Saborea cada una de sus palabras. Inspira antes de pronunciarlas y en su exhalación evita todos los lugares comunes. Cuando termina una frase con la que parece sentirse a gusto, asiente levemente con su cabeza. Abel Pintos no ha superado su timidez pero sí ha ganado seguridad para afrontar sus miedos. “Tengo incertidumbres. No miedos. O, mejor: no tengo miedo a tener miedos. He avanzado”, le dice a Infobae con una pizca de orgullo.

Sabe que cuando hace más de 20 años le dio un cassette a Raúl Lavie (“el maestro que cambió mi vida”) mientras visitaba su natal Ingeniero White, fue bendecido por la fortuna de tener la chance de hacer lo que quería. Cuenta con naturalidad su compartir artístico con figuras como León Gieco, Mercedes Sosa y Víctor Heredia a los que les profesa una amorosa admiración reverencial. Cree que mucho aprendió de sus padres: “De Raúl, mi viejo, aprendí la capacidad de trabajar y que no se te caiga un anillo para hacer lo que hay que hacer. De Susana, mi mamá, permitirte llorar y emocionarte”, explica. Es, sin dudarlo, un hombre muy inteligente, al que da ganas de escuchar.

Abel Pintos va a hacer tres shows con una orquesta sinfónica los próximos 21, 22 y 23 de noviembre en el Movistar Arena para luego meterse a la vorágine de festivales, peñas y fiestas populares argentinas. “Son estos tres conciertos y luego, si los repetimos, será mucho más adelante”. Presenta Universos paralelos, su nueva creación que quizá lo defina en este momento creativo.

Con Infobae habla del país y la política (“cansado de la grieta. ¿No hay modo de mostrar las coincidencias antes que las disidencias?”, pregunta), de su vida personal (“Entiendo la lógica de interesarse por la vida privada: en cualquiera de nuestros pueblos, esto pasaba y pasa”) y de su deseo de ser papá: “Quiero se padre. Que es más que tener un hijo. Hasta me animaría a tenerlo solo aunque me gustaría mucho estar en pareja”, cuenta emocionado. “Aunque por ahora no estoy escribiendo a París”, dice divertido.

Aquí, la entrevista completa.

— ¿Cuánto de miedo por lo que se viene o cuánto de qué?

— No, de miedo nada, nunca tuve miedo de cantar digamos, ni de subirme al escenario ni nada por el estilo. Pero siempre sufro mucha ansiedad, que con los años aprendí por lo menos a que sea una procesión que va por dentro, yo no la exteriorizo, pero sí la experimento. Pero en este caso en particular tengo mucha incertidumbre. Hace muchos meses que vengo trabajando en este concierto sinfónico pero de momento hice como veinte ensayos en un estudio de grabación cantando sobre una pista demo que hicimos con los arreglos para ir conociendo el terreno. Canté, en los estudios ION grabamos dos canciones con la orquesta en vivo y fue hasta ahora lo más cercano. Pero la hora y media de concierto no la experimenté todavía, la semana que viene tenemos ensayos y ya va a ser la primera experiencia. Y además que el espectáculo es tan conceptual que también ligamos la escena a todo lo que pasa musicalmente. Entonces ese encuentro recién va a ser el día antes de la primera función. O sea, hasta ese momento es una incertidumbre absoluta.

— Que ya son tres las funciones, ¿no?

— Son tres funciones. Y van a ser únicas. Luego descanso diciembre, en enero comenzamos la gira de verano de festivales. En mayo, junio, si Dios quiere editamos un disco nuevo, vendrá su gira promocional y de conciertos. Así que si puedo retomar esto alguna vez ya va a ser dentro de algunos años.

— Antes que nos reten, porque están detrás todos los responsables de tu show, pasemos bien el chivo.

— Bien.

— Fecha cuándo de las tres funciones.

— 21, 22 y 23 de noviembre en Movistar Arena, quedan pocas localidades en accesofan.com. Otras páginas venden pero es reventa y le pido al público que no compre. Es “Universo paralelo, un concierto sinfónico”. Una hora y media de canciones de toda mi carrera en una versión sinfónica absoluta, no toca mi banda apoyada por una sinfónica sino que es un director de sinfónica hizo arreglos nuevos y me llevó a mí a reinventarme, a reinterpretarme también en todo mi repertorio. De eso se trata el concierto.

— Leo por ahí un poco tu historia y leo la anécdota de un cassette y Raúl Lavié. ¿Es?

— Sí.

— Contame.

— Eso fue, yo tenía 12 años y mis padres colaboraban con la organización de un teatro, del teatro de Ingeniero White, donde yo vivía. Y entonces, toda gente que trabajaba ad honorem, ¿no? Por mantener ese teatro de mucha historia y tal. Y cada vez que se hacía un evento musical de un artista nacional, digamos, que venía a visitarnos, yo trabajaba de che pibe, de lo que hiciera falta, con tal que me permitieran estar en la trastienda de los conciertos, ver cómo trabajaban, aprender, y si se podía conocerlos. Y fue Raúl Lavié, le hicieron un almuerzo con comida típica de puerto, todo esto de marisquería y todo esto, e hicieron una rueda de prensa y hubo un periodista de Bahía que le dijo que yo era el pollo de Bahía, que era el que cantaba ahí. Y él me vio muy chico y muy flaquito, petisito y tímido, y me preguntó si era cierto, le dije que sí. Me pidió que le haga escuchar algo, me fui a mi casa a buscar un casete, un demo, y lo escuchó en la sala del teatro con el sonido del teatro y me dijo que le gustaba mucho, que se lo iba a dar a un productor. Y efectivamente al otro día, cumpliendo con su palabra, se lo dio a Pity Iñurrigarro, el presidente de una productora muy famosa en ese momento que se llamaba Abraxas. Y Pity lo escuchó porque Raúl lo obligó a escucharlo estando presente para que no lo cajoneé, y entonces Pity me llamó a la otra semana que quería contratarme para su productora. Viajamos con mi familia a Buenos Aires, firmé contrato con él. Me consiguió un contrato con Sony Music, que es la casa con la que sigo trabajando después de 20 años, y de ahí, del contrato de Sony Music, nos fuimos a la casa de León Gieco que es el artista que Pity venía produciendo desde siempre. Y le propuso a León que sea el productor de mi primer álbum. León dijo que sí y a la semana siguiente, vamos contando, tres semanas, a la semana siguiente llega al teatro en Ingeniero White donde hacía tres semanas había empezado todo esto Oski Amante, Oscar Amante, un ingeniero de sonido muy querido por todo el mundo, que trabajaba en el estudio de León. Llega con un auto con el estudio de León cargado en el auto, la consola, los parlantes, los cables, todo. Lo instala en el teatro y en una semana grabamos mi disco a telón cerrado como si fuera un estudio. Al mes de todo esto, o sea a la cuarta semana, teníamos el disco terminado y ya fue enero del 98 León me presentó en Cosquín y ya no paré nunca más.

— Eso hace 20 años.

— Eso hace 20 años, sí. 21, el año pasado fueron los 20 años de esa noche en Cosquín.

— Y qué es eso mirado con 20 años de vejez que pasaron. ¿Es Dios? ¿Es el deseo profundo tuyo? ¿Es la casualidad?

— No lo sé, me parece que la magia está en no poder explicarlo, para no poder manipularlo. Habitualmente las cosas que explicamos después encontramos las formas de manipularlas.

— Las pervertimos.

— Sí. Así que no sé, yo creo mucho en Dios pero incluso así muchas veces también me pregunto eso, y no sé, no sé de qué se trata. Pero sí se trata seguro de un privilegio enorme.

— Yo siento que los artistas, te lo decía antes de empezar, son tipos extraordinarios, son mejores que nosotros los civiles. Son tipos que están armados, en la terminación los dotaron de algo que no sé qué cosa es que los hace mejores. En el caso particular tuyo siento que hay todavía un plus más, que sos un tipo inspirador. Yo veo a la gente que te sigue, la gente que te escucha, que se siente inspirada, no para ser artistas necesariamente, sino para ponerle garra al deseo. ¿Vos tomás nota de eso? ¿Te das cuenta de eso?

— Sí, me lo dicen mucho. En primer lugar, respecto de lo que vos decís, yo de los artistas no opino tan igual. Pero respecto de lo que me hace saber el público de lo que decís de la inspiración sí me lo dicen mucho. Yo no logro atribuirlo a que haya algo en mi forma de decir o hacer las cosas que pueda resultar así. Lo más inmediato para mí es que el público, o mucha gente, me conoce desde que soy chico y me conoce desde que arrancó toda esta historia que te conté antes y que les contaba antes. Entonces toda esa historia, ese sueño cumplido, ese niño que le dieron ese oportunidad, que un manager, que un artista, que un gran escenario, que todo lo que vino después, todo eso me parece que puede, sí me resulta que puede ser lo inspirador. Porque verdaderamente le sucedió a un niño cualquiera, ¿no? Entonces le puede suceder a un niño cualquiera como me sigue sucediendo a mí que soy un tipo cualquiera. Pero con la diferencia que hace 20 años que me dedico todos los días todo el día a hacer lo que hago. Entonces yo digo, ¿tengo capacidades determinadas para hacer lo que hago? Sí, por la experiencia que tengo. ¿Aprendí un montón de cosas? Sí, pero me quedan muchas más por aprender seguro. Ahora, ¿eso me convierte en un tipo especialmente capacitado de forma natural para hacerlo? Ya ahí no puedo asegurarlo. No podría decir que sea una cuestión que haya en mí. O sea, sí me parece que toda esa historia que viví puede resultar inspiradora sobre todo porque baja a tierra todo.

— Claro.

— Y hace saber que a cualquiera de nosotros nos puede suceder esa cadena de acontecimientos tan seguidos y tan maravillosos.

— Sí, a mí me parece que lo inspirador no es lo sobrenatural. O sea, sí lo sobrenatural genera admiración, pero lo inspirador es lo que supone que le pasa a un par que me emparenta con la posibilidad de. Después no sé si me pasa.

— Exacto. Bueno, en este caso lo más inspirador para mí, por ejemplo, es el gesto de Raúl Lavié. Que yo recuerdo al día de hoy, siempre digo, a mí Raúl Lavié me cambió la vida, no solo porque empezó esa cadena de sucesos, me cambió la vida porque a mí no se me borra la sensación en mi mente de la sensación que tuve yo con la vulnerabilidad de los 12 años o de los 13 años casi cumplidos, vulnerabilidad de cuando vos sos niño y le contás a alguien algo que es muy ambicioso para vos y se lo decís en serio y por el hecho de ser niño no sé hasta qué punto será serio piensa el otro, ¿no? Es un capricho, se le va a pasar. Desde esa vulnerabilidad recuerdo la mirada de Raúl escuchándome como si yo tuviera su misma edad, su mismo camino recorrido en la vida, sus mismos conceptos de responsabilidad, de seriedad. Eso me cambió la vida a mí. Todo lo demás por supuesto, pero tal vez todo lo demás hubiese sucedido igual, a lo mejor. Pero lo que puede que no hubiese sucedido igual es que yo todo ese camino lo haya recorrido como lo hice con aquella impresión, con la de cuando alguien te habla escuchalo. No hace falta que después hagas algo por el otro necesariamente. Si podés golazo, pero si no podés, que muchas veces no podés, ok, pero arranca por lo más importante, escuchalo con lo que te dice y hacelo sentir que lo estás considerando.

— ¿Y hoy, 21 años más tarde, Raúl Lavié es para vos qué?

— Eso, el tipo que me cambió la vida.

— El que te miró atentamente.

— Sí, el que me enseñó lo que es darle atención a alguien. Darle atención. Fue muy fuerte para mí, porque además no se me borró nunca, no caí en la cuenta de eso mucho tiempo después. A partir de eso yo pude empezar a pedir atención a decir dame bola con lo que te estoy diciendo cuando necesito transferir algo a alguien.

— Y qué te pasa a la hora de prestar atención. Porque hoy vos estás en el lugar del Negro, rosarino de paso, no te voy a dejar de pasar chivos obviamente, pero estás en el lugar de mirar con atención y de escuchar con atención.

— Sí. Bueno, lo valoré desde mí y por supuesto lo valoré, aprendí a ponerlo en valor hacia el otro. Entonces eso también me enseñó a prestar atención cuando el otro te habla. Después con el tiempo tuve que aprender a que prestar atención no sugiere que vos tengas que hacer lo que le va a cambiar la vida al otro como además sucedió con Raúl, ¿no? Entonces no te cargas de una responsabilidad de esa que te genera culpa porque uh, yo tendría que haber hecho tal ¿no? Con el paso aprendí a quitarle todo y darme cuenta que lo importante es prestar atención. Que después, si vos podés hacer algo, lo vas a hacer si lo deseas. Entonces sí aprendí también eso. Y se lo sigo diciendo al día de hoy a él cuando nos vemos. Siempre le digo dando las gracias por esa enseñanza.

— Discutamos una cosa que te dejé pasar pero que hasta ahora, que no voy a coincidir, que sos un tipo normal, un tipo común dijiste. Está claro que no.

— Bueno, en realidad a la raíz o a la cuestión filosófica viste, todos somos una cuestión única y bla. No sé si me hago más fuerte, pero estoy más en la búsqueda o me intereso o pongo más mi atención en todas las cosas que sé que no sé que en las que aprendí. Las que aprendí a mí no me generan una sensación de yo sé un montón. Como sí me genera hambre lo que no conocí todavía. Y estoy hablando de la actividad que hago todos los días eh, del canto, de la música, no de la filosofía del universo, la existencia y todo. Porque ahí, bueno, me vuelvo loco. No, lo limito, lo limito a mi actividad, ¿verdad? En mi actividad yo con lo que he aprendido sé lo que puedo hacer. Pero no me hace sentir especial, me hace sentir hambriento todo lo que sé que todavía tengo que aprender, o que me gustaría aprender.

— Es también un arma de doble filo, ¿no? Porque es un vértigo tomar nota de que va a ser imposible que puedas aprender todo lo que hay por aprender.

— Sí.

— A mí me pasa esto en una librería, a mí me gusta visitar librerías. Cuando digo todo lo que no voy a leer.

— Bienvenido al club (risas).

— Pero viste que decís “Uy, todo lo que no voy a poder leer”. Es horrible eso. Bueno, te debe pasar un poco, todo lo que me queda por ver que no sé si voy a llegar.

— Me pasa con los libros pero no me pasa con la música. Porque en el caso de lo que hablaba de lo que tengo que aprender de la música soy un poco más pragmático, o más práctico. Sé las cosas que me faltan aprender de las que me gustarían aprender para lograr determinado objetivo.

— Y a ver, qué.

— Hace poco cuando en medio de todo esto del “Universo paralelo” y del concierto sinfónico, cuando arranqué con esta idea, al primer tipo al que fui fue a Guillo Espel. Guillo Espel es el autor y compositor de las versiones sinfónicas, va a dirigir la orquesta, y además diseñó la orquesta, porque la orquesta no corresponde ni a un teatro ni a un organismo, es una orquesta formada por distintas secciones, de cuerdas, de viento, de percusión, de distintas orquestas. Y cuando lo vi trabajar, porque fui cada día al estudio ahí con Guillo, fue increíble para mí, yo sabía que se hacía así, pero nunca lo había visto a él con una partitura escribiendo la música, escribiendo todos los instrumentos, líneas melódicas, pero escribiéndolas sin estar escuchando la música. Y esa lectura, esa forma de leer, dije claro, esto es increíble. Entonces a la cuarta reunión le dije a Guillo si cuando todo esto pasara no empezaba a formarme para ojalá en algún momento yo pudiera hacer eso y pudiera dirigir una formación orquestal también.

— Un director de orquesta sinfónica.

— Sí, y además me hace ilusión en el cine, cuando se compone música para cine hay que tener mucho conocimiento musical, además de intuición o sensibilidad, llamalo creatividad. Y yo llevo 24 años de carrera de 21 años de pura intuición y pura idea y creatividad. Llega un momento en el que necesitas las herramientas, por algo existen técnicas.

— Claro.

— Entonces empecé a estudiar música.

— Yo escuché “Universo paralelo” y me vino a la memoria, a propósito de libros, viste los universos paralelos de Bioy Casares que hay un cuento hermoso que un aviador sale a hacer piruetas, viste los que hacen loop con el avión, y en una de estas vuelve y aterriza y ve que el aeropuerto tiene sutiles diferencias, que la palabra pronunciación en vez de tener el acento como circunflejo lo tiene para el otro lado. Ve a su casa y ver a su esposa, que es la misma esposa pero ve pequeñas diferencias. Y al día siguiente vuelve a hacer otro y entonces se da cuenta que hay millones de universos paralelos pegados casi idénticos y dice pero cuál es el verdadero. ¿Y cuál es tu verdadero mundo?

Mi verdadero mundo es la música como idioma. Porque cuando yo empecé a hacer música, o empecé a cantar en realidad, fue muchos años después de escuchar a Mercedes, a Mercedes Sosa, y sentir cómo me gustaría cantar. Pero en realidad me di cuenta un día la primera vez que entendí que estaba llorando de emoción. Y que llorar de emoción me aliviaba, me hacía sentir menos tensión. O más liviano por lo menos. Entonces ahí empecé a advertir que a mí me costaba hablar de ciertas cosas pero que cuando escuchaba canciones que yo sentía que estaban hablando de eso lloraba de emoción y me sentía mejor. Entonces empecé a cantar las canciones que yo sentía que decían mi estado de ánimo. Entonces cuando yo quería contarles a mis padres qué tipo de miedo y por qué sentía miedo de determinada situación o símbolo le cantaba alguna canción que a mí me provocara ese miedo. Y traigo el ejemplo del miedo porque es literal, yo escuchaba “Sueño con serpientes” y claro, lo que yo veía como un niño no era toda la metáfora social y política de una América, lo que yo veía era una serpiente comiéndose a un tipo. No podía ni imaginar que existiera una situación peor, más terrorífica. Entonces cuando yo sentía miedo les cantaba esa canción a mis padres esperando que mis padres sean capaces de interpretar qué me estaba pasando a mí (risas).

— Qué le pasa, claro.

— Entonces mi mundo es la música como idioma. Porque al día de hoy me sigue funcionando de la misma forma. Tengo, he superado mucho las limitaciones de la timidez, aunque sigo siendo tímido, pero las limitaciones. Como lo que te hablaba antes de la ansiedad. Leer me ha dado muchísimo vocabulario, muchas formas de poder expresar las cosas. Pero aún así a veces cuando siento no poder ser tan claro en una idea lo busco primero por la música. Y ahí me doy cuenta de que me encuentro. Entonces seguramente esa sea mi mundo. Más que el hecho de trabajar de artista y de vivir de artista y de cantante. Más que eso. Porque cuando yo era niño y le dije a mi papá y a mi mamá que yo quería cantar toda mi vida todos los días íbamos por una calle empedrada donde de un lado había, en Ingeniero White, que como en casi toda ciudad portuaria había de un lado, en la vereda derecha estaban todas las cantinas familiares y del lado izquierdo, que a la noche tenían música, y todo ese bochinche terminaba a la una de la mañana. Y cuando terminaba éste se despertaba la otra vereda que eran los cabarets, donde había también música en vivo, sobre todo cantores de tango y de boliche, ¿no? E íbamos por ahí cuando yo les dije que yo quería cantar toda mi vida y les dije yo no sé en qué vereda voy a terminar cantando pero voy a terminar cantando seguro.

— Claro.

— Claro, yo quiero cantar, después si me puedo dedicar a esto. Yo no pensaba si iba a ganar plata o no. Tenía 11 años. Ser cantante o ser superhéroe es igual de probable para un chico de 11 años.

— Vos decís cuando yo quería ser Batman en realidad vos… Obvio.

— (Risas) Exactamente.

— ¿Y hoy a qué le tenés miedo, qué te cuesta expresar si no es con canciones?

— No sé, hoy justamente estoy en una etapa en la que la cuestión del miedo la empiezo a tomar como algo bastante relativo digamos. He empezado como a desmitificar el tema del miedo, de mis miedos ¿no? Por decirte un ejemplo, si siempre le tuve miedo a una picadura mortal o peligrosa de X animal hoy estoy más, bueno, pero por ahí tengo la camioneta cerca y me llevan hasta un hospital. Entendiendo que el miedo también tiene una bajada a tierra digamos. También se puede desmitificar un poco o se puede intentar hacerlo. Tal vez como excusa, tal vez sea una escapatoria psicológica. No me importa, me funciona así y es en lo que estoy. Entonces hoy en día me costaría decirte a qué le tengo miedo literalmente. Pero sí tengo miedos y cuando me abordan por lo menos ahora no tengo miedo al miedo. Ahora ya no me molesta sentir miedo. Tuve conflictos con el miedo, cuando sentía miedo me aplastaba, me presionaba ese miedo. Hoy tengo miedo, puedo seguir haciendo otras cosas en el día con miedo pero ya no me evita continuar con el...

— ¿Estás psicoanalizado?

— No, no estoy psicoanalizado, pero me gustaría.

— Siempre es momento, eh.

— Sí, me gusta el psicoanálisis. Me parece muy interesante.

— Nada, yo jamás doy consejos porque me parece una petulancia, pero a mí me vino viejo, tengo 55, arranqué a los 48, así que te espera.

— No, no, incluso hice terapia en algún momento siendo preadolescente. Y me funcionó súper bien, por lo menos en lo que yo necesitaba aliviar en ese momento y que necesitaba… En ese momento necesitaba sacar mucho, ¿no? Tenía mucha data porque en poquito tiempo me pasó mucha cosa.

— ¿Puedo preguntar qué?

— Claro, es todo lo que te conté antes.

— Ah, Lavié, el cassette, el estudio, que venga.

— Mira, te lo pongo con un ejemplo claro. Yo trabajaba en los veranos en la verdulería de un amigo de la familia que tenía carnicería, verdulería y despensa en un mismo local. Yo trabajaba en la verdulería. Trabajaba por pasar el verano ahí, no por ganar dinero. Tenía 13 años. Cuando me dicen que voy a ir a Cosquín con León, yo iba a cantar el 25 de enero del 98. El 20 de enero le digo a este amigo de la familia, Pocho, le digo: ”Pocho, voy a cantar a Cosquín”. Bueno, la emoción de Pocho impresionante, y le digo: “Escuchame, no voy a venir desde el 23 hasta el 27, pero el 27 vuelvo”. Porque él siempre cuando yo no iba esos veranos llamaba a otro colaborador. “Así que llamalo pero el 27 vuelvo”. Me fui el 25, canté en Cosquín y no volví hasta cuatro meses después, porque la gira comenzó inmediatamente. En ese momento cuando vos cantabas en Cosquín, calculo que hoy será igual, pero en aquel momento, no había internet, la televisación de Cosquín tenía una atención enorme de parte de los festivales que venían post Cosquín. Y los festivales miraban Cosquín para ver a quién le iba bien lo llamaban y lo contrataban. Entonces al otro día teníamos una agenda de cincuenta conciertos, no volví hasta cuatro meses después.

— Qué fuerte.

— Cuando tuve una semana de que eso paró…

— Escuchá, Pocho, no estoy yendo, sabé que no estoy yendo.

— No estaría yendo (risas).

— Buscate otro. Cómo te llevás de ser un tipo exitoso, merecidamente exitoso, con reconocimiento personal y económico en un país como la Argentina de tanta crisis.

— Bueno, es un país donde uno tiene que en todos los órdenes, incluso en el orden que me toca desarrollar mi trabajo, todos tenemos que estar buscándole al vuelta siempre. Es como una condición, ¿no? Como que no hay, van variando tanto las cosas, por lo menos por ciclos, ¿no? A veces pasan algunos años que pareciera haber como cierta estabilidad en ciertas cosas mientras que otras empiezan a moverse. Es un país muy dinámico en ese sentido, ¿no? Lamentablemente esa dinámica suele ser por cómo nos vamos viendo afectados, ¿verdad? Y no porque sea una dinámica únicamente productiva que sería genial. Entonces todos estamos, todos en todos los órdenes, como buscándole la vuelta siempre. Y aun cuando te está yendo bien en lo que estás haciendo, que decís bueno, puedo hacer lo que estoy haciendo, pero uno siempre está como buscando, ¿no? Buscando la vuelta para generar planes B. Siempre tenés que tener un plan B. Y si la cosa de acá a un mes cambia. Y si… Y bueno, tratar de ver la parte en la que uno puede hacer algo nos lleva también a ser muy creativos. Entonces, en un trabajo que necesita y que se alimenta de la creatividad es bueno ser creativo, pero no hay que dejar de serlo en ningún momento.

— Me mencionaste a Mercedes, a León, gente que se comprometió mucho, lo que hoy llamaríamos artistas militantes, palabra fea, pero la resumo para que tengamos claro de qué hablamos. ¿Te seduce, en algún momento pensaste, no, te quedas afuera? Este proceso electoral cómo lo viviste.

— Mira, a mí me parece que hay un poco una diferencia entre toda la generación de León, de Mercedes, de Víctor. Creo que eran músicos militantes de ideas y no tanto así de partidos, ¿no? Como de cosa ideológica.

— Pensemos el contexto también, las dictaduras, había que pelear por…

— Por supuesto. Está bien, claro, pero eso entonces era más la idea de “yo soy de tal y si vos sos de aquel tal cosa", ¿no? Era como más de idea. De “yo voto a esto y vos votás a aquel pero este derecho humano no se toca, no importa si con este o con aquel”. Era como más de eso. Entonces ahí está la diferencia. Me parece a mí que hay una diferencia muy grande, ¿no? Pero también son artistas que eligieron hablar de todo lo que piensan como de forma bien literal. Como otro montón de artistas han elegido una forma menos literal pero sin perder de vista que los artistas siempre están expresando, que el arte es el medio de la expresión del pensamiento y del sentimiento humano. Yo por algún motivo, y aun habiéndome criado al lado de todos ellos, naturalmente elegí esta otra corriente. Porque además a mí me cuesta ser literal a la hora de hablar. A mí me gusta mucho usar metáforas cuando hablo y cuando expreso deseos o ideas u opiniones o lo que sea. Entonces naturalmente fui como hacia ese lugar. Y además estando tanto tiempo con ellos de gira también es como que, viste cuando vos admiras tanto a alguien pero te vas a dedicar a lo que él seguramente elijas otra forma porque digas esta forma no hay más nada que decir.

— Dijeron todo lo que hay. Quebraron el molde, claro.

— Sí, eso me pasó siempre.

— Y qué es la grieta para vos.

— Perdón, y me hiciste también la otra pregunta, una segunda pregunta, que fue cómo viví el proceso electoral. Cada proceso electoral lo vivo con mucha expectativa viste. A mí lo que me preocupa de los procesos electorales es que siento cada vez más el apunte con el dedo de unos a otros que la propuesta a los que estamos esperando una propuesta. Eso me desconcierta un poco más que me preocupa. Porque entonces a la hora de querer escuchar, porque todos nos preguntamos: bueno, de tal situación que nos tiene a todos preocupados, ¿cómo pensamos movernos?

— Qué tenés para decir, claro.

— De esa situación yo lo que más escucho es la culpa fue de él, la culpa fue de él, que, a ver, la culpa fue de él entonces yo propongo que hagamos esto. Después que eso que Luis propuso lo logró o no lo logró lo discutimos después, pero yo necesito primeramente que me lo propongas. Entonces eso a mí más que me preocupa me llama mucho la atención.

— Yo te voto quiero decir. eh.

— Eso me llama mucho la atención, sabés.

— Y la cosa también estereotipada, cómo vivís la grieta.

— Mira, la grieta creo que tiene hoy un símbolo muy grande en lo político pero me parece que no es una cuestión exclusiva de la política. Me parece que hoy todos, no sé si la humanidad completa porque no sé cómo será en otros países, pero por lo menos en nuestro país, o diría incluso en América, las sociedades están creciendo mucho, estamos madurando mucho, estamos todavía aprendiendo a reclamar nuestros derechos. Entonces en ese camino de aprender a reclamar nuestros derechos tenemos distintas formas de reclamar los derechos. Y ahí se empiezan a armar como bandos viste. Y me parece que la grieta está en muchas cosas, pero que no es, bueno, tiene grieta por este título, pero en realidad es la dificultad de poder opinar distinto pero encontrarnos en un trabajo en común, ¿no? Y que al final lo que me resulta más curioso es que vos opinás de una manera y yo opino de otra y pareciera que hasta discutimos y hasta nos peleamos, porque hoy está así de sensible la cosa muchas veces, porque suponemos que yo no puedo trabajar con vos pensando así. Y sin embargo al otro día hacemos los dos lo mismo que es salir a trabajar. Entonces sí existe un punto en común viste.

— Total.

— Pero bueno.

— Viniendo para acá veía un reportaje que le hacían, escuchaba un reportaje que le hacían a María Betania, artista por la que yo tengo una especial admiración, y le preguntaban para qué el arte. Y ella hace un largo silencio y dijo: “El arte es porque con la vida no alcanza”. Y me pareció una frase, me parecía casi como un mensaje que decía anda por ahí, cuando lo ves a Abel vas y le decís esto.

— Qué espectacular.

— ¿Con la vida no alcanza?

— Y, probablemente a nuestra… A mí siempre me resultó muy espectacular y hasta muy espectacularmente por momentos como impotente, me da un poco de impotencia, este conocimiento de que del cerebro se utiliza no sé qué porción, qué porcentaje.

— Poquito.

— Pero muy poquito. Eso seguro. Entonces para ese poquitito desde donde vemos las cosas seguramente no alcance. Y cuando dijiste eso inmediatamente pensé en la fe. Porque muchas veces me preguntan qué es la fe para vos, y yo digo que para mí la fe es un lugar donde hacer pie, no es un dogma ni una doctrina ni una corriente de pensamiento. Es un lugar donde hacer pie para mí. Así funciona para mí la fe. Cuando yo no puedo hacer pie en un lugar lo dejo en eso que considero que es la fe que es la no explicación pero la confianza plena digamos, ¿no? Pero ahora que dijiste eso lo vas a sumar como herramienta, porque tal vez la fe lo sea porque con la vida no alcanza.

— Con la vida no alcanza. Cuando me contaban que hacía esta nota, cosa que me gustó mucho, los editores me dijeron preguntale tal cosa, cosa que no haré, salvo que vos quieras contarlo. Pero digo, esta historia de ser el tipo corriente a mí en lo personal me hincha un montón y no tengo ni por casualidad la notoriedad tuya. Esta cosa de tener que contar algo que forma parte de tu vida y demás. Cómo te llevás con eso, la notoriedad no querida.

— Yo nací y me crié en una ciudad en la que está nutrida de mucha gente de pueblo, o sea que hay muchas costumbres de pueblo todavía, ¿no? Y eso es muy de pueblo. Así que para mí es natural. ¿Cómo lo manejo? Con naturalidad. Esa curiosidad existe en todos los barrios.

— ¿Pero te la bancás?

— Sí, sí. Fue para mí todo un proceso. Primero fue para mí todo un proceso ir aceptando los distintos cambios de mis contextos respecto de mi popularidad creciente. Eso fue el primer paso. El segundo paso, una vez que dije ah, está, está, mi popularidad está creciendo y parece que va a crecer mucho más, o que hay posibilidades que crezca mucho más. Cuando ya me acomodé en esa idea después empezó a costarme acomodarme a todos los códigos de esa idea. Y como justamente yo me considero, como te decía antes, un tipo que se dedica a hacer música, entonces me costó empezar a entender el concepto, por ejemplo, que otras personas se puedan interesar tanto en lo que yo haga o deje de hacer, diga o deje de decir. Pero eso se juntó a que yo siempre fui un tipo muy reservado en órdenes generales, incluso dentro de mi familia. Ese proceso ya lo pasé también, entonces por momentos me incomodaba más porque no lo entendía que por otra cosa, pero ahora estoy en un momento en el que además de que ya no me incomoda no me incomoda porque lo entiendo. Entiendo que existe una atención y una curiosidad muy grande por la popularidad que ha cobrado mi carrera, pero además también porque a eso se le suma que yo soy un tipo muy reservado.

— Claro, una combinación fatal.

— Claro. Y aunque hoy no me moleste, hoy no me molesta contar o responder a determinadas preguntas, pero si después de responder algo quieren más y yo no quiero dar más es una elección mía. Ahora, ¿por qué lo manejo con naturalidad? Vuelvo a lo que te decía, porque hoy que lo veo desde este lugar digo pero claro, si eso pasa en cualquier barrio. En cualquier barrio pasa.

— O en cualquier pueblo.

— O en cualquier pueblo. Todos queremos saber por qué se separó el tipo de la esquina.

— Es verdad.

— O si es cierto que se separó como me dijo aquel. Es un cosa… Hay un libro muy interesante que habla al respecto que es Homo Deus o algo así.

— Sí, el de Harari.

— Cuando yo empecé a leer ese libro y el tipo en las primeras páginas, sin querer spoilear a nadie, pero porque aparte es mucho más complejo, en las primeras páginas el tipo dice que la diferencia real entre el homo no sé cuánto y el homo sapiens es cuando empiezan a hablar del otro.

— Imaginate.

— El cotilleo. Qué fuerte.

— Como yo so un dinosaurio, soy un antiguo, a mí me gustan las fiestas, Pampita no me invitó. ¿Te vas a casar o no al final?

— (Risas) No.

— ¿No?

— Tal vez alguna vez. Pero eso lo dijo alguna persona con ganas de decir algo y se ve que sin mucho qué decir…

— Armá algo. No está previsto, o sea, no tengo fiesta de casamiento tuya pronto.

— No.

— Pampita no me invitó, estoy frito. No tengo a la vista…

— (Risas). ¿Pero ya se casó Pampita?

— Está por casarse ahora.

— ¿Pero ya se casó? No.

— No.

— Ah bueno, entonces estás a tiempo, se puede hacer algo. Vamos a tratar de darte una mano.

— ¿Pero sos dinosaurio como yo que el matrimonio es una expectativa, es algo en la vida, o no?

— Yo tengo expectativas de casarme alguna vez, de tener un matrimonio, porque me parece que el hombre, y sin ir tan lejos yo por lo menos, yo como persona, yo soy un hombre de símbolos, le doy mucha bolilla a los símbolos que voy tomando en mi vida que me significan cosas. Y me parece que el amor va teniendo muchos símbolos, ¿no? Y entre ellos el casamiento me parece un símbolo, no me parece que sea más nada que eso. Y después que el casamiento sigue teniendo, independientemente de la religión de cada uno, sigue teniendo una cosa ritual, ¿no?

— Sí, claro.

— Y el ritual siempre, más allá de lo estructurado que sea ese ritual o no, el ritual siempre es como la bajada mística de las cosas. Y entonces…

— Es un hermoso rito.

— Claro. Entonces a mí me gusta eso, a mí me parece algo lindo, me parece que sería una etapa dentro de un amor a vivir, a lograrlo.

— Qué decís, hago cuánto más o menos para que me invites al casamiento.

— No, no tengo idea. No.

— No, ni idea. A mí me parece que está muy bueno eso que decís del rito. Yo defiendo el rito, defiendo la forma, defiendo esa ceremonia y esa suerte de compromiso que ya se tiene de antes con tu pareja pero que vos decís hacer público, compartirlo con la gente que querés. Me parece un gesto…

— Pero además porque el compromiso de uno con alguien como de uno con las cosas que hace por ejemplo es constante y necesita de esos símbolos. Entonces es lindo. Bueno, hoy está el símbolo con el que yo te demuestro que continuo acá, continuo presente, continuo constante. Pero no basta con eso, más adelante quiero demostrarlo de otra manera. Porque no perdamos de vista que más allá de todo y del transcurrir de la vida yo sigo acá constante y presente digamos en esta idea, no la perdí de vista. A lo mejor ahora esto mirando para otro lado pero esto continua acá. Y eso me parece lindo de parte de las personas.

— O sea, temporada 2019/2020 laburo con Pampita, la busco a Pampita, o sea, con vos no cuento.

— No, no.

— Que tipo embromado.

— Qué tipo jodido.

— Qué tipo embromado. ¿Papá y mamá viven?

— Sí.

— ¿Y qué aprendiste de, cómo se llama tu madre?

— Susana.

— Qué aprendiste de Susana.

— Mi mamá siempre fue muy sensiblona. Muy de demostrar sus sentimientos. Y probablemente yo haya llorado de emoción tan temprano en la vida porque mi mamá siempre fue muy de llorar, de lagrimear de emoción. Y a mí me gusta haber aprendido a llorar de emoción. Nunca me lo evité. He sido hasta criticado, cómo puede ser que llore todos los conciertos. Y qué querés que le haga. No lloro todos los conciertos pero sí lloro muy seguido en escena, me sensibiliza mucho. Y bueno, qué sé yo, si vos pensás que es puesta en escena está perfecto, pero a mí dejame vivir mi emoción tranquilo. Eso lo aprendí de mi madre, darse la oportunidad de demostrar lo que uno siente.

— ¿Y del viejo? Cómo se llama tu padre.

— Raúl.

— Y de Raúl qué aprendiste.

— Y mi papá siempre trabajó mucho, de muchas cosas distintas. Porque siempre tuvo mucho respeto respecto a esto, respecto al trabajo como arte, como actividad, como algo necesario. Entonces esto de no se me cae un anillo por ir a trabajar a una obra en construcción aunque haya sido asistente principal de un bufete de abogados durante tanto tiempo, esa sensación, ¿no? Bueno, esta etapa fue de trabajo pero se terminó. Pero yo tengo y quiero trabajar. Y de producir, ¿no? Como de mandarse, siempre fue un tipo muy mandado a producir sus propias ideas de trabajo. Crear una empresa de esto, una empresa de aquello. Y está buenísimo eso, a mí me gustó. Anduvo mucho en la calle también, tuvo muchos trabajos de ir caminando y golpear la puerta y venderte un producto y pedirte veinte minutos. Y esa cosa del mano a mano en mi carrera está muy presente.

— Y de vos qué aprendiste.

— Probablemente la paciencia conmigo mismo. Porque me reconozco un tipo muy paciente. Porque me reconozco, sobre todo, un tipo que tiene muchas actitudes que hasta una persona paciente puede hacer salir de su control (risas). Entonces primero reconocí eso y después dije ok, para todo eso necesito ser un tipo paciente. Soy un tipo paciente conmigo, paciente con mis emociones, con las cosas que me pasan. Por eso lo que te explicaba antes del miedo, no busco, no evito las sensaciones que no nos gustan, porque así es fácil, ¿no? Es fácil dar las gracias a Dios por tal milagro pero después decir me cago en Dios porque algo no te salió como vos querías. Claro, es fácil: en las buenas es un capo y en las malas no está, no existe. Lo mismo con uno. A mí me gustan todas las sensaciones que me gustan, pero las que no me gustan y me incomodan no las evito, no busco evitarlas. Cuando me abordan las abrazo, les presto atención. Es incómodo estar una semana triste, o un mes, dos meses, seis meses triste, pero me copa permitírmelo.

— Quizás la incomodidad sea más creativa que la comodidad, ¿no?

— Eso seguro, porque estás buscando la salida.

— En la comodidad uno se aferra a lo que está.

— Sí. Nunca buscamos la salida de la comodidad (risas). Después decimos que nos gusta salir de la zona de confort. Yo no sé si nos gusta, a mí por lo menos no sé si me gusta salir de la zona de confort. Resulta que soy un tipo curioso y que no tiene inconvenientes de explorar -aún sintiéndose cómodo en un lugar- otras oportunidades. Y hay que ser paciente cuando algo te da miedo, hay que ser paciente para permitirse tener miedo.

— Está bueno. Bueno, repasemos, concierto sinfónico por primera vez de Abel con una, ¿cuántos músicos la orquesta?

— Más de cincuenta.

— Ah, lindo momento.

— Sí, sí, está muy bien. Está muy bien para aprenderse los nombres, ¿viste?

— Claro, quiero agradecerle a. Repasemos lugar y fecha.

— 21, 22 y 23 de noviembre en el Movistar Arena. El Movistar Arena está en Villa Crespo, es un lugar que se acaba de inaugurar. Las entradas quienes quieran conseguir quedan pocas pero quedan en todos los sectores del 22 y el 23 y las pueden conseguir en accesofan.com.

— Solo ahí.

— Solo ahí. El resto de las páginas es reventa, te van a engañar.

— Bueno, voy a terminar salvo que, ¿hay algo que no te pregunte que te hubiera gustado que te preguntara?

— No, me encantó el reportaje.

— Yo esta última pregunta siempre la hago y me dicen “che, cómo vas a decir eso”, y por ahí el tipo quería venir y decirme acá soy hincha fanático de tal cosa y no lo dijo. Es ahora o callas para siempre, por lo menos en esta primera vez.

— No, no, no hay ningún problema.

— Voy a terminar con dos cosas, una bien cursi. Escribís, asumo que en Ingeniero White plantaste un árbol, ¿el deseo del hijo está?

— Sí. Sí, me encantaría ser padre alguna vez.

— ¿Lo sentís como un deseo general o como concreto? Te imaginás malcriando, llevando al río a pescar...

— Sí, en lo concreto. Soy de los tipos que teoriza todo el tiempo.

— Qué bueno, qué bueno. Y lo otro es, yo comencé diciéndote y lo sostengo después de haber charlado todo este largo rato que te agradezco…

— Perdón, quiero decir una cosa más al respecto de lo anterior. No solo deseo tener un hijo, también deseo ser padre.

— Que no es lo mismo.

— Por eso teorizo tanto.

— ¿Y ser padre es?

— Bueno, es el rol que vos vas a asumir en la vida de esa persona. Teorizo mucho sobre lo mucho que creo que me va a gustar, el miedo que puedo llegar a tener de hasta dónde tengo que influir y hasta dónde no. Y además porque tener un hijo, concebir un hijo, sí lo considero un regalo, cada uno dirá de qué, de la vida, de Dios, de la naturaleza. Pero si acaso me tocara no experimentarlo de esa forma buscaría la manera de no evitarme llegar a ser padre.

— Ahí no te seguí.

— Claro, porque para mí tener un hijo y por ejemplo adoptar un hijo tienen el mismo nivel de naturalidad para mí.

— Y cómo te llevás con los procedimientos nuevos de generar paternidad, suborogación de vientre o tantos otros procesos que hay ahora.

— Yo considero que si llegamos ahí es porque una o muchas personas lo necesitaron. Entonces me parece que está bueno. Sí, porque es generar vida. Después hay un montón de cosas a tener en cuenta, desde ya, ¿no? Pero por mí está bien.

— ¿Pero padre solo te animas?

— Sí, me animaría. Sí por cómo veo. Me gustaría mucho más que sea con alguien. Pero me emociona cuando veo, porque sí, porque he estado muy en contacto con historias de madres solteras o padres solteros y entonces entiendo que ser padre es distinto de tener un hijo. Por eso me gustaría alguna vez tener un hijo porque me gustaría ser padre.

— Andá a contarle a otro que sos miedoso. Porque poder concebirte, ojalá que sea con tu pareja que ames, etcétera, concebirte padre solo supone una valentía, y te lo digo, un amigo reciente, Iván, que es papá solo yo no paro de decirle todo el tiempo que para mí es un héroe. Se le animó solo, tiene una hija, que es Sofi, que es una maravilla, y me produce… Así que andá a contarle a otro que sos miedoso.

— No, no, soy miedoso. Valga la aclaración, no tengo miedo de tener miedo. Logré eliminar el intermediario, que me parece el más jodido de los dos.

— Ahí está, muy bueno. Usemos la frase del pueblo, del barrio, que yo también vengo de una ciudad, de un barrio, las señoras te decían respecto de ser padre “¿Estás escribiendo a París, nene?”. ¿Estás escribiendo?

— (Risas) No, no estoy escribiendo.

— No tengo casamiento, no puedo celebrar la paternidad. Entregame un motivo de fiesta de alguna cosa.

— Bueno, venite a los conciertos que van a ser una fiesta.

— Te juro que voy a ir. Cierro con esto que te quería decir, te empecé diciendo que siento que sos un tipo inspirador. Y verdad que sí, charlar con esta serenidad no mansa que vos tenés, porque tenés una serenidad no mansa, tenés una serenidad cuestionante, una serenidad dudante, una serenidad preguntante, inventemos todas las palabras posibles, es muy inspirador, yo creo que la duda en la pregunta y en el cuestionamiento nace lo mejor. Así que es un placer charlar con vos.

— A mí me resultaste también muy inspirador como periodista. Te lo digo de verdad.

— Gracias, gracias.

— Un placer fue el reportaje.

— Vamos juntos al casamiento de Pampita. Tramitá (risas).

ENTREVISTA COMPLETA