“Nuestro hogar de 18 m2 tiene todo lo que necesitamos”, lo dicen sin dudar. Juan Manuel y Melina se mudaron hace tres años por elección a un micro departamento. Para muchos puede ser una decisión peculiar o inclusive un desafío, sin embargo ellos lo celebran.
Mientras algunos escapan a la costa o barrios cerrados en busca de refugio, en algunos casos violando la cuarentena obligatoria y preventiva, esta pareja domina como pocos el arte de la convivencia 24/7.
Tuvieron que cambiar sus hábitos, resignar privacidad y bienes materiales, pero aun así dan el ejemplo de responsabilidad social.
“La decisión de vivir en un depto de dimensiones chicas incluía los amenities (parrilla, pileta, sum y gimnasio) y una ubicación perfecta para ir al trabajo y acceder a la pista de ciclismo, esas cosas hoy no las podemos hacer, pero le buscamos la vuelta”, cuenta Juan con cierto optimismo.

Su departamento, en el sexto piso de un edificio de Palermo Soho, es un espacio único que concentra el comedor, la cocina y living que por la noche se convierte en dormitorio. Los otros cinco metros restantes son para el baño, sin bidet ni bañera y el balcón con una amplia vista a un frondoso pulmón de manzana.
Cada rincón del hogar fue milimétricamente diseñado para optimizar la funcionalidad. Resignaron una heladera estándar por una bajo mesada, tipo frigobar. Una cama tradicional por un rebatible. A lo largo del día y según la necesidad el microdepto va adoptando distintas aparencias. “Es parte de la rutina diaria, nos levantamos estiramos las sábanas y cerramos la cama, en dos segundos tenés el sofá”.
El lugar de guardado como alacena o para la ropa fue otro de los desafíos, aunque Juan ideó muebles con doble funcionalidad, hizo una pieza que va casi de punta a punta del ambiente hasta el cielorraso y, una mesa-desayunador... ahora escritorio.
Juan es arquitecto y Melina contadora, pueden desempeñar sus profesiones desde casa. “Desde que estamos haciendo home office la usamos de escritorio, después a la hora de comer vuelve a su función habitual".
Ambos encerrados en la casa tuvieron que reorganizar la rutina laboral. Trabajan juntos, muy juntos para ser exactos: a medio metro de distancia. Pusieron una mesa de luz y el desayunador pegados, las sillas de comedor, son las sillas de la oficina. “La medida de la cuarentena nos agarró de sorpresa y solo tenemos una notebook, entonces nos turnamos. Por ahora sin problemas”, coinciden.

En cuanto a las provisiones para estos días de encierro, también encontraron cómo hacerlo en un espacio mínimo. “Compramos más de lo habitual, pero no mucho más porque no entra. Priorizamos los productos secos no perecederos. La idea es no salir, pero tenemos la tranquilidad de que hay tres supermercados en una misma cuadra. Antes tal vez íbamos hacer las compras diariamente, hoy espaciamos las salidas lo máximo posible”, admite Melina.
¿Y cocinar un bife en 18 metros? “Lo evitamos... Igual tenemos un extractor potente. De última abrimos bien el ventanal para que se recambie el aire”.
-Discusiones, peleas... no hay otro ambiente para escaparse. ¿Cómo lo resuelven?
-No hay donde ir, pero estamos acostumbrados. Hace doce años que estamos casados. Ya sabemos que no tenemos otra habitación para descargar, y a esas reacciones igual no le encontramos una relación directa con el metraje. Las pautas de convivencia son independientes al espacio, nunca nos vamos a dormir enojados.
En el living-dormitorio tiene placard para la ropa personal y de cama. “Tenemos todo bien sectorizado, en el baño guardamos lo de limpieza. Inclusive tenemos un cubículo para las herramientas, le decimos la cochera.
-Nos encanta la vida al aire libre, tenemos dos bicis plegables en el balcón, en la cocherita guardamos todo lo que precisamos para mantenerlas.
-Todo suena en perfecto bajo control. Tiene que haber alguna desventaja
-El desafío más grande es la limpieza y el orden. Se limpia rápido, se ensucia más rápido. Si dejar algo fuera de su lugar o tirado queda a la vista y se nota mucho. A veces, lo vamos tapando en el placard, hasta que toca ponerlo prolijo. En pleno aislamiento habrá tiempo para hacerlo.

Para los próximos días dentro de casa, lejos de desesperarse por los posibles efectos del encierro, planean ordenar sus objetos, revisar, separar para donar cosas en desuso y, de ser necesario, reparar algo roto. “Por la locura del día día nunca está entre las prioridades y va quedando pendiente…”.
¡Por qué no aprovechar que el servicio metereológico anuncia buen tiempo? "De dos a cuatro esta ideal para estar disfrutando en balcón y tomar sol, lo vamos hacer tranquilos”.
Positivos y con templanza Melina y Juan, no dudan al reflexionar sobre la cuarentena: “Sabemos que se viene días largos, pero hay gente que está en peores condiciones. En casa tenemos todo lo que necesitamos”.
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