
Matías Ola nació en Aguilares, al sur de Tucumán. Se crió en un pueblo del departamento de Orán, al norte de Salta. Vive en el barrio porteño de Barracas, pero desde junio que no visita su casa ni a sus cuatro perros. El mes pasado estuvo en la zona septentrional de Japón. Ahora se encuentra alojado en Dover, una ciudad portuaria al sureste de Inglaterra, el punto geográfico más próximo a la Europa continental. Espera llegar a Calais, el extremo norte francés. No viajará en tren, en avión o en alguna embarcación. Irá con lo puesto: una malla, un gorro y unas antiparras. Nadará el Canal de la Mancha.
El joven quiere unir al mundo nadando sin traje de neoprene. Asumió el desafío de los siete océanos: la versión en aguas abiertas de las siete cumbres -hacer cima en las montañas más altas del mundo-. Nadó el Canal de Catalina en los Estados Unidos y el Estrecho de Gibraltar en España. Probó en el Canal de Molokai en Hawái hasta que ordenaron la cancelación de la travesía por condiciones adversas después de estar 18 horas en el agua. Hace un mes no pudo conquistar el Canal de Tsugaru en Japón: nadó trece horas con un promedio de 46.800 brazadas, pero a cinco kilómetros de atravesar el estrecho, anularon la prueba por fuertes corrientes que habían provocado que durante tres horas Matías nadara sin avanzar.

Ahora está instalado en Dover, esperando el beneplácito de una ventana climática. Un servicio de ferry cruza el Paso de Calais, la distancia más angosta del Canal de la Mancha, en una hora y media. Son 42 kilómetros en línea recta. Matías dice que nadará ocho kilómetros más por voluntad de las mareas. Pretende atravesarlo en menos de once horas, sobre un agua que eleva el mercurio del termómetro a 17 grados (la temperatura promedio del agua en, por ejemplo, el verano de Mar del Plata es de 20 grados).
Hará frío. No tanto como en el glaciar Ventisquero Negro en Bariloche, o como en el Estrecho de Bering, el canal de encuentro entre Rusia y Alaska, donde la temperatura del agua no supera los tres grados. "Fueron condiciones climáticas terribles. Teníamos olas de cuatro o cinco metros. Había mucho frío, pero no solamente lo sentía yo, sino también todo mi equipo", dijo. A veces, su entrenador, Pablo Testa, vomita del mareo sobre el barco que lo secunda durante toda la travesía para orientarlo, hidratarlo, alimentarlo y, en algunos casos, rescatarlo.

Matías nadó con tiburones en Hawái, sufrió decenas de picaduras de medusas y en Japón se revolvió en un mar alterado por una tormenta. De realizar la proeza del cruce del Canal de la Mancha, sería el primer argentino en obtener la Triple Corona de Aguas Abiertas, luego de haber surcado el Canal de Catalinas y la vuelta a la isla de Manhattan. De completar el desafío de los siete océanos, sería el noveno nadador del mundo y el primer sudamericano en hacerlo.
Hasta los 21 años, solo flotaba. Había nacido en Tucumán y criado en Salta en una familia de cuatro hermanos. Su papá, ingeniero dedicado a la industria azucarera, les inculcó a sus hijos la pasión por el deporte, pero Matías había nacido con problemas respiratorios y alérgicos. Le detectaron asma en su infancia. Iba para todos lados con el ventolín y los corticoides. Aprobaba educación física con certificado médico porque no podía correr: siempre le ponían seis. A los 17 años regresó a su provincia, esta vez para instalarse en San Miguel de Tucumán. "No sé cuántas veces me habrán invitado a jugar a la pelota. Pero yo no resistía mucho. Estaba acostumbrado a negarme de las actividades deportivas", reconoció.

"Un día -recordó- me paré enfrente de un club que tenía una pileta de natación. Entré y averigüé: a mis padres les habían dicho que nadar me iba a hacer bien. La primera persona con la que me hicieron hablar fue el entrenador del plantel de natación. En los primeros 25 metros ya tenía el corazón en la garganta". Era 2005, trabaja con sus padres y estudiaba la carrera de agronomía en la universidad. Tenía 21 años cuando la natación le curó el asma. A los seis meses, se convirtió en Nadador Federado Nacional: corría carreras cortas estilo crol. Al año ya organizaba eventos para promocionar la actividad en su provincia: coordinó la visita del atleta olímpico José Meolans para dar su primera clínica en la capital tucumana.
En Tucumán, su proyección estaba cercenada por la infraestructura. No había natatorios que permitieran explotar su carrera: el agua solía estar caliente, sucia o con vapor y tampoco contaba con disponibilidad para entrenarse doble turno. Recibió una invitación para perfeccionarse en el CENARD y se marchó decidido hacia Buenos Aires. Pero a los 26 años se aburrió de la competencia. Se enteró, a raíz del blog Nadando libre del especialista español José Díaz, la existencia de Marcos Díaz, un nadador dominicano que le sirvió de inspiración.

A Díaz también le diagnosticaron asma en su infancia. A los seis años empezó a nadar por recomendación médica. Se convirtió en un eximio nadador de aguas abiertas. Le administraba hielo a las piletas donde entrenaba en su país natal. Se propuso unir los cinco continentes nadando. Matías le seguía la carrera. Vio que usaba un traje de neoprene que solo le liberaba los ojos. Y pensó que él podía hacer lo mismo pero de una manera diferente, más audaz.
Matías Ola es un nadador de aguas abiertas que solo usa malla, gorro y antiparras. Aprendió a tolerar el frío, o lo que él considera como la sensación del frío: "Lo que descubro con mis entrenamientos es que es posible adaptar el cuerpo a la sensación del frío. Mientras más me expongo al frío, mi cuerpo va generando una idea familiar de lo que es esa sensación. Reacciona, produce otra forma de respiración y lo protege. La sensación del shock y del miedo son pasajeras, después te vas acostumbrando". Dijo que disfruta cuando está en el agua.

En sus hazañas, enumera el cruce por la pared sur del Glaciar Perito Moreno, una distancia de 1,8 kilómetros, sin traje de neoprene y en apenas 17 minutos, y presume de ser el primer argentino en nadar el Lago Baikal en Rusia, el más grande, antiguo y profundo del mundo en una temperatura de siete grados. Nadó, de incógnito y madrugada, junto a la inglesa Jackie Cobell en las Islas Malvinas para blandir un mensaje de paz: con el agua a seis grados cruzaron el Estrecho de San Carlos en menos de tres horas. Nadó, sin trajes de neoprene, por la paz y el medio ambiente, y para unir al mundo desde sus costuras. Unió Punta Macinlay de Argentina con Punta Cabo Peña de Chile sobre el Canal de Beagle, Asia con Europa en Turquía cruzando el Bósforo de Estambul, Eurasia con América nadando el Estrecho de Bering, Europa con África atravesando el estrecho de Gibraltar, Asia con Oceanía sobre el mar de Bismark y Asia con África por el golfo de Aqaba. En 2015 concluyó su objetivo de unir a nado a los cinco continentes entre diez países y dos años después inició su desafío por los siete océanos.
"Todos los nadadores usamos nuestras travesías y nuestro esfuerzo para lograr algo. Tengo amigos españoles que, por ejemplo, nadan para fundaciones que luchan contra enfermedades. En mi caso particular, lo hago para fomentar la inclusión social a través del deporte. Quiero que mi provincia genera un cambio en términos de infraestructura deportiva en la natación", contó en diálogo con Infobae. Su propósito es que la natación se convierta en un deporte inclusivo: brega para que haya más piletas y mayor accesibilidad a la práctica. En 2015 fundó la ONG Swim Argentina para promover este cambio de paradigma.
El coordinador de la travesía le dijo que la ventana climática del Canal de la Mancha podría abrirse el domingo. El año próximo volverá al Canal de Molokai en Hawái y al Canal de Tsugaru en Japón para completar lo que las corrientes interrumpieron. Para 2021 le quedan las travesías más difíciles: el Canal del Norte en Irlanda y el Estrecho de Cook en Nueva Zelanda, donde la temperatura del agua desciende a doce grados. Pero antes, en marzo de 2020, sueña con cruzar ida y vuelta el Río de la Plata desde Ensenada hasta Colonia: planea hacer los cien kilómetros de ruta en menos de 36 horas. La natación le enseñó que nunca hay que dejar de intentarlo.
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