Por Guillermo Andino
Por Carolina Prat
Marcela Morelo, una compositora y cantante ya consagrada en el mundo del espectáculo, con hits populares y reconocidos por todos como “Corazón Salvaje”, “Una y otra vez” y “Luna bonita”, dio sus primeros pasos en la música en su Lanús natal –donde comenzó aprendiendo a tocar guitarra clásica e interpretando folklore– viendo tocar a su abuelo el bandoneón. “Lo miraba más allá de las manos y parecía que estaba en otro mundo. Esa sensación única, que reproduzco cuando canto” comenta. Es por eso que desde muy temprano su oído se fue educando y se despertó en ella una vocación que reconoce es su mejor manera de comunicarse con la gente.

“Vivo en un mundo ideal con la música” dice la Morelo que recorrió con guitarra, charango y bailecito, infinidad de escenarios en el país y el mundo. Este año ya estuvo dos veces en España, hizo shows en La Trastienda, grabó con la cantante española Rozalen, con Los Palmeras, celebró el 151 aniversario del pueblo santafesino de Humboldt y pronto estará por Bahía Blanca y Azul.
Intenta hacer memoria y registra como innumerables las actuaciones que hizo con fines solidarios, siempre detrás de la idea de que “la música ayuda a unir a la gente y con una canción se logra alegrarle la vida a alguien” asegura la cantante, que acaba de volver de San Martin de Los Andes donde hizo una presentación a beneficio de la Fundación Puentes de Luz –que apadrinan Virginia Elizalde y Gustavo Bermúdez– para el proyecto “Casa Tuya” que es un hogar permanente para personas con discapacidad.

Años atrás la vida de Marcela Morelo dio un giro inesperado. Pasados los 50 años, y luego de frustrados intentos por ser madre junto a su marido, el productor musical Rodolfo Lugo, llegaron a su vida 3 hermanos que hoy son sus hijos (de 6, 8 y 11 años). “Soy madre como nunca me imaginé que iba a serlo” cuenta con emoción. “Me encontré con mi hija, yo creo en los encuentros, es lo que me pasó en mi vida y sentí que era para siempre”, relata para explicar cómo fue el proceso por el cual primero llegó a su casa y la de su marido, en guarda, una beba de 6 meses, hasta el momento en que –transcurrido el duro parto que impone la burocracia y que duró 3 años–esa niña y sus dos hermanos terminaron siendo sus hijos adoptivos.
Con orgullo cuenta que hoy es una madre feliz, celosa en el cuidado de sus hijos como si estuviera “empollando” como una gallina, y que le cuesta hablar del pasado porque fueron momentos muy crueles e injustos los que atravesaron hasta poder concretar la adopción definitiva de los chicos. ”Como yo vivo en ese mundo que digo que es ideal, haciendo música, la desilusión fue enorme, el dolor físico, destructivo fue enorme” recuerda al evocar lo vivido. Es por eso que Morelo –quien enfrentó hasta un juicio oral y público como en las películas mientras intentaban adoptar– demanda que el sistema legal sea más ágil y amable con los niños que necesitan un hogar y los padres que se ofrecen para brindárselo.
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