, me seco las lágrimas. No queremos aplausos ni reconocimiento porque también sentimos cierta satisfacción por nuestro trabajo. Muchos se preguntan qué nos pasa, si tenemos angustias, miedos. Y la respuesta es una sola: Sí, tenemos miedo… pero le vamos a seguir poniendo el cuerpo”.

Así lo siente Guillermina que para poder cumplir con las necesidades de sus dos hijos, Milagros (19) y Matías (10), necesita dos trabajos. Igual que sus compañeras enfermeras, ante una pandemia sin precedentes, sabe que se juega la salud cada día de su vida. Y pareciera que eso no es retribuido a la altura de las circunstancias. Hoy, los enfermeros en la ciudad de La Plata ganan cerca de 30 mil pesos al mes. En el caso de que Guillermina quisiera –o debiera– cumplir horas extras, debería agregar un módulo de 6 horas a su trabajo diario, lo que le sumaría apenas $ 600 a su salario. Es por eso necesita dos trabajos.

Carlos Belluccio, uno de los trabajadores del San Martín, resguarda un cultivo.
Carlos Belluccio, uno de los trabajadores del San Martín, resguarda un cultivo.

Pero, más allá de la remuneración, la preocupación de muchos trabajadores de la salud es contar con todos los elementos necesarios para la protección. Infobae habló con otros profesionales de los hospitales Posadas, Fiorito y del propio San Martín de La Plata y todos coinciden: “Está comprobado que los médicos fueron uno de los factores de mayor contagio y transmisión en España e Italia. Necesitamos materiales de bioseguridad”, le dijo una doctora especializada en Familia a este medio. Guillermina aporta un dato más: “Hace dos días estábamos todos en la guardia con un solo alcohol en gel. Es un riesgo que no podemos tomar”.

De todas formas, la enfermera acepta que los materiales llegaron a su hospital, aunque quiere prevenir una posible falta ante la creciente de casos que llegará en las próximas semanas: “El domingo pasado recibimos 400 barbijos pero tenemos que asegurarnos que nos sigan proveyendo. ¿Cuánto pueden durar? No esperemos a que explote todo”.

Aunque los especialistas en epidemiología aseguran que se están haciendo los estudios en tiempo y forma (desde el doctor Pedro Cahn, presidente de la Fundación Huésped, hasta la ministra de Salud de la Ciudad de Buenos Aires Graciela Reybaud), Guillermina y otros tantos enfermeros y médicos que hablaron con Infobae insisten con los test rápidos: “A nosotras nos cambiaría mucho tener el hisopado rápido porque tendríamos resultados en dos o tres horas. Hace 5 días mandamos un caso sospechoso al Malbrán y todavía no recibimos el resultado. Está claro que están priorizando las zonas de mayor riesgo. Y hasta hora nosotros no éramos una de ellas. Aunque los casos empezaron a aparecer”.

El equipo del San Martín en acción: esterilizan, preparan sueros y ponen manos a la obra para combatir al coronavirus.
El equipo del San Martín en acción: esterilizan, preparan sueros y ponen manos a la obra para combatir al coronavirus.

“Todos mis pedidos son para que estemos bien preparados a la hora que llegue el pico máximo de infectados. Si caemos nosotros, se va a complicar mucho la atención”, aclara Peralta, que además reivindica el rol del Estado en la Salud: “El sistema de salud pública va a sostener esa situación. Tenemos un nivel increíble de profesionales”.

-¿Podrías marcar alguna situación que haya mejorado desde que se declaró la cuarentena?

-Sí, la gente tomó conciencia de no ir a la guardia por patologías crónicas o lesiones leves. Antes venían por un dolor de cabeza o un grano. Hoy la guardia del hospital público volvió a usarse sólo por emergencias.

-Sé que no alcanza, pero ¿qué sentís cada noche cuando escuchás los aplausos de la gente hacia el trabajo de ustedes?

-Sabemos que estamos expuestos y no pedimos que nos feliciten, pero la verdad es que esos aplausos son una caricia al alma. A veces se hace muy difícil estar acá, pero lo hacemos con mucha vocación y amor por nuestros pacientes.